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Más allá del Consenso de Washington

Por Hazel Henderson*

Urge un cambio. La actual globalización económica es ya inestable y podría terminar en una depresión global, como la de los años 30. Los participantes en los Diálogos de la Tierra además lanzaron duras críticas a organismos financieros multilaterales y a la OMC.

LYON.- El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) fueron objeto tanto de rigurosas críticas como de reiteradas recomendaciones para que cambien sus políticas durante los “Diálogos de la Tierra”, un encuentro para humanizar la globalización celebrado hace poco en Lyon, Francia.

Más de mil delegados de todo el mundo -parlamentarios, diplomáticos, dirigentes empresariales, académicos y líderes cívicos- participaron en dicha cita, organizada por Mijail Gorbachov, ahora presidente de la Cruz Verde Internacional, y por Maurice Strong, secretario general de la Cumbre de la Tierra realizada en 1992 en Río de Janeiro.

Funcionarios del Banco Mundial, el FMI y la OMC escucharon las duras críticas de Ann Pettifor, de Jubilee, organización que realiza campañas a nivel mundial para el alivio de la deuda externa, y de Jean Luc Cipiere, de ATTAC, un grupo que aboga por la aplicación de impuestos a las transacciones monetarias a fin de aliviar la pobreza.

Thomas Dawson, del FMI, y Kristalina Georgieva, del Banco Mundial, admitieron las muchas culpas y equivocaciones de sus respectivas instituciones y subrayaron que se están llevando a cabo reformas para corregir los errores.

En cambio, el vicedirector de la OMC, Paul Henri Ravier, se mostró obstinado. Después de afirmar que por su condición de cuerpo intergubernamental la OMC no está obligada a
tratar con la sociedad civil y que no tiene competencia en cuestiones ambientales, Revier dejó la mesa redonda sobre reforma de las instituciones financieras internacionales.

Esa actitud fue muy negativa, puesto que la OMC podía haber sacado provecho de los razonables argumentos expuestos por sus críticos. Ellos demostraron cuanto más positivas del punto de vista social y ambiental podrían ser las normas de la OMC si adoptaran el sistema de valoración de precios a costo total y una estimación del PIB corregida para incluir los costos externos, el capital social y los bienes ecológicos. Si todo el comercio mundial en bienes fuera calculado con estos sistemas revelaría que, generalmente, el comercio local y regional es el más eficiente.

Hubo además en Lyon una propuesta para permitir a los países fuertemente endeudados declararse en bancarrota adaptando una ley de Estados Unidos que permite la quiebra de los municipios para mantener en funcionamiento todos los servicios públicos y sociales. El FMI ya no se opone a esas propuestas después de su participación en la crisis financiera de Argentina.

Otras propuestas incluyeron la aplicación de impuestos a las transacciones monetarias, a los combustibles, a las emisiones de gas carbónico, a las ventas de armas, etcétera, a fin de obtener fondos públicos para la salud, la educación y la protección del ambiente.

Los países en desarrollo fueron instados a ayudarse a sí mismos mediante la diversificación de sus reservas monetarias, por ejemplo, acudiendo al euro para evitar una excesiva dependencia con respecto al dólar, dado que su deseo de obtener dólares simplemente conduce a su actual supervaloración (alrededor de 15 por ciento) y ayuda a precipitar las crisis en países cuya moneda está atada a la divisa estadounidense, como Argentina.

Estas dos fuertes monedas podrían quizás moverse hacia la paridad y podrían estar vinculadas entre ellas, ofreciendo así una nueva situación de estabilidad financiera global.

Se necesita desesperadamente un cambio. La actual globalización económica, resultado de la desregulación, las privatizaciones y la ampliación de los mercados de la década del 80, es ya inestable y podría terminar en una depresión global, como la de los años 30.

La globalización no puede continuar sin un nuevo marco de pautas éticas, de valores, de normas, de tratados y de regulaciones para proteger los bienes comunes de la humanidad.

Muchos de los participantes en los Diálogos de la Tierra destacaron la necesidad de crear nuevas instituciones a escala mundial para encauzar a los procesos de globalización. Gravar con impuestos la explotación comercial de los recursos naturales comunes podría servir para suministrar servicios públicos globales, así como para proteger los derechos humanos, las pautas laborales y las culturas tradicionales.

Porque es claro que el viejo modelo de desarrollo del "Consenso de Washington" se ha visto desacreditado después de las crisis en Asia, Rusia, Turquía y Argentina y del ensanchamiento mundial de la brecha de la pobreza.

Esto sin mencionar el escándalo de la empresa energética Enron y otros por el estilo.

(Copyright IPS)

* Hazel Henderson es economista estadounidense, autora de "Beyond Globalization, Shaping a Sustainable Global Economy" (1999), y coautora de los indicadores de calidad de vida Calvert-Henderson.




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Crédito: Fabricio Van den Broeck
 
Crédito: Fabricio Van den Broeck