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AFRICA: G-8 defrauda a gobernantes del continente
por Mark Bourrie

OTTAWA, jun (IPS) - La asistencia para Africa aprobada por el Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos del mundo no satisfizo a los gobernantes del continente, que esperaban más ayuda, basados en promesas del primer ministro anfitrión de la cumbre, el canadiense Jean Chrétien.

El gobernante canadiense había asegurado a pares africanos que la prioridad de la cumbre del G-8 sería un acuerdo sobre la Nueva Sociedad para el Desarrollo Africano (NEPAD, por sus siglas en inglés), impulsada por gobernantes de Africa, que implica la transferencia a ese continente de 64.000 millones de dólares.

Pero la cumbre se concentró en la propuesta alemana y británica de apoyar un plan ruso de desmantelamiento de armas nucleares, en el pedido de sustitución del gobernante palestino, Yasser Arafat, lanzado por el presidente estadounidense, George W. Bush, y en la crisis de la firma de seguros estadounidense WorldCom.

La reunión del G-8, integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia, se realizó el 26 y 27 de junio en el occidental complejo turístico canadiense de Kananskis, ubicado en montañas cercanas a la ciudad de Calgary, con un fuerte dispositivo militar de seguridad.

Los principales defensores de la NEPAD, el nigeriano Olusegun Obasanjo, el argelino Abdelaziz Bouteflika, el senegalés Abdoulaye Wade y el sudafricano Thabo Mbeki, asistieron como invitados a sesiones del jueves, al igual que el secretario general de la Organización de las Naciones unidas, Kofi Annan.

La NEPAD ofrece democratización y estabilidad en Africa, garantizado por mecanismos de contralor entre sus países, a cambio de apertura comercial y aumento de la asistencia y la inversión en infraestructura por parte del mundo industrializado.

El G-8 acordó aportar 1.000 millones de dólares más a la iniciativa lanzada en su cumbre de 1999 para aliviar la deuda externa de los países más pobres, y eso alentó esperanzas africanas, que se vieron defraudadas al día siguiente.

Estados Unidos y Japón bloqeuaron la propuesta africana de que la mitad de los incrementos de asistencia al desarrollo del G-8 se destine a Africa.

Los integrantes del G-8 declararon que 12.000 millones de dólares ”podrían ser destinados a naciones africanas gobernadas en forma justa”, pero cada Estado miembro decidirá por sí mismo la distribución de asistencia al desarrollo de Africa.

Más de 650 millones de habitantes de Africa subsahariana sobreviven con menos de un dólar por día, y la expectativa de vida en la región es la menor del mundo, mientras la decreciente participación africana en el comercio mundial es en la actualidad menos de dos por ciento.

Otros flagelos que afectan al continente son el extendido analfabetismo y la devastación causada por la pandemia de sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida).

De todos modos, los gobernantes africanos no se fueron de Kananaskis con las manos vacías.

El primer ministro británico, Tony Blair, anunció que su país habrá triplicado en 2006 su asistencia al desarrollo africano, que llegará a 2.200 millones de dólares, y aseguró que impulsará el libre comercio del mundo industrializado con Africa y el de los países africanos entre sí.

Canadá prometió, por su parte, apoyar la NEPAD con 500 millones de dólares.

El Plan de Acción para Africa aprobado por el G-8 tiene similitudes con la NEPAD, aunque implique una menor transferencia de recursos.

El apoyo al desarrollo africano se condiciona a resultados en materia de gobernancia, imperio de la ley y política económica, con énfasis en la reducción de la corrupción, la pobreza y las violaciones de los derechos humanos, que serán evaluados mediante un sistema de contralor entre los propios beneficiarios.

Se anularán 19.000 millones de dólares de la deuda de los 22 países del continente que aplican ”políticas económicas sensatas y buena gobernancia”, y eso implica un alivio total de 30.000 millones, o sea dos tercios del total africano, si se suman anteriores medidas en la materia.

El G-8 prometió apoyar los esfuerzos africanos para combatir el tráfico de armas, remover minas, resolver numerosos conflictos armados en el continente y cortar el vínculo entre esos conflictos y la explotación de recursos naturales, entre ellos los yacimientos de diamantes.

También se comprometió a respaldar programas de educación, con la meta de lograr pleno acceso a enseñanza primaria en 2005, de promoción del respeto de los derechos humanos y la igualdad de género, de combate a la corrupción y de lucha contra el sida.

Antes de la cumbre, Washington había anunciado que aportaría 500 millones de dólares a campañas de tratamiento y control de esa enfermedad.

”Establecimos compromisos, y confiamos en que habrá desempeños positivos de nuestra parte y de la del G-8”, comentó Obasanjo.

”La declaración del G-8 es un triunfo de gobiernos escépticos como el estadounidense, que no desean participar en esfuerzos colectivos, sino brindar apoyo unilateral a programas de educación y salud”, opinó el activista keniata Irungu Houghton, de la organización humanitaria ActionAidUSA, con sede en Washington.

Los países industrializados ”aceptan la revisión entre pares para los gobiernos africanos beneficiarios, pero reivindican el unilateralismo para sí mismos”, añadió.

”Cuando Bush visite Africa en 2003, encontrará un continente en el cual 3,75 millones más de personas se habrán empobrecido debido a la sinergia de malas políticas económicas locales y un régimen hostil de comercio internacional”, añadió.

El G-8 acordó el jueves aportar 20.000 millones de dólares durante los próximos 10 años al desmantelamiento de armas nucleares, biológicas y químicas rusas, con el argumento de que podrían caer en manos de terroristas si no se dispone de ellas en forma adecuada, y a cambio de la supervisión del proceso.

También se decidió el ingreso formal de Moscú a la organización, que fue creada en 1975 como Grupo de los Siete y a la cual Rusia asistía desde 1994 como país invitado.


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