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BRASIL: Sociedad civil combate el hambre
por Mario Osava

RIO DE JANEIRO, jul (IPS) - El hambre es aún una llaga en Brasil, pese al gran crecimiento de la producción agrícola y de programas de reducción de la pobreza, varios de los cuales son llevados adelante con gran éxito por organizaciones de la sociedad civil.

El gobierno de Fernando Henrique Cardoso asegura que existe disponibilidad de alimentos suficientes para la población del país, pero 13 por ciento de los casi 170 millones de brasileños viven en la indigencia, por no contar con ingresos suficientes para alimentarse.

Pero las organizaciones reunidas en el no gubernamental Foro Brasileño de Seguridad Alimentaria calculan que las personas con problemas de alimentación superan los 40 millones, si se suman los pobres que deben destinar parte de sus escasos recursos para satisfacer otras necesidades básicas.

La movilización de la sociedad civil en las últimas dos décadas logró mitigar el hambre o sus efectos a través de proyectos de distintas características.

Un ejemplo de ello es la Pastoral de la Niñez, una entidad de la Iglesia Católica que fue postulada por el gobierno brasileño para el Premio Nobel de la Paz, en reconocimiento de la amplitud y los resultados de su trabajo, originalmente destinado a reducir la mortalidad infantil.

La Pastoral de la Niñez actúa en 64 por ciento de los 5.560 municipios del país, en especial en los barrios más pobres, con un plantel de unos 153.000 voluntarios para atender mensualmente a casi 1,7 millones de niños de hasta seis años.

El coordinador de políticas públicas de la Pastoral, Clovis Boufleur, dijo a IPS que ese grupo católico es ”la mayor organización mundial de movilización comunitaria para acciones básicas de salud”.

En las comunidades asistidas, pese a que son las más pobres y vulnerables de Brasil, se registró una mortalidad infantil de 13 por mil nacidos vivos el año pasado.

El último dato de mortalidad infantil en todo el país proporcionado por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia indica que en 1999 fue de 34,6 por mil niños nacidos vivos.

El éxito de la Pastoral se debe principalmente a que sus acciones centrales están dirigidas a informar y orientar a las madres y embarazadas, a estimular el amamantamiento, el control de diarreas y de las enfermedades respiratorias, además del uso de medicamentos caseros y de la vacunación de los recién nacidos.

Además, la organización católica extendió en sus 19 años de vida su acción en busca del aumento de ingresos de los sectores pobres, a través de planes que atienden las realidades y demandas locales, la alfabetización de adultos, asistencia a los ancianos y la difusión de información por una red de 1.343 radios.

Una de las innovaciones de la organización católica es la ”multimixtura”, una harina rica en proteínas y vitaminas elaborada con desechos o fuentes desestimadas, para enriquecer la comida usual de los pobres.

Ese producto fue diseminado por las comunidades del país, con lo cual se logró prevenir o superar la desnutrición en muchas áreas.

Pero la seguridad alimentaria exige un conjunto de acciones complementarias a las iniciativas de la sociedad civil en favor del derecho a la alimentación, observó Clovis Boufleur.

El gobierno tiene que cumplir su parte, que es la fundamental, de impulsar políticas que aseguren la producción suficiente de alimentos y el acceso de la población a ellos, añadió.

Esa acción gubernamental debe incluir la redistribución de la tierra y la financiación de la agricultura familiar, cuya producción se destina al mercado interno y no a la exportación como las grandes haciendas, apuntó.

El coordinador de políticas públicas de la Pastoral de la Niñez indicó que, además, hace falta legislar y adoptar otras medidas de protección al consumidor para que garanticen la calidad de la alimentación a todos.

También hay que considerar los factores internacionales, como la deuda externa y el comercio desfavorable, que contribuyen al hambre tanto de Brasil como en otros países pobres, destacó.

Opinó que es indispensable la acción conjunta de gobierno y sociedad para reducir el hambre. Los foros intersectoriales y la unión de instituciones del gobierno, universidades, organizaciones no gubernamentales y otras entidades sociales, son todos instrumentos necesarios.

Algunos estados ya constituyeron Consejos de Seguridad Alimentaria muy activos, señaló Boufleur.

Los brasileños ganaron conciencia de la gravedad del problema y la necesidad de combatirlo gracias a otra iniciativa no gubernamental, denominada Acción de la Ciudadanía contra el Hambre y la Miseria, por la Vida, lanzada en 1993 por el sociólogo Herbert de Souza, un carismático líder social, muerto en 1997.

El llamado de Souza movilizó a millones de personas y empresas, organizadas en núcleos por todo el país para recolectar alimentos y distribuirlos entre las familias más pobres.

El movimiento se hizo menos multitudinario algunos años después, pero sobrevivió con las campañas de ”Navidad sin hambre”. A fines del año pasado se distribuyeron canastas de alimentos a casi 400.000 familias.

Estudios gubernamentales indican un fuerte retroceso de la cantidad de víctimas del hambre y la desnutrición en los últimos años, producto del control de la inflación y de varios programas oficiales, como ”becas” de alimentos a escolares y a millones de familias pobres.

Se asegura, además, la entrega durante 200 días al año de la ”merienda escolar”, una comida que consumen 37 millones de alumnas de la enseñanza básica.

Una distorsión de esos programas es su concentración en los niños y niñas en edad escolar, de siete a 14 años, y no a los de cero a seis años, que suman cerca de 16 millones, criticó Boufleur.

La caída de la mortalidad infantil y de la desnutrición se deben a mejoras económicas y a políticas gubernamentales, pero también a una mejor información de la población y a la acción del llamado tercer sector, evaluó el director del Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos, Francisco Menezes.


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