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De Río a Johannesburgo

Por José Goldemberg*

Arabia Saudita, uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, se opone a la iniciativa de energía verde que Brasil llevará a la cumbre Río+10, con el respaldo de América Latina y el Caribe.

La Cumbre de la Tierra Río 92 fue una de las más grandes celebradas por la ONU en los años 90, y la más exitosa. Participaron más de 100 jefes de Estado y de gobierno sus resultados fueron las convenciones sobre cambio climático y biodiversidad, y la no obligatoria Agenda 21.

Pero la implementación no fue tan fácil, y el pragmático Protocolo de Kyoto, nacido de la Convención sobre Cambio Climático, fue el único resultado concreto de Río 92.

Según ese protocolo, los países industrializados deberían reducir sus emisiones de gases que causan el cambio climático, originadas fundamentalmente en la quema de petróleo y carbón.

Pero el tratado no obliga a los países en desarrollo, y esa es la principal objeción esgrimida por Estados Unidos.

La razón de estos fracasos es que en las conferencias de la ONU todos los países, grandes o pequeños, tienen voto, y han desarrollado el hábito de adoptar resoluciones por consenso. Un pequeño país como Tuvalu o Madagascar puede vetar una decisión, aun cuando todos los demás estén de acuerdo.

Sin embargo, existe un gran esfuerzo en marcha para "salvar" el Protocolo de Kyoto. La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible (CMDS), que se llevará a cabo en agosto en Johannesburgo –adecuadamente llamada Río+10— es la instancia en la que podría producirse este logro, aunque la agenda de la CMDS incluye otras cuestiones relativas al desarrollo sustentable.

Pero el proceso preparatorio, cuya última ronda se celebró en junio en Bali, Indonesia, no marcha bien, y la principal razón es la negativa de Estados Unidos y los países productores de petróleo a aceptar compromisos y metas cuantitativas, más allá de las contenidas en la Declaración del Milenio, adoptada por la ONU en 2000.

En este contexto nació la propuesta de energía de Brasil, que prevé la adopción de una meta (1) para elevar a 10 por ciento la participación de fuentes renovables en el suministro energético mundial para 2010.

Tal como se esperaba, Arabia Saudita (uno de los principales exportadores de petróleo) se opuso a esta iniciativa, que tuvo una gran aceptación internacional pues está en línea con las directivas de la Unión Europea, entre otros.

Se trata de una propuesta creativa, que introduce las fuentes renovables en la matriz energética de todos los países, lo que reduciría automáticamente las emisiones de dióxido de carbono, pero también mejoraría la diversidad de los mercados de abastecimiento de energía, aseguraría el suministro energético sustentable a largo plazo, reduciría las emisiones atmosféricas locales y globales, crearía empleos en las comunidades rurales, ofreciendo posibilidades para la producción local y redundaría en un abastecimiento más seguro, al eludir las importaciones características del suministro de combustibles fósiles, ayudando a aliviar la deuda externa de los países.

Aún hay esperanza de que el Protocolo de Kyoto llegue a implementarse en Johannesburgo, pero lo harán los países que lo ratificaron, dejando de lado a Estados Unidos, Australia y Canadá.

La alternativa puede ser la adopción de la iniciativa brasileña de energía, incluida entre corchetes (sin consenso) en el texto discutido en la reunión de Bali, y que permitiría abrir el mercado para el comercio de certificados de energía renovable.


(1) La meta se refiere a formas de energía renovable moderna (ERM). Esto incluye pequeñas centrales hidroeléctricas, energía eólica, solar, geotérmica y marina, y biogás convertido en combustible gaseoso, líquido o electricidad. Estas fuentes constituyen dos por ciento del suministro mundial de energía. En algunos países las ERM contribuyen significativamente al consumo nacional, en otros menos. La propuesta es crear un proceso intergubernamental en la CMDS con la tarea de definir mecanismos (como el comercio de certificados verdes) para alcanzar ese objetivo de manera justa.

* El autor es secretario de Ambiente del Estado de Sao Paulo, Brasil, y responsable de la iniciativa brasileña de energía




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Crédito: Fabricio Van Den Broeck
 
Crédito: Fabricio Van Den Broeck