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José Carlos Carvalho


"Que el petróleo pague por el saneamiento"

Por Mario Osava*

Lo propondrá Brasil en Johannesburgo: un dólar por barril de petróleo para crear un fondo mundial que suministre saneamiento a la población pobre del mundo. No financiaría promesas sino resultados, asegura el ministro del Ambiente de ese país.

RIO DE JANEIRO. El ministro de Ambiente de Brasil, José Carlos Carvalho, expondrá en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible la polémica propuesta de crear un fondo internacional del agua para proveer saneamiento a los pobres del mundo, mediante un impuesto de un dólar por cada barril de petróleo vendido.

La idea, concebida con el presidente de la Agencia Nacional de Agua Jerson Kelman, es la segunda iniciativa contra los intereses petroleros que Brasil defenderá en la cumbre que comienza el lunes 26 en Johannesburgo.

La primera, abrazada por América Latina, pretende elevar a 10 por ciento la participación de fuentes renovables de energía.

El fondo no financiaría la construcción de infraestructura, sino que pagaría a las empresas de saneamiento según la población pobre. "No financiará promesas, sino que pagará por resultados", dicen sus autores.

P: ¿Por qué gravar el petróleo en favor del saneamiento?

R: Se trata, por un lado, de aplicar el principio "el que contamina paga". El petróleo es una de las principales causas de los daños ambientales y todos los que lo consumen, en países ricos o pobres, deben asumir parte de los costos. Por otro lado, la falta de saneamiento es una prioridad en el combate a la pobreza y a la contaminación asociada. Un tercio de la humanidad sufre dificultad extrema para acceder al agua potable, factor de mortalidad y enfermedades.

P: ¿La propuesta excluye al carbón y al gas natural?

R: Se trata de imponer la contribución a todos los combustibles fósiles contaminantes, lo que incluye el carbón mineral. Pero no tenemos una fórmula acabada, sino una idea para abrir la discusión. Además del saneamiento, se podrían aplicar recursos del fondo a la reforestación para absorber carbono y recuperar áreas degradadas.

P: ¿Cuánto representaría esa contribución en dinero?

R: Con la adhesión de todos los países, la recaudación alcanzaría a casi 30.000 millones de dólares anuales. Ese monto podría asegurar agua y saneamiento a los pobres de todo el mundo en menos de 20 años.

P: ¿Cree que es viable la adopción de esta iniciativa?

R: Queremos ponerla en debate. Tendremos que poner en la balanza cuánto cuestan los daños ambientales y los intereses petroleros. Si un proyecto gana el apoyo de potencias como Estados Unidos, Japón y la Unión Europa, la Organización de Países Exportadores de Petróleo no tendría fuerza política para rechazarlo. El fondo beneficiaría a América Latina, Asia y especialmente a Africa. El Mecanismo de Desarrollo Limpio propuesto por Brasil en 1992 en la Cumbre de Río de Janeiro, se convirtió en realidad cinco años después (en 1997) en el Protocolo de Kyoto. Ojalá esta idea tenga la misma suerte.

P: ¿Cuales serán las prioridades de Brasil en Johannesburgo?

R: Asegurar la aplicación y efectividad de los compromisos de Río 92: las convenciones de biodiversidad, desertificación y cambio climático, incluido el Protocolo de Kyoto. Brasil, junto con los demás países de América Latina y el Caribe, propondrá una modificación en la matriz energética mundial. La meta es que en 2010 diez por ciento de toda la energía utilizada en el planeta sea de fuentes renovables.

P: ¿El énfasis en la pobreza por parte de muchos países podría desviar la discusión y hacer fracasar la Cumbre?

R: El combate a la pobreza es una prioridad indiscutible. Pero las soluciones requieren cambios en el orden económico mundial. Los subsidios de los países ricos, que alcanzan la suma astronómica de 400.000 millones de dólares al año, impiden el desarrollo de los más pobres, por falta de acceso a los mercados. No aceptamos alternativas basadas sólo en la filantropía, incluso porque en 1992 se estableció que el aporte de los países industrializados al desarrollo debía aumentar de 0,4 a 0,7 por ciento de su producto interno bruto, pero pasados diez años se redujo a 0,2 por ciento. Además es indispensable una profunda modificación de los patrones de consumo de los países ricos, que tendría efectos directos en el ambiente global.

P: Pero todas estas cuestiones, ¿no conducen en definitiva al callejón sin salida de los desequilibrios Norte-Sur?


R: De eso se trata, de rehacer las relaciones Norte-Sur. Las soluciones implican cambiar el orden mundial que es el origen de todos los problemas. Sin eso, todo es mera retórica.

* El autor es corresponsal de IPS


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José Carlos Carvalho. Crédito: Martín D'Avila
 
José Carlos Carvalho. Crédito: Martín D'Avila