Grandes Plumas
PNUMAPNUD
Edición Impresa
MEDIOAMBIENTE Y DESARROLLO
 
Inter Press Service
Buscar Archivo de ejemplares Audio
 
  Home Page
  Ejemplar actual
  Reportajes
  Análisis
  Acentos
  Ecobreves
  Libros
  Galería
  Ediciones especiales
  Gente de Tierramérica
                Grandes
              Plumas
   Diálogos
 
Protocolo de Kyoto
 
Especial de Mesoamérica
 
Especial de Agua de Tierramérica
  ¿Quiénes somos?
 
Galería de fotos
  Inter Press Service
Principal fuente de información
sobre temas globales de seguridad humana
  PNUD
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
  PNUMA
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
 
Grandes Plumas


El reclamo de los pueblos de la selva

Por Marcos Terena*

La voz indígena no debe escucharse solo como bella poesía, pues contiene verdades que pueden ayudar al equilibrio entre modernidad y tradición, economía y ecología.

RIO DE JANEIRO. Una vez más pueblos y gobiernos de todo el mundo se reúnen en el marco de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para discutir acerca de los progresos en relación al ambiente y la calidad de la vida, diez años después de la conferencia de Río de Janeiro, en 1992. En aquella ocasión, los representantes de diversos pueblos indígenas nos reunimos en la réplica de un hábitat tradicional brasileño, la aldea
Kari-Oca, para debatir sobre cómo contribuir, en base a nuestras experiencias y conocimientos, con la defensa del ambiente y de nuestro futuro común.

Asistieron 750 líderes de los cuatro vientos del mundo. Tratábamos de demostrar al hombre blanco que su forma de construcción del mundo no hace sino aumentar la distancia entre los pueblos, la desconfianza, la inseguridad y, principalmente, la destrucción del ambiente.

Así nació la Carta de la Tierra que los ciudadanos de la selva presentamos durante la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, más conocida como Río 92.

Una carta simple y profunda, que no admite interpretaciones sobre el ambiente sino que prescribe formas de respetarlo y protegerlo.

Todos escucharon el mensaje indígena, aplaudieron, se emocionaron y luego volvieron a sumergirse en sus actividades cotidianas.

Ahora la ONU, preocupada por los errores sistemáticos que continúan generando contaminación, deforestación y pobreza social, así como por la falta de compromiso de los dirigentes de los países ricos, formulan este nuevo llamamiento para enfrentar los mismos problemas que discutimos en Río 92.

No falta análisis sobre el ambiente, sino acciones concretas. Por ello los pueblos indígenas ofrecemos la sabiduría de nuestros ancianos para que el hombre blanco pueda volver a buscar la calidad de la vida.

Reconocemos que en otros sectores cubiertos por la ONU hemos obtenido avances, como la instalación de un Foro Permanente para los Asuntos Indígenas y la Declaración Universal de los Derechos Indígenas, aunque poco progresó la aplicación efectiva de esos derechos en nuestras vidas, como el reconocimiento, la demarcación y la protección de nuestras tierras.

Observamos que, a diferencia de Rio/92, la Cumbre de Johannesburgo se muestra renuente a acoger el espíritu de defensa de la Tierra y de sus pueblos.

Quizás la diferencia reside en una conducción que hace predominar los argumentos tecnológicos a favor del desarrollo material.

Los indígenas sabemos que es difícil para los accionistas de Wall Street y para los ciudadanos de la Unión Europea comprender los valores de nuestros pueblos, que relacionan lo material con lo inmaterial.

Sin embargo, deseamos que nuestra voz no se escuche solo como bella poesía.

Son verdades que pueden ayudar a establecer un equilibrio entre modernidad y tradición, economía y ecología. No se olvide que el asedio de la modernidad ha llegado hasta las más distantes comunidades bajo el imperio de la globalización.

Reafirmamos nuestro derecho de colaborar con el hombre blanco para elaborar una nueva Carta de la Tierra y recomendamos que la Conferencia de Johannesburgo adopte un acuerdo en base a los siguientes puntos:

La preservación de la vida sobre la Tierra requiere un equilibrio entre lo cultural, lo físico y lo espiritual.

La situación de la naturaleza es crítica, es por lo tanto necesario un compromiso individual y colectivo en el marco de un código de conducta ética.

No se deben utilizar los nuevos conocimientos ni los conocimientos tradicionales indígenas para que unos países exploten a otros países o unos hombres exploten a otros hombres.

Las actividades económicas deben realizarse con respeto de las costumbres y manejos sostenibles de la biodiversidad. Se debe asegurar el reconocimiento oficial de los territorios indígenas.

Para favorecer la conservación de la tierra, los bosques y las aguas se deben incrementar las inversiones en la protección del medio ambiente, desestimular las inversiones en el desarrollo de armas nucleares y químicas, así como prohibir la realización de ensayos y aplicaciones de esas armas.

Promover el reconocimiento del derecho indígena a la protección de sus conocimientos tradicionales y de la propiedad intelectual para evitar la biopiratería.

Quizás a nosotros, los pueblos de la selva, se nos considera solamente como los "guardianes de la tierra". Pero nosotros hemos demostrado durante largos siglos que sabemos convivir con la naturaleza.

Por ello, diez años después de la Carta de la Tierra indígena, reclamamos de cara a la Conferencia de Johannesburgo que se nos reconozca el rol de partícipes en la construcción del futuro común a toda la humanidad.

* El autor, indígena de la etnia terena, es miembro del Comité Intertribal y consejero de la Comisión Indígena de la Propiedad Intelectual de Brasil




Copyright © 2001 Tierramérica. Todos los Derechos Reservados