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AFGANISTAN: ONU estudia el impacto ambiental de la guerra
por Katherine Stapp

NUEVA YORK, sep (IPS) - Las guerras que soportó Afganistán desde 1979 dejaron un legado de millones de minas terrestres, aguas contaminadas, bosques arrasados y ciudades sin saneamiento básico, advirtió el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Cinco equipos de científicos del PNUMA e instituciones locales recorren zonas húmedas, montañas y praderas de Afganistán para evaluar su condición ambiental, en lo que constituye el primer estudio de este tipo en el país de Asia central.

Los trabajos de campo y en cinco ciudades (la capital Kabul, la occidental Herat, la oriental Jalalabad, la meridional Kandahar y la septentrional Mazar-e-Sharif) concluirán a comienzos de octubre.

Laboratorios internacionales analizarán muestras de agua, suelos y aire, y a mediados de diciembre se divulgará un informe, explicó Pekka Haavisto, portavoz de la Fuerza de Tareas de la agencia.

La última guerra, lanzada por Estados Unidos y Gran Bretaña en octubre del año pasado contra el régimen fundamentalista Talibán y la red Al Qaeda, aún se prolonga con baja intensidad en varios puntos del territorio.

El gobierno provisorio lucha por mantener a raya a los señores de la guerra que dominan porciones del país, mientras una persistente sequía y el regreso masivo de refugiados agravan la situación humanitaria.

El PNUMA trabaja con otras agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Ministerio de Riego, Recursos Hídricos y Ambiente, establecido como parte del gobierno provisorio.

”El PNUMA considera que un entorno limpio y seguro es prerrequisito para el regreso sin riesgos de refugiados y desplazados, por tanto recuperar el ambiente debería formar parte de las actividades humanitarias posteriores a un conflicto”, opinó Haavisto.

Desde 1979 el país perdió un tercio de sus bosques debido a la guerra, la tala ilegal y el uso de madera para leña. Las seis zonas protegidas que existen cubren apenas uno por ciento del territorio.

Esas reservas son hogar de especies en rápida declinación, como osos, ovejas, diversas aves y leopardos de las nieves. La mayoría de los ejemplares son cazados para servir como alimento o ser vendidos por refugiados o campesinos desesperados por el hambre, según los ambientalistas.

Como el país no tiene industrias, se libró de la suerte de las repúblicas de la antigua Yugoslavia, donde las bombas arrojadas por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1999 sobre fábricas químicas y refinerías de petróleo liberaron un torrente de toxinas en el ambiente.

Los investigadores que trabajan en Afganistán obtuvieron experiencia analizando la situación ambiental en cuatro ”puntos calientes” de las guerras de secesión de la ex Yugoslavia, las ciudades serbias de Bor, Kragujevac, Novi Sad y Pancevo.

La agencia reunió algo más de la mitad de los 20 millones de dólares necesarios para limpiar las sustancias cancerígenas liberadas en esas áreas, y ha estudiado asimismo los efectos del uranio empobrecido empleado en proyectiles utilizados por la OTAN.

Haavisto también condujo un estudio sobre la degradación ambiental en Palestina, cuyos resultados se conocerán en noviembre. Al igual que en Afganistán, el eje de la investigación fue la contaminación del agua, la pérdida de vegetación y el manejo de residuos.

”El incremento de desechos peligrosos, la contaminación de acuíferos cuyas aguas son compartidas y otros daños ambientales en los territorios ocupados (por Israel) amenazan a esta generación y a las futuras, tanto en Palestina como en Israel”, dijo el ministro palestino de Asuntos Ambientales, Yousef Abu Safieh.

El impacto ecológico de la guerra es de diversa índole y puede prolongarse muchos años.

Esos problemas incluyen deforestación en Camboya, desprendimientos radiactivos por las pruebas nucleares en la Polinesia, toxinas persistentes procedentes de armas químicas en Vietnam y residuos peligrosos arrojados deliberadamente en Somalia.

Las minas terrestres son un grave problema en muchas áreas de conflicto.

”Las evaluaciones del PNUMA sobre los efectos ambientales de los conflictos demuestran la importancia de la recuperación ecológica en el proceso de reconstrucción”, dijo el portavoz de la agencia, Michael Williams.

”Si bien los aspectos humanitarios siempre tendrán la mayor urgencia, a largo plazo la reconstrucción debe incluir la rehabilitación del ambiente”, añadió.

Ocasionalmente, los conflictos humanos pueden impulsar la vida silvestre. Por ejemplo, la franja desmilitarizada de 240 kilómetros entre Corea del Norte y del Sur, establecida en 1953, es uno de los pocos lugares vírgenes que sobreviven en ambas naciones.

Según expertos, muchos animales y plantas que se creía extinguidos en la península coreana, han sido hallados allí. Algunos científicos coreanos proponen que la zona desmilitarizada se convierta en el corazón de un santuario natural mayor.


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