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Eucalipto contra viento y marea |
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Por Mario Osava*
Pese a las críticas ambientalistas, la especie exótica está en plena expansión en Brasil, país que lidera la investigación genómica de la planta en la región. El objetivo es lograr árboles más resistentes y productivos.
RIO DE JANEIRO.- Introducido en Brasil hace un siglo, el eucalipto se expande, pese a las críticas ambientalistas, de la mano de los más avanzados estudios genómicos de la región.
Las plantaciones de esta especie exótica, originaria de Australia, se incrementaron en las últimas tres décadas y hoy ocupan más de tres millones de hectáreas.
Brasil pasó de importador a exportador de celulosa, y es ahora el mayor productor mundial de la fibra obtenida del eucalipto. De los 6,3 millones de toneladas de celulosa que produce cada año, la mayor parte se extrae de la planta.
Grupos ecologistas insisten desde los años 70 en que el monocultivo de eucalipto provoca graves daños a los ecosistemas, pero industriales madereros y científicos brasileños apuestan a la alta productividad de la especie y resaltan, incluso, sus bondades ambientales.
Para alcanzar competitividad, fue decisiva la investigación, además de la abundancia de suelos, agua y mano de obra barata.
El género Eucaliptus, de la familia de las mirtáceas, tiene más de 600 especies. El país acumuló en las últimas décadas mucho material genético de las especies con más potencial para el aprovechamiento económico y la adaptación a distintas regiones.
Brasil es el país más avanzado en América Latina en investigación genómica sobre el eucalipto, sólo a la par de Australia y Nueva Zelanda, de donde es nativa la especie.
El proyecto Forests, que concluyó su primera fase a inicios de año, logró elaborar el mapa de 123 mil secuencias de genes de eucalipto, una cantidad limitada, pero que busca identificar genes importantes para la producción.
Forests se realiza a través de una asociación de cuatro empresas con universidades y la Fundación de Amparo a la Investigación del estado de Sao Paulo.
“Ahora se negocia una segunda etapa, que es la de genómica funcional, es decir, el estudio de cómo actúan los genes y sus códigos, con el fin de generar información útil para la actividad productiva”, dijo a Tierramérica Carlos Alberto Labate, investigador de la Escuela Superior de Agronomía de la Universidad de Sao Paulo.
Las conclusiones podrán conducir a árboles más resistentes a la sequía, heladas y enfermedades, y que permitan mayor producción de celulosa o mejoras en la calidad de la madera.
Resultados prácticos de ese tipo de proyecto suelen exigir de cinco a diez años de trabajo.
Un proyecto más amplio, el Genolyptus, involucra una red nacional de siete centros universitarios, 12 empresas y la estatal Empresa Brasileña de Investigaciones Agropecuarias (EMBRAPA).
Con una duración de cinco años, a partir de 2002, Genolyptus intenta descifrar el código genético del eucalipto y comparar las características de varias especies, utilizando también técnicas tradicionales de mejoramiento genético.
El objetivo es identificar áreas del genoma relacionadas sobre todo con la calidad de la madera y la resistencia a plagas.
Se busca, por ejemplo, evitar hendiduras que afectan las maderas aserradas, cuya demanda a través de la industria de muebles empieza a crecer. La oferta de buena madera de eucalipto contribuye a reducir la presión sobre los bosques nativos, acosados por la deforestación, arguyen los industriales.
Sin embargo, el entusiasmo por los hallazgos científicos no convence a los ambientalistas.
“El monocultivo en áreas extensas empobrece la biodiversidad, reduce la disponibilidad de agua superficial y provoca desequilibrios sociales, pues expulsa a los campesinos”, afirmó a Tierramérica el agrónomo José Augusto Tosato, del Centro de Estudios e Investigaciones para el Desarrollo del Extremo Sur de Bahía.
Esta organización no gubernamental recogió numerosos testimonios de campesinos sobre “reducción de la napa freática”, en torno a las grandes plantaciones de las compañías forestales que operan en la región, Aracruz Celulosa y Bahía Sul, relató Tosato.
A juicio del ambientalista, no deberían permitirse plantaciones de hasta 200 mil hectáreas, y debería aplicarse en cambio una zonificación ecológica, que reduzca la densidad y extensión de los monocultivos, además de fomentar corredores de biodiversidad y proyectos de recuperación de bosques nativos.
La zona meridional de Bahía y la septentrional del vecino estado de Espíritu Santo acogieron desde mediados de los años 70 grandes proyectos de producción de papel y celulosa a partir del eucalipto, despertando la reacción de los ecologistas.
La región forma parte de una larga faja costera sobre el océano Atlántico, desde el noreste al sur del país, cuyos bosques conocidos como Mata Atlántica están hoy reducidos a siete por ciento de su extensión original.
En defensa del eucalipto, Rubens Garlipp, superintendente de la Sociedad Brasileña de Silvicultura, a la que están afiliadas 23 empresas del sector, afirmó que la especie se implantó sobre todo en áreas ya degradadas por la extracción de madera, la agricultura y la ganadería.
Estudios científicos indican que la creencia de que el eucalipto “seca el suelo” no tienen fundamento, al menos respecto de las especies cultivadas en Brasil, sostuvo Garlipp.
Las investigaciones brasileñas comprobaron incluso su mayor productividad ante otros cultivos, pues produce 2,9 gramos de madera por cada litro de agua consumida, contra 0,4 a 0,65 gramos de la papa y 1,8 gramos del azúcar.
Además se trata de una reforestación, si bien homogénea, que presenta ventajas ambientales sobre la ganadería, al proteger el suelo de la erosión y posiblemente regularizar la lluvia.
Las empresas avanzaron mucho en planificación y producción integrada, buscando el equilibrio ecológico, porque se trata de una actividad económica a largo plazo, que exige sustentabilidad, argumentó Garlipp.
* El autor es corresponsal de IPS
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