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En el corazón de la ronda

Por Supachai Panitchpakdi*

La reducción de las barreras comerciales aportaría a los países en desarrollo un ingreso adicional de un billón y medio de dólares entre 2005 y 2015. Pero antes es necesario lograr acuerdos sobre temas esenciales, advierte el autor de este artículo.

GINEBRA.- En el mundo de hoy, hay pocos asuntos tan importantes para los países en desarrollo como la Agenda de Desarrollo de Doha, acordada durante la cuarta conferencia ministerial de la Organización Mundial de Comercio (Doha, Qatar, 2001).

Por primera vez, el tema del desarrollo está en el corazón de una ronda comercial global, cuyas negociaciones se extenderán hasta el primero de enero de 2005.

Los países en desarrollo tienen en esta ronda una oportunidad invaluable: lograr un mayor acceso para sus productos, condición vital para la erradicación de la pobreza.

Dicho sencillamente: las grandes oportunidades comerciales ofrecen a estas naciones mayores beneficios que los que proporciona la ayuda para el desarrollo y alivio de la deuda.

Según el Banco Mundial, la reducción de las barreras que obstaculizan las exportaciones de los productos de los países en desarrollo puede aportarles un ingreso adicional de un billón y medio de dólares entre 2005 y 2015, es decir, muchísimo más de lo que reciben en ayuda para el desarrollo.

Cuestiones fundamentales sobre la situación del mundo en desarrollo se debaten en estos días en Sydney, Australia, durante una reunión preparatoria para la conferencia de Cancún, México (marzo, 2003).

Además de la agricultura, estarán en el centro del debate de Sydney tres importantes temas: la cuestión del tratamiento especial y diferencial para los países en desarrollo; las dificultades de los países en desarrollo para cumplir con acuerdos previos de la OMC y el mecanismo para proporcionar medicamentos necesarios para salvar vidas en países que carecen de la capacidad para producirlos.

El tratamiento especial y diferencial y la implementación de los acuerdos son asuntos muy amplios y complejos. Hay propuestas en estas áreas que cubren casi todos los acuerdos de la OMC, desde los subsidios hasta los servicios y los textiles.

Se reconoce ampliamente que los países en desarrollo -sobre todo los más pobres- necesitan flexibilidad en la aplicación de determinadas normas de la OMC. Sin embargo, hay desacuerdo en torno al alcance de tal flexibilidad.

Muchos países industrializados temen que el tratamiento especial se traduzca en eximir a los países en desarrollo del cumplimiento de las normas de la OMC.

Hay países en desarrollo que piensan, en cambio, que el tratamiento preferencial es necesario para poder obtener los beneficios de un sistema que, según creen, no les ha proporcionado todo lo que era de esperar.

El sentido común debe prevalecer en las negociaciones. Los países en desarrollo necesitan presentar propuestas específicas y realistas y las naciones industrializadas deben mostrar comprensión sobre las difíciles circunstancias en las que se hallan algunos de sus colegas más pobres.

El tercer problema -aumentar la disponibilidad de medicamentos necesarios para salvar vidas en naciones pobres- es quizás el más trascendental.

Los ministros reunidos en Doha el año pasado emitieron una declaración que reafirmó la primacía de las políticas gubernamentales para la protección de la salud pública.

Afirmaron que la protección de la propiedad intelectual era importante para el desarrollo de nuevos medicamentos y que el acuerdo sobre propiedad intelectual de la OMC (conocido como TRIPs) "puede y debe ser interpretado y llevado a cabo de un modo respetuoso del derecho de los miembros de la OMC a proteger la salud pública y, en particular, de promover el acceso a los medicamentos para todos".

Este tema ha sido objeto de intensas discusiones y los gobiernos están divididos sobre cuáles países podrían llenar los requisitos para recibir los medicamentos y cuáles pueden proporcionar las medicinas a quienes carecen de la capacidad de producirlas.

Tampoco hay consenso sobre la forma de asegurar que fármacos a bajo costo puestos a disposición de países pobres no sean desviados hacia los mercados de países ricos.

El éxito de las discusiones sobre estos puntos podría inyectar un fuerte impulso a la ronda.

En cambio, un fracaso no sólo agriaría la atmósfera de las negociaciones, sino que también haría aún más pesada la ya compleja agenda para el 2003, cuando los miembros de la OMC deberán tomar decisiones cruciales en materia de agricultura, servicios, solución de disputas, inversiones, competencia y transparencia en las adquisiciones de los gobiernos.

* El autor es Director General de la Organización Mundial del Comercio




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Crédito: Fabricio Van Den Broeck
 
Crédito: Fabricio Van Den Broeck