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Una cuestión de piel |
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Por Carla Maldonado*
Los defensores de los animales en la capital de la moda aseguran que detrás de cada abrigo hay una historia de sufrimiento y muerte. El tema enfrenta a ecologistas con productores de cuero, mientras los diseñadores parecen ajenos al debate.
MILÁN.- Unos seis millones y medio de mujeres italianas tiene uno o más abrigos de piel. Y hay otros 4,3 millones que sueñan con comprar al menos uno por primera vez.
La obsesión por esta prenda sigue condimentando el debate ambiental: en un estado de ánimo dramáticamente opuesto al de las consumidoras, los defensores de los animales insisten en que detrás de cada uno de estos abrigos hay una historia de sufrimiento y muerte.
Italia es el primer fabricante de abrigos y accesorios de piel en Europa : posee cuatro mil empresas pequeñas y medianas, 55 mil 964 empleados y factura dos mil 229 millones de dólares anuales (venta local y en Europa, Asia y Norteamérica).
"La confección en piel es una parte importante de la moda 'made in Italy' y está en crecimiento. Hay muchos controles, se respetan las leyes y la prohibición de utilizar especies en peligro de extinción. En Italia sólo se usan los animales de criaderos para elaborar los abrigos", dijo a Tierramérica Alessandra Dagnino, portavoz de la Asociación Italiana de Peletería.
El visón es una de las principales materias primas para abrigos en Italia. Es la única especie que nace, crece y muere en este país. La nutria, la marmota, el armiño y el zorro son otras valiosas especies, que se importan de los países nórdicos y de Argentina, por un valor de 254 millones de dólares.
"Cada año, en Italia se matan 230 mil animales. Estos viven encerrados en jaulas y enloquecen. Están expuestos al frío, porque así el pelo se endurece y el precio aumenta”, aseguró a Tierramérica Simona Cariati, responsable de pieles de la Liga Antidisección-Lav, la principal asociación en defensa de los animales en Italia.
La activista sostiene que los métodos para exterminar los animales que se usan en la fabricación de abrigos, "son terroríficos, se parecen a los que usaban los nazis con los judíos. Les introducen en cámaras de gas, les electrocutan, les matan a bastonazos o les ahorcan, y después les botan como si fueran basura".
Pero los fabricantes rechazan las acusaciones y aseguran que siguen las normas europeas al pie de la letra (decreto 98/58 sobre el bienestar de los animales y el decreto 93/119 sobre el sacrificio de animales).
"No es verdad lo que dicen. En los criaderos los animales viven bajo cobertizos. No pueden mojarse con la lluvia o asolearse, porque eso cambiaría el color de su pelo. Están encerrados en jaulas que tienen las medidas reglamentarias y están bien alimentados, comen alas y cuellos de pollo. Usamos el óxido de carbón que les hace morir en un minuto, sin sufrir », dijo a Tierramérica Augusto De Nardi, presidente de la Asociación de Criaderos de Animales.
Aún así, en julio de 2001, murieron 20 mil visones en los criaderos italianos. La causa fue el exceso de calor y la deshidratación, según grupos no gubernamentales.
Muchos consumidores ignoran que para confeccionar un sólo abrigo, trabajado a mano durante tres días, se matan 54 visones. Si se desea una prenda hecha de piel de marmota, como las que usa el símbolo de la belleza francesa Catherine Denueve, se requiere sacrificar 200 ejemplares.
Los ambientalistas más pragmáticos promueven un nuevo tipo de pieles: las ecológicas.
A simple vista los abrigos fabricados con estas fibras sintéticas parecen de visón o de marta. Dan la misma sensación de calor que los auténticos y no necesitan someter a suplicios a ningún animal. Su material es lavable a mano, resistente, liviano y menos costoso (desde 170 dólares hasta 900 dólares)
Por todas estas cualidades, los defensores de los animales consideran que la "piel ecológica" representa una alternativa. Para los fabricantes de piel, sin embargo, es una tomadura de pelo.
“La Ley de 1966 prohíbe utilizar esa denominación a algo que no es piel. Es una mentira para el consumidor, el material es de plástico, por lo tanto no es biodegradable”, sostuvo Dagnino de la Asociación Italiana de Peletería. “Es decir, no es piel, ni es ecológica”.
La industria de la moda, entretanto, sigue ajena al debate ambiental. Unos 170 “stilistas” (diseñadores), la mayoría italianos y los más importantes del mundo, como Armani, Fendi, Versacce, Valentino, Gian Franco Ferre, Trussardi y Dolce & Gabbana, crean cada año una colección de abrigos de piel, que incluye chaquetas, chalecos, faldas y carteras.
Sus abrigos recuperan la tradición y el estilo clásico: prefieren el color natural, el largo hasta las rodillas y el corte menos amplio.
Las pieles también se combinan con otros materiales: tela de mezclilla o plumas en el cuello o mangas. El último grito de la moda es el abrigo reversible. Los precios varían, entre 4 mil y 40 mil dólares.
* La autora es periodista y colaboradora de Tierramérica
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