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La ofensiva del imperio

Por Joao Pedro Stedile*

El dirigente del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil analiza en Tierramérica la nueva edición del Foro Social Mundial. Asegura que ocurre "en un momento de creciente militarización" por la ofensiva de EE.UU. contra Irak.

SAO PAULO.- El Foro Social Mundial (FSM) vuelve a establecerse en Porto Alegre, Brasil, entre el 23 y el 28 de enero. Esta tercera edición se realiza en un momento de creciente militarización a causa de la ofensiva económico-bélica emprendida por Estados Unidos y la inminencia de una nueva guerra, ahora contra Irak, y ante el servilismo de los organismos internacionales. Todo esto proyecta consecuencias trágicas para la humanidad.

El FSM ha sido un gran espacio de debate, reflexión y protesta para miles de intelectuales, activistas, dirigentes y ciudadanos que tienen en común su rechazo al neoliberalismo y a todas las formas de opresión.

Los objetivos del gobierno y de las empresas de Estados Unidos son claros: mantener a cualquier precio su poder imperial. La intención es salir de la crisis del capitalismo descargando los costos sobre los pueblos del Tercer Mundo. Y pretenden monopolizar el acceso a las fuentes de energía para su beneficio exclusivo. Quieren recuperar rápidamente sus tasas de ganancia.

Cada vez que el capitalismo ha sufrido crisis prolongadas ha recurrido a la guerra y a la industria bélica para sostener los procesos de acumulación de capital. Ahora, los capitalistas descubrieron que la industria bélica es la única que produce una mercadería especial, que está hecha para autodestruirse y destruir el trabajo acumulado, dejando espacio para nuevas mercancías.

Desde los lamentables episodios de septiembre de 2001, Washington transfirió más de 400 mil millones de dólares a la industria bélica e intensificó su ofensiva en Oriente Medio: asestó la guerra contra Afganistán, alimenta la guerra en los territorios ocupados palestinos y ahora exige un ataque militar contra Irak.

En América Latina, el gobierno estadounidense despliega una política imperial en tres frentes. Primero, financia y sostiene con sus armas la interminable guerra colombiana, que sólo puede tener una salida política. Segundo, busca tender un cerco militar en Sudamérica mediante la instalación de bases. Ya ha puesto sus botas en Ecuador y Bolivia, y ahora lo intenta en Argentina y Paraguay. En Brasil obtuvo un acuerdo para emplear la base aérea de Alcántara pero su legalidad fue denunciada en el Parlamento de Brasilia por considerar ese paso lesivo para la soberanía de ese país.

No satisfecho, el gobierno estadounidense también quiere hacer pasar el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que de libre no tiene nada y no se limita al comercio. Se trata de un plan estratégico concebido para someter el territorio, las riquezas, la economía, las inversiones, la agricultura, las simientes, la cultura, la moneda, los bancos centrales, los servicios públicos y hasta los gastos públicos de América Latina en provecho de las empresas de Estados Unidos.

Detrás de la búsqueda de militarizar el continente y de construir el ALCA se esconde el designio de asegurarse el control ilimitado del petróleo de Venezuela, Colombia y Ecuador, así como de la biodiversidad amazónica y del agua potable que posee esa región. Por ello, Estados Unidos quiere introducir en el ALCA una ley que garantice la propiedad privada de las riquezas biológicas y el control de las patentes de las semillas transgénicas. Quiere también instaurar la propiedad privada no sólo sobre la tierra y los recursos minerales, sino también sobre el agua, que se transformaría en una fuente inagotable de lucro para empresas transnacionales que dominan el mercado.

Pero la ofensiva del gobierno estadounidense en estos frentes ha unificado al movimiento campesino en América Latina, que se está organizando en torno a una ‘Vía Campesina’ y se dispone a entablar todas las batallas posibles para impedir la imposición del ALCA, la regulación de los procesos de producción agrícola por parte de la OMC, así como la instalación de nuevas bases militares foráneas y el desalojo de la ya existentes.

Felizmente, los pueblos están despertando y está por emerger un poderoso movimiento unitario continental contra el ALCA. Y en los recientes procesos electorales celebrados el año pasado los ciudadanos de Ecuador, Brasil y Bolivia votaron en contra del liberalismo y de las propuestas de Estados Unidos. Es posible que lo mismo suceda este año en Argentina y Uruguay.

Esperamos que el FSM sea un espacio privilegiado para intercambiar ideas entre todos los movimientos sociales y los grupos de intelectuales y académicos para crear una gran unidad continental y mundial contra la ofensiva imperialista.

(Copyright IPS)

* El autor es dirigente del Movimiento de los Sin Tierra (MST) y de Vía Campesina-Brasil, miembro del comité organizador del FSM




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