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El camino hacia Cancún

Por Germán A. de la Reza *

Cancún y Puebla serán sede este año de las negociaciones de la OMC y del ALCA, que van a buen ritmo. Pero, ¿dónde está la agenda latinoamericana? En ambos casos se esperan acuerdos definitivos antes del 1 de enero de 2005...

CIUDAD DE MÉXICO.- Los avances en la apretada agenda negociadora de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), sugieren que el fracaso de Seattle, las movilizaciones de la sociedad civil y los efectos de fragmentación del 11 de septiembre de 2001, no han sido suficientes para debilitar el apetito de los países industrializados por las reformas globales.

En sólo doce meses, la OMC dio inicio a la primera etapa de las negociaciones ordenadas por la Reunión Ministerial de Doha en noviembre de 2001 y sus grupos de trabajo elaboraron gran parte de la agenda de la Reunión Ministerial de Cancún, México, en marzo de 2003.

Por su parte, el Comité de Negociaciones Comerciales del ALCA dio a conocer en noviembre de 2002 en Quito, Ecuador, el segundo borrador del Tratado y procedió al traslado de las negociaciones a Puebla, México, sede de la etapa final de la creación del acuerdo hemisférico.

En ambas instancias se espera arribar a acuerdos definitivos antes del 1 de enero de 2005, previsión alentada por la aprobación de la autorización al gobierno de Estados Unidos para negociar acuerdos comerciales, la cual ya permitió en diciembre de 2002 la firma del Tratado de Libre Comercio con Chile, el primero que suscribe la potencia del Norte desde 1994.

Sin embargo, el impulso dado a este proceso no necesariamente implicó un progreso en las posiciones de los países en vías de desarrollo, en particular de América Latina. El balance de tres de sus demandas respalda esta afirmación.

El tema tradicional de la agenda latinoamericana, la reducción de los subsidios a la agricultura, todavía no cuenta con un entorno favorable en la OMC ni en el ALCA. Ante este hecho, los representantes de la región resolvieron vincular el avance en este tema al desarrollo de las negociaciones en la OMC. A pesar de esto, y sobre todo porque la Unión
Europea no prevé un mandato claro para desbloquear el tema de la agricultura en la OMC, es casi seguro que las negociaciones en una y otra instancia estén paralizadas durante el 2003 o que se limiten a definir las alternativas al incumplimiento de los países industrializados de los acuerdos anti-subsidios que se remontan a la Declaración de la Ronda Uruguay de 1994.

Otra de las preocupaciones mayores de América Latina, el proteccionismo del sector de textiles y vestimenta, podría tener un desenlace ligeramente distinto. En el marco del ALCA se esperan modestos avances condicionados a la adopción del mecanismo de reglas
de origen propuesto por Estados Unidos, que busca forzar a los exportadores latinoamericanos a fabricar prendas de vestir con insumos estadounidenses.

Es probable que en la OMC este tema no registre desarrollos significativos en el cumplimiento de los programas de reducción de cuotas aprobadas en 1994, con la salvedad de que la reciente admisión de China, el mayor y más competitivo exportador de textiles del mundo, contribuya a la modificación de la relación de fuerzas.

La tercera y más antigua demanda latinoamericana, el reconocimiento del menor desarrollo con el fin de aligerar sus compromisos en materia de liberalización, no presenta mejores perspectivas.

La reducción arancelaria, según han observado decenas de estudios, le impone al mundo en desarrollo un esfuerzo productivo y fiscal sin precedentes, ya que tiene que igualar el promedio arancelario de los países industrializados (5 por ciento) partiendo de un nivel tres veces más elevado (15 por ciento). Esto, sin que por ello se garantice el acceso de sus bienes a los mercados mayores, protegidos por los sistemas de cuotas, el frecuente recurso a las medidas anti-dumping o a las reglas de origen estrictas, los excesivos controles fitosanitarios y una barrera emergente, que la Unión Europea desea se constituya en uno de los temas centrales de la OMC: los requisitos medioambientales vinculados al comercio.

La principal facilidad otorgada a los países de menor desarrollo en el ALCA y la OMC, los calendarios de desgravación más prolongados, aparece en este contexto falto de significado en razón del aumento o la permanencia del proteccionismo en los productos que en ocasiones son esenciales para su oferta exportadora.

Una segunda facilidad, la asistencia técnica, revela indirectamente el estrecho margen de maniobra de los países más pobres. Este apoyo busca resolver las muy reales limitaciones de los países para hacer frente a la complejidad y variedad de los temas de negociación. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) viene de crear en el hemisferio un programa de seminarios de asistencia técnica para las delegaciones de Centroamérica, el Caribe, la Comunidad Andina y el Mercado Común del Sur que atienden las negociaciones del ALCA y la OMC.

Sin embargo, aunque su necesidad es incuestionable, no se entiende cómo el adiestramiento técnico permitirá enfrentar por sí solo la negativa de las economías industrializadas a abrir sus mercados y, menos aún, de qué manera facilitará la tarea de los gobiernos que tienen que explicar a sus sociedades al borde del colapso económico las razones de la participación en un proceso inequitativo.

Más aún, dado que los programas de asistencia intervienen en la fase final de ambos procesos y que, por lo tanto, su impacto habrá de ser modesto, cabe preguntarse si estas acciones no están motivadas tan sólo por el deseo de apuntalar el maltrecho andamiaje de la globalización, así sea sobre cimientos de barro.

* El autor es economista mexicano, especialista en integración económica y asesor de negociaciones comerciales. (Derechos reservados IPS)




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Crédito: Fabricio Van Den Broeck
 
Crédito: Fabricio Van Den Broeck