 |
|
|
Un huerto saludable |
|
Por Patricia Grogg*
Tomate, jengibre, brócoli
y orégano son algunos de los alimentos libres de agroquímicos
que ofrece la floreciente agricultura orgánica de Cuba.
LA HABANA.- El cultivo
orgánico de hortalizas, hierbas aromáticas y especias
es el programa más desarrollado de la agricultura urbana,
y alcanzó en 2002 una producción total de tres millones
de toneladas.
Un avance notable si se considera que en 1994
el sector sumaba apenas cuatro mil 200 toneladas.
Pero la producción de la huerta ecológica,
sin uso de productos químicos para controlar plagas y fertilizar
el suelo, se destina de momento al consumo interno, a diferencia
del azúcar o el café orgánicos, que ya tienen
un espacio en mercados europeos.
Exportar productos orgánicos requiere
certificaciones internacionales con costos relativamente altos para
los pequeños agricultores.
Para probar fuerzas, un grupo de cultivadores
que logró mayores rendimientos en predios de La Habana comenzó
a colocar este año una parte de sus cosechas en el sector
turístico.
"Vamos a vender directamente a los hoteles.
Por ahora, la divisa que obtengamos será para mantener y
mejorar las tecnologías de cultivos", dijo a Tierramérica
la agricultora habanera Olga Oye Gómez, de 42 años.
Oye Gómez cultiva, entre otras, tres
variedades de lechuga, tomates cereza, acelga, apio, berro, puerro,
espinaca, albahaca, perejil, hierba buena, orégano y jengibre.
En los predios urbanos se planta col, brócoli, coliflor y
mucho más.
Entre las técnicas que se aplican, se
encuentra el desarrollo de grandes invernaderos, o casas de cultivo
protegidas con vinilo, que permiten lograr hortalizas en cualquier
temporada.
"Así podremos ofrecer tomate en
julio y agosto, los meses más cálidos del verano"
boreal, explicó Oye Gómez.
La agricultora labora una parcela de media
hectárea que el Estado cubano le cedió en 1985, bajo
el compromiso de trabajarla.
En 2002 obtuvo un rendimiento de 25 kilogramos
de hortalizas por metro cuadrado, que espera elevar este año
a 27 kilogramos por unidad.
Se estima que la productividad promedio de
los cultivos orgánicos de vegetales oscila entre 18 y 20
kilogramos por metro cuadrado.
Oye Gómez forma parte de una cooperativa
de créditos y servicios, que agrupa a unos 160 pequeños
agricultores privados de la periferia capitalina, que le facilita
el acceso a asesoramiento técnico sobre métodos ecológicos
de labranza.
"Esto era un terreno pedregoso, porque
está cerca de la costa, pero le fuimos incorporando mucha
materia orgánica para convertirlo en lo que es hoy, una tierra
fértil y de muy buenas condiciones", señala.
De su huerto recoge lechugas en pleno verano
mediante una técnica que consiste en sembrar los plantines
en cepellón (pella de tierra adherida a sus raíces)
y trasladarlos luego a un suelo rico en materia orgánica
que se riega 2 veces al día.
La reducción de la distancia de siembra
entre una planta y otra y el uso de preparados biológicos
para controlar plagas completan la receta para obtener "una
lechuga de alta calidad, con buen sabor y textura", explica.
A cambio de fertilizantes químicos,
Oye Gómez usa humus de lombriz, cachaza (residuo de la caña
de azúcar), o estiércol de vaca y gallina. Los plaguicidas
que aplica también son naturales.
Los precios para los productos orgánicos
en el mercado internacional son competitivos y estimulantes para
este tipo de agricultura, inocua para la salud humana y concebida
para no alterar gravemente el ambiente y preservar los suelos.
Según el economista cubano Armando Nova,
los precios de frutas y hortalizas ecológicas en países
de la Unión Europea son entre 60 y 70 por ciento superiores
que las cultivadas con agroquímicos.
Sin embargo, en el mercado interno cubano los
precios de unas y otras son similares. "Pero sí hay
diferencia en calidad, porque nuestras hortalizas van directamente
del cantero al puesto de venta y llegan siempre frescas",acota
Oye Gómez.
La agricultura urbana practicada en pequeños
predios familiares cobró especial impulso como alternativa
a la crisis económica y el desabastecimiento que afectó
a Cuba tras la disolución de la Unión Soviética,
en 1991.
La labranza orgánica en pequeños
predios ciudadanos da empleo a 326.000 cubanos en una población
de 12 millones de habitantes.
* La autora es corresponsal de IPS
De nuestros archivos
|