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¿Derecho a respirar cada tercer día?

Por Pilar Franco*

"No hemos logrado incorporar la conciencia ecológica en nuestros haberes cotidianos", advierte el escritor mexicano Carlos Monsiváis en diálogo con Tierramérica. La gente suele preocuparse mucho por sus hijos, pero no tanto por el ambiente en que les tocará vivir, agregó.

MÉXICO.- Muchos en México coinciden en que es imposible categorizar al escritor Carlos Monsiváis, pero él se define a sí mismo como “un lector”.

Sin embargo, su participación activa en casi todo movimiento cultural, social o político de este país le confiere el papel de testigo privilegiado de la historia contemporánea. Entre todas sus facetas, su labor de analista y crítico implacable ha convertido a Monsiváis en una referencia obligada.

“Vivimos como si las generaciones futuras sólo tuvieran el derecho a respirar cada tercer día”, dijo a Tierramérica el Premio Internacional de Ensayo Anagrama 2001 al referirse a las secuelas que suelen dejar los conflictos bélicos en el medio ambiente.

El también periodista, nacido en la capital mexicana en 1938, ha escrito gran cantidad de títulos sobre poesía y los más variados temas de la cultura popular de su país. Es autor, entre otros, de “Amor Perdido”.

P.- ¿Cuál sería una batalla ganada en la guerra contra la guerra emprendida por sociedades de todo el planeta?

R- La gran batalla ganada es la conformación de una ciudadanía global, que surge simultáneamente en todas partes, bajo el estimulo principalísimo de la información. Ha sido mínimo el esfuerzo coordinador de las dos grandes marchas en muchísimos países y ciudades. A resultas de lo que podría llamarse “intuición conjunta” o voluntad orgánica que no pasa por partidos y asambleas, grandes contingentes sobre todo de jóvenes se han manifestado contra la guerra adquiriendo en el camino un conocimiento internacional y una solidaridad muy informada. Esta es la primera gran batalla ganada contra la indiferencia, la desidia, el miedo a enterarse. La segunda gran batalla es la certidumbre de lo imposible que resulta de admitir a un solo país y a un grupito en ese país como dueños de las decisiones fundamentales del planeta. La tercera gran batalla ganada es la de la importancia de la información. Con frecuencia por Internet, a través de la lectura ávida y de la contemplación obsesiva de los noticieros, se entiende ahora por qué información es poder, no para detener la guerra pero sí para ya jamás pretextar ignorancia o fastidio.

P.- ¿Se están erigiendo poetas, escritores y artistas en puntal global de la causa por la paz?

R.- Los poetas, los escritores y los artistas han participado de modo múltiple en la oposición a la guerra, y las intervenciones de los artistas han sido las más destacadas porque, inevitablemente, son los más conocidos.
Vale la pena reconocer el esfuerzo maravilloso de las puestas en escena de (la comedia de Aristófanes) “Lisístrata” el mismo día en tantos países. Sin embargo, el puntal de las movilizaciones ha sido la juventud, el gran relevo generacional de las luchas democráticas. Es emocionante observar el compromiso de jóvenes que se pensaban asilados para siempre en un reality show.

P.¿Considera que un acuerdo de seguridad ambiental que prohíba dañar el entorno serviría además para afianzar una política mundial anti-bélica?

R.- El gobierno de (George W.) Bush, típicamente, se negó a firmar los Protocolos de Kyoto, demostrando, antes de la guerra, su absoluta y brutal indiferencia por el planeta. Por supuesto que el acuerdo de seguridad ambiental es indispensable pero eso contraría los intereses de las grandes trasnacionales a las que sirve irrestrictamente el gobierno estadounidense.

P.- ¿A qué atribuye la aparente poca preocupación ante los daños ecológicos que dejaron guerras recientes?

R.- A que no hemos logrado incorporar la conciencia ecológica entre nuestros haberes cotidianos. Vivimos como si las generaciones futuras sólo tuvieran el derecho de respirar cada tercer día. Los gobiernos con tal de no molestar a los grandes capitalistas admiten todas las catástrofes ecológicas (un buen ejemplo lo dan los gobiernos sucesivos de México) y la sociedad se preocupa mucho por sus hijos pero no por los ecosistemas que les tocaran en suerte.

P.- Para George W. Bush, preservar el medio ambiente no puede ser eje de una política energética sana ¿Conservar la energía y usarla eficientemente compete sólo a gobernantes?

R.- Por supuesto que no, pero hasta ahora asuntos como la política energética no se han convertido en temas electorales. A las organizaciones no gubernamentales, a los partidos políticos y a la sociedad en su conjunto, les toca politizar en el mejor sentido el tema.

* La autora es colaboradora de Tierramérica.




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Carlos Monsiváis