Análisis
PNUMAPNUD
Edición Impresa
MEDIOAMBIENTE Y DESARROLLO
 
Inter Press Service
Buscar Archivo de ejemplares Audio
 
  Home Page
  Ejemplar actual
  Reportajes
  Análisis
  Acentos
  Ecobreves
  Libros
  Galería
  Ediciones especiales
  Gente de Tierramérica
                Grandes
              Plumas
   Diálogos
 
Protocolo de Kyoto
 
Especial de Mesoamérica
 
Especial de Agua de Tierramérica
  ¿Quiénes somos?
 
Galería de fotos
  Inter Press Service
Principal fuente de información
sobre temas globales de seguridad humana
  PNUD
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
  PNUMA
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
 
Análisis


Contra los soviéticos vivíamos mejor

Por Ignacio Ávalos Gutiérrez*

"Lo peor de esta guerra es que sienta el precedente de la acción unilateral de Washington y deja en evidencia que no hay freno que lo contenga", dice este analista. Para evitar este tipo de acciones en el futuro será necesario reconstruir la ONU.

CARACAS.- Si usted entra, ¡oh! maravillas de la Internet, en la página de la Casa Blanca (http://www.whitehouse.gov/nss/.html), empieza a comprender mejor algunas cosas sobre la guerra en Iraq y el colapso del dictador. Porque las piezas embonan y los pretextos se disipan. Todo es cosa de tener suficiente paciencia para soportar una redacción difícil y leer, aunque sea a grandes trancos, la “Estrategia de Seguridad Nacional para los Estados Unidos de América”, un cuerpo de ideas conocido como la Doctrina Bush, que, a decir verdad, debe más a las neuronas de quienes integran su círculo político íntimo, que a las suyas propias.

Allí está, plasmada y bendecida, la tesis de la guerra preventiva, según la cual, y sin necesidad de muchos adornos jurídicos, se justifica una guerra dónde y cuándo decida el presidente estadounidense si éste considera que se cierne alguna amenaza sobre los intereses de su país.

Muchos han dicho, con razón, que en la práctica ésta es la tesis de la guerra permanente en contra de todo el planeta. Si no nos quieren, por lo menos que nos teman, piensa Bush, remedando a todos los imperios que en la historia han sido.

Queda señalado, asimismo, que el liderazgo estadounidense es bueno para todos, fundamentado como está en la mezcla de sus legítimos intereses económicos y políticos y sus justas intenciones para con el resto del mundo.

El corolario es la necesidad --¿obligación moral?-- de propagar la buena nueva del “american way of life”, un paquete listo para aplicar con prescindencia del contexto cultural, en función de un cierto mesianismo evangélico que lo hace contar, además, con el visto bueno de Dios.

El actual gobierno de Estados Unidos cree, así pues, en las ventajas de la clonación ideológica, gracias a la cual el mundo será único, según va demostrando la aceptación progresiva del “fast food”.

Así las cosas, esta guerra santa (y petrolera) contra Iraq, disfrazada de lucha contra un dictador que en otros tiempos fue aliado indispensable, es, apenas, el segundo capítulo del libro bélico que comenzó hace poco con el episodio de Afganistán.

Muchos temen que la principal baja de este conflicto sea la Organización de las Naciones Unidas, ONU. Con todo y sus limitaciones y poca eficacia en ciertos casos gruesos, el organismo mundial ha desempeñado un papel positivo y, por tanto, el atropello de que ha sido objeto por parte de Estados Unidos amenaza con dejarnos sin estructuras para el arbitraje de conflictos. Justo ahora, cuando la globalización multiplica las necesidades de mediación en los grandes asuntos políticos, económicos, ambientales y culturales.

En tanto garante del derecho internacional, el papel de la ONU ha sido patético a lo largo de la actual crisis. Lo peor de esta guerra es que sienta el precedente de la acción unilateral de Washington y deja en evidencia que no hay freno que lo contenga (contra la ex Unión Soviética vivíamos mejor, podría decirse con cierta añoranza).

Pareciera, pues, que corremos el riesgo de que, pasado el conflicto con los iraquíes, la organización languidezca hasta convertirse en jarrón chino, así de inútil, no importa cuán vistosa sea. No descartemos, por otro lado, que se “privatice”, ocurrencia propia de la época del pensamiento único y que, entonces, sólo las naciones que paguen una prima puedan contar con los servicios de un tribunal de arbitraje y con una fuerza militar de respaldo en caso de litigio.

La reconstrucción de Iraq es asunto urgente (además de buen negocio, dicen), quien lo duda. Lamentablemente se habla poco de la reconstrucción de la ONU, un proceso necesario para evitar que la Doctrina Bush reemplace, como se pretende, al derecho internacional.

Si no se reconstruye la ONU, se deja la puerta abierta para que cada país proceda militarmente, atendiendo sólo al tamaño de su ejército y el arsenal de sus misiles, sin necesidad de alegar nada más que la sospecha de una mala intención.

Estamos, pues, en el umbral de una gran derrota para la civilización y cualquier parecido con la jungla es pura coincidencia.

* El autor es columnista, académico y ex ministro de Ciencia y Tecnología de Venezuela. Derechos reservados Tierramérica.




Copyright © 2003 Tierramérica. Todos los Derechos Reservados