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El gran dilema de la posguerra

Por Boutros Boutros-Ghali*

Existen importantes argumentos a favor del multilateralismo en el mundo actual, dice el ex Secretario General de la ONU, Boutros Boutros-Ghali. Pero la principal potencia del mundo actúa en forma implacable de manera unilateral.

PARIS.- Y ahora ¿qué hacer? ¿Será aún posible reintegrar a la super-potencia estadounidense a un sistema auténticamente multipolar y multilateral? Es más fácil determinar por qué Estados Unidos adopta un comportamiento unilateral que admitir las razones que aduce para justificarlo.

Como potencia mundial que tiene intereses económicos en todo el planeta, Estados Unidos se considera llamado a mantener la estabilidad internacional.

En el plano militar la fuerza norteamericana es tan superior a la de las demás potencias --como ha quedado en evidencia en Iraq-- que para hallar un equivalente tendríamos que remontarnos al Imperio Romano.

La supremacía estadounidense también se registra en los ámbitos de la tecnología, la información y la cultura, y se está imponiendo progresivamente sobre todas las civilizaciones de nuestro mundo.

Esta conjunción de intereses y de primacías ha inducido a Washington a adoptar, repetidamente, un comportamiento unilateral incluso en esferas ajenas a la política exterior.

Así lo demuestra su rechazo a las metas ambientales del protocolo de Kyoto, al Tribunal Penal Internacional, al tratado sobre la prohibición de las pruebas nucleares, al tratado anti-misiles, así como su incremento del proteccionismo en materia siderúrgica y del comercio de productos agrícolas.

Según esta lógica, el multilateralismo no debe nunca obstaculizar o frenar la iniciativa estadounidense. Las declaraciones del Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a propósito de la intervención en Iraq, son reveladoras: ”La misión debe determinar a la coalición; nosotros no permitiremos que una coalición determine la misión.”

Examinemos ahora los argumentos a favor del multilateralismo que tiene su fundamento en el derecho internacional.

1. Es evidente que Estados Unidos no tiene ni los medios ni la voluntad de afrontar y resolver todos los problemas del planeta. Por lo tanto, debe obtener el concurso de sus aliados y de otros estados.

2. El unilateralismo estadounidense respaldado por su poderío bélico tiende a privilegiar políticas coercitivas, mientras los desafíos más apremiantes que afronta la comunidad internacional son, sobre todo, problemas vinculados con el desarrollo económico. En tales condiciones es claro que una política articulada en un marco multilateral y apoyada en el diálogo, la diplomacia, la negociación y la cooperación económica, es más apropiada que una política unilateral.

3.- Para el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas todos los estados son iguales y deben asumir las mismas responsabilidades en la adopción de resoluciones orientadas a la solución de los conflictos.

4.- La ”pax americana” viola el derecho internacional en la medida que estimula las guerras preventivas y margina los mecanismos de adopción de las normas internacionales. Se trata de un fenómeno muy grave pues el recurso al unilateralismo constituye una pesada hipoteca para el porvenir de las Naciones Unidas y el derecho internacional.

5.- El argumento más importante se puede resumir en esta fórmula inspirada en el filósofo Pascal: ”práctica de la democracia dentro de las fronteras estadounidenses, práctica del autoritarismo fuera de ellas”. Mientras la democracia estadounidense reconoce en su propio ámbito la división y la limitación de los poderes del Estado, en el ámbito internacional Washington exige a los gobiernos, a los pueblos y a sus respectivas opiniones públicas que le firmen un cheque en blanco con base en el principio unilateral de que lo que es bueno
para Estados Unidos es bueno para el resto del mundo.

6.- La consecuencia más grave de esta política es su relación con el armamentismo. ¿Cómo evitar en un contexto unilateral que países como China, India y Paquistán refuercen sus arsenales atómicos? ¿Cómo evitar que los pequeños Estados se lancen a adquirir armas menos costosas pero más dañinas? ¿Cómo evitar la expansión del terrorismo?

En resumen, temo que la lucha contra el terrorismo se convierta en la razón de ser de la actividad internacional e impida que nuestras energías, voluntades y recursos se dediquen por entero a la paz, al desarrollo y a la lucha contra la pobreza.

(Derechos reservados IPS)

* El autor es ex Secretario General de las Naciones Unidas (1992-96).




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