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“Temo por el mundo que heredarán mis nietos”

Por Cristina Hernández-Espinoza*

La guerra ya no puede resolver ningún tipo de problema y deja una secuela de destrucción en la Tierra, dijo la escritora chilena Isabel Allende. “Me consuela pensar que los niños de hoy tienen conciencia ecológica”, añadió en diálogo con Tierramérica en San Francisco, donde presentó su última obra “Mi país inventado”.

SAN FRANCISCO.- “Temo por el mundo que heredarán mis nietos”, dice la escritora chilena Isabel Allende, una de las autoras más leídas en el mundo.
La reciente guerra en Iraq, que ella siguió desde Estados Unidos donde reside ahora y al que llama su “nuevo país”, le produjo una fuerte conmoción, por su carga de destrucción humana y ambiental. “No puede ser que sigamos en guerra”, clama.
Allende, 60 años, perdió su país natal, Chile, un martes 11 de septiembre de 1973, cuando un golpe de Estado la condenó al exilio. Y aunque quiso volver, fue tarde. Hoy su hogar es California.
La autora de “La casa de los espíritus”, quien define la ficción como un conjunto de mentiras que nacen de una verdad esencial, dialogó con Tierramérica en San Francisco donde promocionó su última obra.
Se trata de “Mi País Inventado”, que contiene precisamente una reflexión sobre nostalgia y pertenencia.


P: ¿Cómo percibe las secuelas del último conflicto armado en Iraq, liderado por la coalición estadounidense-británica?
R: Estoy en contra de cualquier conflicto armado por la muerte de miles de personas generalmente inocentes, sobre todo mujeres y niños. Pero además por la destrucción que queda en la tierra. Quedan minas sembradas que después explotan, hay radioactividad y toda clase de contaminación que se produce por el uso de armamento. La guerra ya no puede resolver ningún tipo de problema. La humanidad ha evolucionado lo suficiente y existen los medios tecnológicos, la información y las conexiones necesarios para resolver los conflictos con negociación, compromisos, diálogos, diplomacia. No puede ser que sigamos en guerra.

P:¿Tiene temor por el mundo que heredarán sus nietos?
R: Sí, tengo mucho temor. Pero me consuela pensar que los niños de hoy tienen conciencia ecológica, mucho más de la que tenemos los adultos. Cuando era niña vivíamos con el terror de la bomba atómica, de que iba a haber una explosión nuclear y el mundo se iba a terminar. Era el terror de la guerra fría. Hoy ha sido reemplazado por el miedo a la destrucción del planeta. Los niños piensan que lo estamos destruyendo. Por ejemplo, mis nietos se angustian porque se pierde papel o se desperdicia agua. Esa conciencia yo no la tenía.

P: En “Mi país inventado” usted recorre su niñez y adolescencia. ¿Qué le dejó esta novela?
R: Me ha llevado de vuelta a Chile. País mágico de la niñez, de la juventud, que abandoné después del golpe militar en Chile hace 30 años. No he vuelto a vivir en Chile pero lo llevo conmigo. Es el país mítico más que el real, el país de la memoria, el país de Pablo Neruda, el de los bosques, de los volcanes, de los lagos prístinos, el que recuerdo y llevo conmigo.

P: ¿Cuál ha sido el trayecto que ha tenido que recorrer para poder llamar a California su hogar y a Chile la tierra de su nostalgia?
R: Salí de Chile después del golpe militar y fui a Venezuela donde viví 13 años en el exilio. No fueron años malos, pero siempre estaba mirando hacia el Sur pensando que iba a regresar a Chile. En 1987 vine a Estados Unidos en una gira de promoción y ahí conocí a quien hoy es mi marido. Dos años más tarde cayó la dictadura en Chile. Había esperado 17 años. Pero mi familia y mi vida estaban hechas aquí y ya no regresé. Ha sido un trayecto largo pero satisfactorio. Tengo en la punta de los dedos lo que pasa en Chile, es como vivir en dos mundos.

P: Ahora escribe para jóvenes. ¿Cómo asume el reto?
R: Sí, acabo de terminar el tercer libro de una trilogía para jóvenes. El primero es “La Ciudad de las Bestias”que transcurre en el Amazonas, el segundo “El Reino del Dragón de Oro” situado en los Himalayas, próximo a publicarse, y el tercero llamado “El Bosque de los Pigmeos”, que se desarrolla en África ecuatorial. Puedo decir que escribir para jóvenes es tan complicado como hacerlo para adultos. Los retos son los mismos.

* La autora es colaboradora de Tierramérica.


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“Temo por el mundo que heredarán mis nietos”
 
“Temo por el mundo que heredarán mis nietos”