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El peyote
El peyote, de sabor amargo debido a que contiene
unos 60 alcaloides, ha perdurado a lo largo de los siglos como una
especie sagrada para algunas culturas indígenas mexicanas.
Pero la característica más conocida de esta planta
es el singular efecto alucinógeno que produce en el organismo
al ser ingerida.
Una ficha
en la red describe a esa cactácea como una “planta
en general provista de un tallo de forma globosa, pero a veces,
y debido al crecimiento, se hace casi cilíndrico; es espinoso,
con púas centrales en forma de gancho” y con flores
amarillas, anaranjadas o rosa-violáceas que aparecen en diversas
estaciones, según la especie.
Un estudio de la Comisión Nacional para
el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO)
de México refiere el profundo arraigo que tuvo el empleo
de plantas alucinógenas en el seno de las antiguas culturas
indígenas de América, donde existen más de
cien especies vegetales con propiedades psicoactivas.
“Estas plantas contienen sustancias químicas
–alcaloides-- capaces de promover estados anormales de conciencia
que ocasionan alteraciones visuales, auditivas, táctiles,
olfativas e incluso gustativas. Por esta razón son vistas
por algunas culturas como portadoras de inteligencia y son consideradas
instrumentos divinos, fuente de una profunda y misteriosa sabiduría,
y de belleza e inspiración, así como un medio para
mantener la integridad cultural”, explica ese texto.
Mediante prácticas rituales con plantas
alucinógenas las antiguas civilizaciones indígenas
pretendían “inducir experiencias de iniciación
a ciertos misterios y para curar enfermedades del cuerpo y del alma”.
Algunos tipo de hongos y plantas eran consumidos por los curanderos,
sacerdotes o chamanes, afirma CONABIO.
Los tarahumaras, tepehuanes, coras y huicholes
son algunas de las etnias de México que aún conservan
costumbres rituales milenarias y cuyas leyendas, tradiciones e historia
están asociadas de manera importante a las cactáceas.
La Revista
Imaginaria muestra en Internet el trabajo de los franceses Antonin
Artaud y Gerard Tournebize, autores de la obra “Viaje al país
de los tarahumaras”, que comprende dos tomos.
La obra sostiene que las ceremonias religiosas
de los tarahumaras condensan los conocimientos que esa etnia posee
del mundo. Todos los elementos que intervienen en esos rituales,
como el peyote, son simbólicos, agrega.
La ceremonia del peyote representa la curación
del alma para los tarahumaras, quienes consideran a esa planta como
un ser que tiene la facultad de enseñar al hombre el buen
camino.
La revista El
Mercurio refiere la controversia que el poyote generaba entre
los colonizadores españoles de la Nueva España.
Las crónicas españolas mencionan
“que aquellos nativos que comían el peyote eran poseídos
por terroríficas visiones demoníacas”. El consumo
del peyote fue duramente sancionado por la Santa Inquisición
desde 1617.
“Fray Bernardino de Sahagún estimó,
tomando como base diversos hechos históricos de la cronología
india, que el peyote fue conocido por los chichimecas y toltecas
por lo menos mil 890 años antes de la llegada de los europeos.
Estos cálculos darían a esta planta divina de México
una historia de unos dos milenios”, señala la fuente.
El sitio Cactusland
publica una lista de cactus narcóticos, alucinógenos
y medicinales del Nuevo Mundo, y explica que al menos 30 especies
de cactáceas son conocidas como peyotes, pero “no todas
tienen un registro histórico de haber sido usadas como alucinógenos”.
Una página sobre alucinógenos
explica que mucho de lo que se sabe en la actualidad sobre el peyote
tiene como fuente las crónicas de Francisco Hernández,
médico del rey Felipe II de España, y quien viajó
varias veces a México para comprobar el uso sagrado que las
civilizaciones indígenas daban al peyote.
Sobre la toxicidad del peyote, el sitio Botánical
afirma que no se han conocido casos de muerte por consumo de este
alucinógeno.
Ese sitio sostiene que la mescalina tiene propiedades
alicinógenas y psicoactivas que influyen en la percepción,
en particular en el sentido de la visión.
El farmacólogo alemán Arthur
Heffter extrajo la mescalina del peyote en 1896, dándose
el primer caso de un compuesto alucinógeno aislado por el
hombre.
La ingestión de la mescalina provoca
alteración de la conciencia. Esa sustancia es tóxica
en dosis mayores a 0.5 gramos y produce síntomas como náusea
severa, vómito, taquicardia, ansiedad e hipertensión
arterial.
Un riesgo importante al consumir la mescalina
es la aparición de un síndrome psicótico en
algunas personas.
Según la tradición, el peyote
posee propiedades medicinales y es empleado para tratar la influenza,
artritis, diabetes, malestares intestinales, efectos ocasionados
por la mordedura de serpiente, piquete de escorpión y algún
tipo de envenenamiento.
Comisión
Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad
Ficha
Revista
Imaginaria
Revista
El Mercurio
Cactusland
Alucinógenos
Botanical
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