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Tráfico arrasa con ave símbolo de extinción

Por María Isabel García*

El loro orejiamarillo es figura emblemática de la situación crítica en que se encuentran 112 especies de aves en Colombia, donde la población de ese colorido espécimen asciende a sólo 600 individuos.

BOGOTA.- La caza y el comercio ilegales amenazan la existencia de 21 por ciento de las 53 especies de loros de Colombia, entre ellas el orejiamarillo, la vistosa ave que anida en los bosques nublados de palma de cera, el árbol nacional de la cordillera andina.

El loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis) toma su nombre del plumaje de ese color de la cenefa que bordea su frente, cara y coberturas auriculares, en contraste con el verde que cubre la mayor parte de su cuerpo, de una longitud de 46 centímetros.

Esta ave en riesgo de extinción es un símbolo de la situación crítica en que se encuentran 112 de las mil 800 especies de la avifauna colombiana, la más rica del mundo.

“Los loros son uno de los grupos más amenazados en el mundo”, dijeron a Tierramérica investigadores de la Fundación Proaves, con sede en Medellín, capital del noroccidental departamento de Antioquia.

Por eso, el efecto multiplicador del denominado Plan Nacional para la Conservación de los Loros, en el cual participa Proaves, se percibe en el hecho de que estas aves habitan zonas donde hay otras 51 especies amenazadas.

En consecuencia, los investigadores de Proaves entienden que las medidas destinadas a su protección “aseguran la supervivencia de 66 por ciento de todas las especies de aves amenazadas” y de algunos de los ecosistemas más vulnerables del país.

La población actual de orejiamarillos es de 600 individuos, concentrados en la cordillera central, uno de los tres brazos en que se abren los Andes en territorio colombiano y que abarca los departamentos de Tolima y Antioquia.

Las primeras descripciones, que datan de comienzos del siglo XX, dan cuenta de los bosques de palma de cera (Ceroxylon quindiuense) en cuyas hojas, muy cerca de la copa, hacían sus nidos parejas de orejiamarillos.

La relación entre estas aves y la expansión del árbol nacional de Colombia es estrecha, porque su picoteo esparce las semillas que luego germinan.

La preservación de la palma de cera como último hábitat del orejiamarillo se destaca en la campaña “Reconcíliate con la naturaleza”, que invita a los creyentes católicos a no utilizar las hojas del árbol para los rituales del Domingo de Ramos, que marca el comienzo de la Semana Santa.

Proaves dirige además el Proyecto Ognorhynchus, que investiga el estado de las poblaciones del orejiamarillo y de otros dos pequeños loros amenazados: el loro multicolor (Hapalopsittca amazonina), que habita en las zonas andinas de Colombia y Venezuela, y el loro de fuertes (Hapalopsittca fuerttesi), también conocido como aliazul, especie endémica colombiana.

La sensibilidad de las comunidades donde habitan los loros en riesgo de extinción y el apoyo de las reservas naturales manejadas por la sociedad civil, así como la participación de grupos ecológicos y la vinculación de los medios de comunicación, fueron decisivos para esos avances.

Gustavo Bravo, del estatal Instituto Humboldt, considera que uno de los factores de riesgo para los loros “es que son muy apetecidos como mascotas".

Esta entidad también publicó el “Libro Rojo de Aves de Colombia”, en el que participaron unos 40 autores y donde se hallan descripciones de las 112 especies amenazadas, su hábitat, costumbres y propuestas de conservación.

* La autora es corresponsal de IPS.


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Enlaces Externos

Fundación Proaves

Instituto Humboldt

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