Grandes Plumas
PNUMAPNUD
Edición Impresa
MEDIOAMBIENTE Y DESARROLLO
 
Inter Press Service
Buscar Archivo de ejemplares Audio
 
  Home Page
  Ejemplar actual
  Reportajes
  Análisis
  Acentos
  Ecobreves
  Libros
  Galería
  Ediciones especiales
  Gente de Tierramérica
                Grandes
              Plumas
   Diálogos
 
Protocolo de Kyoto
 
Especial de Mesoamérica
 
Especial de Agua de Tierramérica
  ¿Quiénes somos?
 
Galería de fotos
  Inter Press Service
Principal fuente de información
sobre temas globales de seguridad humana
  PNUD
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
  PNUMA
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
 
Grandes Plumas


La tierra debe pertenecer a quienes la trabajan

Por Thabo Mbeki*

Casi un siglo después de la aprobación de la Ley de Tierras, los sudafricanos caminan hacia la satisfacción de la exigencia contenida en la Carta de Libertad, redactada por el Congreso Nacional Africano (ANC) en 1955.

PRETORIA.- Han transcurrido 90 años desde la aprobación de la infame Ley de Tierras en Sudáfrica, que dio cobertura legal al apoderamiento de terrenos por parte de colonos blancos, un proceso que se inició cuando el administrador colonial Jan van Riebeeck puso pie en las playas del Cabo de Buena Esperanza en 1652.

La adopción de esta ley en 1913 trajo indescriptibles sufrimientos a muchas generaciones de gente negra. A través de ésta y de otras normas racistas, millones de sudafricanos fueron desplazados de su tierra, sus casas fueron arrasadas con aplanadoras y su dignidad destruida.

La historia del despojo de tierras en nuestro país es inseparable del brutal sistema de colonialismo y apartheid.

La formación de la Unión de Sudáfrica en 1910 representó la consolidación política de la derrota militar de los reinos africanos y la legalización del dominio de la minoría blanca por parte del Imperio Británico.

El siguiente paso fue la aprobación de Ley de Tierras, destinada a reservar la mayor parte del territorio de Sudáfrica para la exclusiva propiedad de la minoría blanca.

En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, en una nueva fase del proceso de despojo de tierras, unos tres millones y medio de personas fueron sacados a la fuerza de sus hogares. La mayoría fue arrojada a los llamados “bantustanes”, una especie de depósitos de trabajadores negros originalmente conocidos como “reservas nativas”. Aunque representaban al menos 80 por ciento de la población, los africanos terminaron por ocupar cuando mucho 13 por ciento de su madre patria.

La pérdida de tierras produjo, entre otras cosas, extendida carencia de viviendas, falta de seguridad en la tenencia de propiedades inmuebles, inestabilidad familiar, migración, degradación de los suelos y severas limitaciones para cumplir actividades agrícolas y agroindustriales.

Sin embargo, nuestro pueblo no se sometió sumisamente a esas prácticas inhumanas. En 1912, representantes del pueblo africano formaron el Congreso Nacional Africano (ANC) para luchar por su libertad y revertir las consecuencias negativas del colonialismo y el apartheid.

En 1994, nuestro pueblo, que depositó su confianza en el ANC desde su fundación, coronó sus heroicas luchas con una abrumadora victoria en las elecciones, dando comienzo a una nueva era de transformaciones.

Uno de los principales desafíos que enfrentó el nuevo gobierno democrático fue y sigue siendo la urgente reversión del legado de siglos de despojo de tierras.

Actualmente, a través de la restitución, redistribución y programas de reforma de la tenencia de la tierra han sido transferidas a los desposeídos más de un millón 300 mil hectáreas, incluyendo 590 mil hectáreas bajo el programa de restitución de tierras.

Desde 1994, el gobierno ha construido más de un millón de casas para los pobres, en su mayoría negros, y entregado a las personas las viviendas que alquilaron durante muchos años pero cuya adquisición les era negada por vivir en la “Sudáfrica blanca”. A muchos otros se les han otorgado derechos de tenencia en lugares donde nacieron y trabajaron durante todas sus vidas.

La adquisición de tierras y su uso productivo son decisivos para el éxito de la lucha contra la pobreza.

Casi un siglo después de la aprobación de la Ley de Tierras, caminamos hacia la satisfacción de la exigencia contenida en la Carta de Libertad redactada por el ANC en 1955: que la tierra debe pertenecer a quien la trabaja.

* El autor es presidente de Sudáfrica. Derechos reservados IPS.




Copyright © 2007 Tierramérica. Todos los Derechos Reservados
 

Crédito: Fabricio Van den Broeck.
 
Crédito: Fabricio Van den Broeck.