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La crisis del proyecto globalizador

Por Walden Bello*

Pese a los afanes para acercar posiciones encontradas, el reciente proyecto de acuerdo preparado en la sede de la OMC en Ginebra desnuda el escaso consenso sobre los candentes problemas que dividen a los 144 países que integran la organización.

BANGKOK.- En vísperas de la quinta conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la institución que fue saludada en su fundación en 1995 como el punto culminante del gobierno de la economía global, se encuentra en un atasco.

No obstante el empeño desplegado durante los dos últimos años para acercar las encontradas posiciones, el reciente proyecto de acuerdo preparado en la sede de la OMC en Ginebra deja traslucir el escaso consenso sobre los candentes problemas que dividen a los 144 países que integran la organización.

El Director General de la OMC, Supachai Panitchpakdi, presentó como un triunfo el arreglo de último momento sobre el conflictivo tema de los Derechos de Propiedad Intelectual Afines al Comercio (conocido por la sigla en inglés, TRIPS) y la salud publica en relación a la producción e importación de medicinas genéricas baratas para enfermedades graves.

Sin embargo, muchos analistas juzgaron que el arreglo está concebido para proteger los intereses de las corporaciones farmacéuticas, más que para promover el acceso de los países pobres a medicinas que pueden salvar la vida.

También se observa que es muy improbable que este arreglo pueda servir para allanar la negociación en otras áreas en las que las diferencias entre el Norte y el Sur, así como entre los países ricos, son más profundas.

Una tentativa previa de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos para crear un marco de negociación a fin de reavivar las estancadas conversaciones acerca de la liberalización de la agricultura parece haber fracasado, dado que los países en desarrollo han criticado amargamente a las dos superpotencias comerciales, a las que acusan de haber vuelto al comportamiento mantenido durante los últimos años de la Ronda Uruguay (1986-94) al orquestar “pactos de cuarto trasero" sin la participación de los otros 144 miembros de la OMC.

Brasil, India y China, las fuerzas motrices del mundo en desarrollo, respondieron inmediatamente con un documento en el que dicen a las superpotencias que deben dejar de andar con rodeos y cortar radicalmente los altos niveles de subsidios, responsables del dumping de cereales y carnes baratos en los mercados mundiales que están dejando fuera del negocio a cientos de miles de agricultores de los países en desarrollo.

No ha habido progreso alguno en las negociaciones para poner bajo la jurisdicción de la OMC los llamados asuntos “afines al comercio” referidos a las inversiones, las políticas de competencia, la transparencia en las adquisiciones gubernamentales y las facilidades comerciales, considerados por Bruselas y Washington como piezas centrales de las negociaciones.

Algunos observadores dicen que están resurgiendo los tres ingredientes clave del famoso colapso de la Tercera Reunión Ministerial de la OMC, celebrada en Seattle en diciembre de 1999.

Esos ingredientes son: 1) el estancamiento de las negociaciones sobre agricultura entre Estados Unidos y la UE está de nuevo en el centro del escenario; 2) los países en desarrollo se sienten más agraviados que nunca y 3) la sociedad civil está movilizada.

Las actuales tribulaciones son una continuación de la crisis institucional que primero hizo eclosión en Seattle y que fuera desencadenada por la resistencia de grupos de la sociedad civil a las actividades de la OMC para subordinar dimensiones críticas de la vida social a las posiciones de las corporaciones.

No hubo reforma alguna después de Seattle y sólo la mano dura de Estados Unidos y la UE produjo una declaración que encargó la realización de una limitada serie de negociaciones para una ulterior liberalización del comercio durante la Cuarta Reunión Ministerial de Doha (noviembre del 2001).

Pero la llamada “Ronda Doha” degeneró rápidamente en un estancamiento.

La crisis institucional de la OMC, sin embargo, es en sí misma un reflejo de una crisis aún mayor: la del proyecto globalizador de integración acelerada de los mercados. El torbellino financiero que sacudió Asia en 1997 desacreditó un principio clave del proyecto globalizador: la liberalización comercial promueve la prosperidad.

Después vino el colapso del mercado de valores de marzo de 2000, que inauguró una era de recesión y deflación mundial causada por los excesos del capital especulativo así como por la superproducción global.

Con su abierta defensa de las corporaciones estadounidenses, la política unilateralista de George W. Bush probablemente profundizará tanto la crisis del proyecto globalizador como la de las instituciones multilaterales que fueron utilizadas para promover la agenda de la globalización.

Con la UE y Estados Unidos enfrentados en una larga serie de cuestiones, ha sido mucho más difícil para ellos armar una estrategia coordinada para dividir e intimidar a los países en desarrollo en la OMC en asuntos donde los dos centros capitalistas comparten un interés común, por ejemplo en hacer presión para la aprobación de un acuerdo sobre inversiones al que los países del Sur se han opuesto tenazmente.

Pese a sus diferencias cada vez más profundas, Estados Unidos y la UE pueden aún empujar conjuntamente para obligar a los países en desarrollo a aprobar en Cancún nuevas iniciativas sobre liberalización comercial.

Sin embargo, el cada vez más probable pronóstico para la reunión de Cancún es que en ésta no se produzcan acuerdos significativos sobre una nueva liberalización comercial.

Para los países en desarrollo, asediados constantemente para que abran sus mercados o cedan su control a la OMC en áreas hasta aquí reservadas a decisiones nacionales, como las de inversiones y de competencia, un fracaso o un atasco en la reunión ministerial de Cancún sería el mejor resultado. Ello les daría el respiro necesario para organizar su defensa y les permitiría, junto a la sociedad civil mundial, armar un escenario opuesto al de la globalización dirigida por las grandes corporaciones.

El autor es profesor de Sociología y de Administración Pública en la Universidad de las Filipinas y director ejecutivo de la organización Focus on the Global South con sede en Bangkok. Derechos reservados IPS.




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