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El significado de Cancún

Por Anuradha Mittal *

El colapso de la Quinta Reunión Ministerial de la OMC asestó un duro revés a la propia organización y a los tratados regionales, pero también creó consenso en el principio de que la falta de acuerdo es mejor que un mal acuerdo.

OAKLAND.- El fracaso de la Quinta Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún es un duro golpe no sólo para la propia OMC sino también para los tratados regionales, incluido el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA).

La falta de consenso sobre los puntos de Singapur (inversiones, competencia, licitaciones públicas y facilidades comerciales a escala internacional) promovidos por la Unión Europea (UE), y las profundas divisiones en torno a la agricultura pueden haber sido la causa inmediata del colapso de la reunión. Pero el fracaso tiene raíces más amplias y profundas y afectará el futuro de la OMC y de los acuerdos regionales por más de un motivo.

En primer lugar, se produjo un cambio en el equilibrio de poder en el mundo. El G-22, la nueva alianza de los países en desarrollo con Brasil, India y China en su centro, representa a más de la mitad de la población mundial y a algo así como dos tercios de todos los agricultores del planeta.

A la arrogante retórica de Robert Zoellick, el representante comercial de Estados Unidos, quien trató de descalificar a esa alianza definiéndola como Un “grupo sin capacidad para negociar”, le salió el tiro por la culata pues el G-22 se unió más aún en sus exigencias de que Estados Unidos y la Unión Europea eliminen sus subsidios agrícolas.

En segundo lugar, la transparencia y la responsabilidad son esenciales para cualquier proceso democrático de toma de decisiones. La ronda comercial lanzada en Doha en el 2001 debía ocuparse de enfrentar ante todo las debilidades en el comercio agrícola y de “fomentar el desarrollo y
el alivio de la pobreza”.

En los tres primeros días de la conferencia el tema central fue la agricultura, con propuestas alternativas presentadas por las naciones en desarrollo. El texto revisado ignoró por completo, sin embargo, sus reivindicaciones e intensificó la polarización entre países pobres y ricos.

La insistencia de Europa en la inclusión de los puntos de Singapur sin un consenso explícito de los Estados miembros para comenzar las negociaciones sólo agregó combustible al fuego.

Pero Estados Unidos y la UE no han aprendido nada de su fracaso en Cancún.

En una conferencia de prensa efectuada luego del derrumbe de las conversaciones, Zoellick manifestó la intención de Estados Unidos de dejar de lado a la OMC y seguir adelante con acuerdos regionales y bilaterales.

Charles Grassley, presidente de la Comisión de Finanzas del Senado estadounidense, declaró que Estados Unidos “tomará nota de aquellas naciones que jugaron un papel constructivo en Cancún y de aquellas naciones que no lo hicieron”, castigando o recompensando cuando fuera necesario.

Esta prepotencia seguramente aumentará ulteriormente la resistencia de los países en desarrollo contra la posición estadounidense.

Pascal Lamy, el comisionado comercial europeo, reaccionó ante los reclamos del G-22 al motejar a la OMC de “organización medieval” y exhortó a una reforma fundamental de la misma. Sin embargo olvidó --para su conveniencia-- que luego de la reunión ministerial de Doha los países en desarrollo presentaron propuestas para establecer procedimientos y un proceso participativo en las reuniones ministeriales.

Fue precisamente la UE, junto otras naciones desarrolladas, quien bloqueó una decisión basada en esas propuestas.

Y justo antes de la reunión ministerial de Cancún, los países en desarrollo de nuevo trataron de plantear la cuestión. Sin embargo, toda tentativa de hacer de la OMC una organización democrática o responsable ha sido constantemente desechada por el Norte industrial.

La falta de atención a las legítimas preocupaciones de los países en desarrollo, la avidez de Estados Unidos y de la UE por capturar los mercados mundiales y la creciente evidencia de que los acuerdos de libre comercio son en definitiva negativos para los más pobres y los más vulnerables de nuestra sociedad, han motivado una oposición generalizada.

Cancún ofrece una lección: las tácticas de brazo fuerte, que pueden haber funcionado en el pasado en favor de Estados Unidos y de la UE, ¡no sirven ya más! Existe además consenso sobre un principio: la falta de acuerdo es mejor que un mal acuerdo.

* La autora es codirectora del Institute for Food and Development Policy, también conocido como Food First.




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