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Forraje africano invade pampas en Brasil

Por Mario Osava*

El capin annoni desplazó a especies nativas en varios estados brasileños y llegó incluso a Uruguay y Argentina. Agrónomos usan búfalos para controlarlo.

RIO DE JANEIRO.- El traslado de animales y vegetales a ecosistemas nuevos presenta riesgos que pocos conocen. Por ejemplo una invasión biológica de daños ambientales y económicos imprevisibles. Esa es la historia del capin annoni, planta forrajera introducida en Brasil.

El capin annoni (Eragrostis plana Nees) es originario del sudoeste africano. Fue llevado al sur de Brasil 50 años atrás en semillas mezcladas con las de otra planta forrajera adquirida por un ganadero.

Su desarrollo y resistencia al frío encantaron al hacendado, que pasó a diseminarlo.

Luego se descubrió que era demasiado fibroso y los vacunos no lograban comerlo, pero ya era tarde.

El capin se hizo conocido en Brasil por el apellido de su introductor, Ernesto Annoni, y se convirtió en una terrible especie invasora. En 1974 ocupaba casi 20 mil hectáreas en el estado de Río Grande del Sur y en 1997 ya alcanzaba 500 mil hectáreas, estimó el investigador Rogerio Coelho, de la estatal Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria.

Esa expansión indica que “nada se hizo” para controlar la invasión, con omisión incluso de los ganaderos, pese a las “pérdidas incalculables” que sufrieron, dijo Coelho a Tierramérica.

El capin annoni destruye la vegetación vecina por alelopatía, es decir liberando sustancias químicas en el suelo. Opera como un herbicida, pues inhibe la germinación y el crecimiento de otras forrajeras, convirtiéndose en monocultivo, observó el experto.

Una especie se hace invasora cuando “se adapta, se reproduce y se difunde en el nuevo ambiente donde fue introducida, desplazando especies nativas”, explicó a Tierramérica Silvia Ziller, presidenta del no gubernamental Instituto Horus de Desarrollo y Conservación Ambiental, preocupado por prevenir y corregir este fenómeno que destruye la biodiversidad.

El annoni reúne las características que favorecen la invasión, señaló Ziller, doctora en conservación de la naturaleza.

Cada planta produce unas 500 mil semillas pequeñas, que se dispersan con el viento, pájaros, heces de animales, camiones y otros vehículos. Además, la especie es amiga de los suelos compactados, pobres, secos y ácidos. Por eso se disemina por carreteras, locales de ferias ganaderas y haciendas.

Su expansión alcanzó a otros estados meridionales de Brasil y está presente incluso en el centro de Brasilia, y hasta en países vecinos como Argentina y Uruguay, según el Instituto Horus.

Su ambiente preferido son los campos del sur de Brasil, conocidos como pampas, especialmente las áreas abiertas y deterioradas por cultivos, pastizales y las “quemadas”, incendios con que los brasileños suelen “limpiar”la tierra para cultivar.

Su control se hace por rotación de actividades agrícolas y ganaderas y la aplicación de herbicidas, según Coelho.

También existe un método, diseñado por el agrónomo Fabio de Oliveira Rosa, presidente del Instituto para el Desarrollo de Energías Alternativas y Autosustentabilidad (IDEAAS). “Descubrí que el búfalo tiene una capacidad digestiva mayor que la de los vacunos y logra digerir el capin annoni”, relató Rosa a Tierramérica.

Su modelo de manejo comprende la división de los pastizales en pequeñas áreas, en cada una de las cuales pastan búfalos entre 18 y 20 días. Ese es el período en que el annoni rebrota con hojas tiernas, pero aún no florece. De esa forma, las plantas son comidas antes de que puedan dar semillas, en un proceso rotativo que lleva a su eliminación en cinco o siete años, aseguró Rosa.

Las áreas se delimitan con cables electrificados a energía solar, menos costosos que las cercas de alambre y por eso atractivos para los productores, detalló.

Aunque la región meridional de Brasil no tiene tradición en criar búfalos, su leche es cada día más valorada, observó Ziller.

Además, se trata de erradicar el annoni de manera productiva, acotó Rosa.

Este modelo permite contener la invasión “dentro de las propiedades, pero es insuficiente para solucionar el problema”, advirtió el agrónomo.

Es que la planta ya ocupa los bordes de las carreteras y otras áreas públicas.

Hace falta una política pública con reglas tan rígidas como las aplicadas en el combate a la fiebre aftosa, lavando los camiones antes de abandonar zonas invadidas y haciendo ayunar a los vacunos entre 36 y 48 horas antes del traslado, afirmó.

“Limpié una hacienda entre 1993 y 1998 cerca de Quaraí”, municipio de Río Grande del Sur, pero “toda la carretera entre la propiedad y la ciudad está ocupada por annoni”, ejemplificó.

En 1978 el gobierno brasileño prohibió el comercio de semillas de annoni, pero nada hizo para contener su expansión.

Otras especies invasoras, vegetales y animales, están instalándose en el país. Entre las forrajeras, Rosa destacó la brachiaria, también llegada de África. "Asistiremos a otras marchas de destrucción”, vaticinó.

* El autor es corresponsal de IPS.




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Enlaces Externos

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