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Los barones del agua

Por Mark Sommer *

Tres corporaciones europeas dirigen el asalto al oro líquido, como si se tratara de una materia prima que puede ser comprada o vendida en el libre mercado al mejor postor.

BERKELEY.- La cuestión del agua y de quién la controla ha pasado de pronto a ocupar el centro del escenario de los negocios mundiales.

Antes abundante, el agua dulce y potable es un recurso rigurosamente finito y cada vez más escaso. Exactamente la mitad del uno por ciento del agua del mundo es dulce, segura y aprovechable para el consumo humano. Cerca de mil millones de los seis mil millones de habitantes del planeta carecen actualmente de un acceso seguro al agua potable y se estima que esta cifra se triplique dentro de los próximos 25 años.

Varios factores están contribuyendo para que se produzca esta creciente escasez: el incremento del uso intensivo del agua por ciertas industrias, los ineficaces métodos de riego, la desertificación, los múltiples efectos del calentamiento global y la contaminación química y orgánica.

La amenazadora escasez de agua ha atraído a grandes corporaciones ávidas de lucro que esperan capitalizar a su favor el ascendente valor del recurso mediante la privatización y el consiguiente aumento de las tarifas por el abastecimiento de agua potable.

El asalto al oro líquido está siendo conducido por tres corporaciones
europeas Suez, Vivendi y RWE que, a través de subsidiarias nacionales, dominan ahora el mercado mundial privado del agua.

Habiendo recurrido con éxito a grupos de presión en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y otras instituciones internacionales para establecer condiciones altamente favorables a la privatización de sistemas municipales operados por empresas públicas, estos llamados "barones del agua" pusieron su mira en grandes pero deteriorados sistemas públicos en las mega-ciudades del mundo en desarrollo donde creían poder lograr rápidas mejoras e ingentes ganancias.

El experimento modelo debía ser Buenos Aires. Al obtener 97 por ciento de los mil millones de dólares invertidos en la operación de fondos públicos suministrados por el Banco Mundial y otras instituciones financieras a mediados de los años 90, Suez extendió el servicio en forma limitada y recogió ganancias de 25 por ciento al año. Pero fracasó en cumplir con sus proyectados objetivos y hace poco anunció planes para retirarse de Argentina, echando la culpa a la crisis monetaria del país por la caída de sus ganancias.

Similares planes de privatización han salido mal en Johannesburgo, Nueva Delhi y Manila, así como en ciudades del Primer Mundo como Atlanta y Nueva Orleans.

La más famosa hasta ahora de las "guerras del agua" ocurrió en 2000 en la ciudad boliviana de Cochabamba. Allí, una coalición ad hoc de campesinos y habitantes de zonas urbanas marginales se tomó las calles, enfrentó una lluvia de balas del ejército boliviano y forzó la cancelación de un contrato con la corporación estadounidense Bechtel, que triplicó las tarifas del suministro de agua y reclamó la propiedad de las fuentes, manantiales y ríos que son un recurso común desde hace miles de años.

Ahora, las autoridades de la ciudad están administrando de nuevo el sistema de agua como bien común que es y luchan por mantenerlo con sus escasos recursos.

¿Es el agua una materia prima como el petróleo o el gas que puede ser comprada o vendida en el libre mercado al mejor postor?¿0 es un recurso tan esencial que debería darse al menos una mínima concesión de su uso a todas las personas como reconocimiento de su derecho a la supervivencia?

En un orden mundial capitalista es de simple sentido común comercial la búsqueda del lucro donde la demanda y la escasez hacen que los precios suban vertiginosamente, dejando en el desamparo a aquellos que no pueden pagarlos.

Pero no hay sustitutos para el agua. Privar a un tercio de la población del planeta del acceso al agua equivale a sentenciar a esa porción de la humanidad a morir lentamente a causa de privaciones y enfermedades.

Pero los impactos provocados por la falta de agua potable no golpearían sólo a los que carecen del recurso. Sin éste es imposible la higiene básica y, en una economía globalizada, las enfermedades engendradas en las fuentes contaminadas por aguas residuales en ciudades asiáticas y africanas se propagarán por todo el mundo.

La lucha por el control del agua mundial puede cambiar el curso de la historia humana. Las comunidades están reaccionando ante las amenazas de expropiación de su recurso más esencial y redescubriendo el significado del objetivo común. Nosotros pertenecemos al agua y el agua nos pertenece a todos nosotros.

* El autor dirige el Mainstream Media Project, con sede en Estados Unidos. Derechos reservados IPS.


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