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La muerte acecha a buzos indígenas |
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Por Giovanna Tassi*
Al menos cuatro mil 200 miskitos están lisiados a causa de la inseguridad de su faena durante la captura de langosta. El gobierno estudia nuevos reglamentos pesqueros.
WASHINGTON.- La pesca de langosta en La Mosquitia,
en el mar Caribe hondureño, es fuente de vida, pero también de muerte:
la inseguridad de la faena de buceo en alta mar ha dejado lisiados
a por lo menos cuatro mil 200 indígenas miskitos.
Esta etnia vive de la pesca de langosta (Panulirus arhus), que es
también una de las actividades más rentables para las exportaciones
de Honduras, sobre todo a Estados Unidos.
"En 2002, según fuentes del Banco Central de Honduras,
la exportación de langosta aportó
31 millones de dólares al Estado.
La mayor parte de los crustáceos se
vende a la cadena de restaurantes estadounidense Red Lobster, cuyo
portavoz asegura que esa firma sólo compra a proveedores
capaces de demostrar que todas sus langostas son capturadas mediante
trampas, sin buceo."
Para la pesca de langosta de agosto
a mayo, la mayoría de los varones adultos bucea, mientras los más
jóvenes los acompañan en pequeñas embarcaciones llamadas cayucos,
en torno a barcos de mayor calado. Pasar de cayuquero a pescador
marca culturalmente el fin de la adolescencia.
Un estudio de la Fiscalía Especial de Etnias y Patrimonio Cultural,
auspiciado por el Banco Interamericano del Desarrollo, con sede
en Washington, registró en la zona cuatro mil 200 buzos lisiados,
casi la mitad de un total de nueve mil.
Los responsables de esa investigación afirmaron que las condiciones
de trabajo de los pescadores de langosta violan las más elementales
normas de seguridad del buceo profesional.
Se trabaja de 12 a 17 días en alta mar, con agotadoras sesiones
de buceo de más de cinco horas diarias, en profundidades de hasta
unos 43 metros y con equipos de mala calidad, indicaron.
Esos datos fueron confirmados a Tierramérica por Oswaldo Munguía,
director de la organización no gubernamental Mopawi (acrónimo en
lengua miskita de Agencia para el Desarrollo de La Mosquitia), quien
se ocupa de la cuestión de los pescadores de langostas desde fines
de los años 80.
Para muchos miskitos, ser un buzo lisiado es la consecuencia de
haber roto el tabú del mar, explicó.
Según tradiciones de esa etnia, las profundidades del mar son habitadas
por Liwa Mairin, un ser similar a las sirenas de otras mitologías,
que cuida los recursos marinos y castiga a quienes pescan demasiado
con un hechizo que los deja lisiados.
Munguía recordó el fracasado intento de abrir una escuela móvil
para buzos como respuesta a la terrible situación que viven.
Esa experiencia "comenzó con mil quinientos buzos y la idea era
de formar una organización sólida y única, es decir con filiales
en las otras zonas de la Mosquitia", cuyas comunidades están muy
apartadas entre sí, relató.
"Pero la escuela fracasó por la inmadurez de los buzos miskitos.
Algunos de sus líderes se apropiaron indebidamente de las cotizaciones
de sus compañeros y esto mató la moral y la iniciativa", afirmó
el activista.
En el estudio de la Fiscalía Especial se sostiene que cada buzo
recibe dos dólares y medio por cada libra (aproximadamente medio
kilogramo) de langosta pescada y pesada, y que el pesador resta
cinco por ciento del peso, porque aduce que los crustáceos están
llenos de agua.
A su vez, el pescador debe pagar unos 80 centavos por libra al cayuquero.
En alta mar, quien dicta las reglas es el capitán del barco. Es
él quien decide donde duerme cada tripulante y quien controla el
suministro de alimentos (galletas), bebidas alcohólicas e incluso
drogas ilegales, a cambio de caracoles y filetes de peces que los
buzos deben pescar mientras faenan las langostas.
La “Guía verde para el buzo profesional” elaborada por la Mopawi
y la Iglesia Morava (la iglesia que, junto con el Instituto Lingüístico
de Verano, estableció la escritura de la lengua miskita con una
traducción de la Biblia) advierte que el uso de drogas como marihuana
y cocaína es muy peligroso para los buzos.
Esas drogas ilegales añaden al aire respirado por los buzos sustancias
que, al mezclarse con la sangre, impiden la correcta evacuación
del nitrógeno, y así pueden aumentar la gravedad del síndrome de
descompresión inadecuada en los pescadores.
Ese síndrome es causado por bucear en aguas demasiado profundas
o retornar a la superficie con demasiada rapidez, lo que produce
falta de oxígeno en el cerebro y dolores crónicos, desórdenes neurológicos,
parálisis parcial o total e incluso la muerte.
Según el director general de pesca de la Secretaría de Agricultura
y Ganadería, Marcio Castellón, limitaciones presupuestarias impiden
atender con eficiencia el problema de los buzos misquitos, pero
ese organismo trabaja "en un plan estratégico para elaborar las
nuevas políticas pesqueras", y revisar la "obsoleta" ley de 1959
que rige en la materia.
La industria pesquera se ha mostrado dispuesta a capacitar a los
buzos, añadió.
De acuerdo con el informe de la Fiscalía, en La Mosquitia sólo hay
dos cámaras hiperbáricas, que se usan para estabilizar la condición
de los afectados por el síndrome de descompresión inadecuada, y
el costo del tratamiento es alrededor de 300 dólares, inaccesible
para muchos buzos.
* La autora es colaboradora de Tierramérica. Con aportes de Thelma Mejía (Honduras).
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