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Turbios negocios con el agua pura

Por Mark Sommer*

Tan cara se ha vuelto el agua embotellada que ahora supera en precios al petróleo en una relación de tres a uno.

BERKELEY.- Con una inextinguible sed de nuevos manantiales, los gigantes de la industria multinacional de los alimentos y las bebidas están drenando rápidamente las reservas públicas de agua potable a lo largo y ancho del mundo para convertirlas en líquido embotellado. Al tiempo que hacen propaganda de su producto anunciándolo como la alternativa saludable para las bebidas azucaradas, compañías transnacionales como Perrier/Nestlé (con 30 por ciento del mercado), Danone (15 por ciento), Pepsi y Coca Cola han creado una industria global de 35 mil millones de dólares, que se prevé crecerá 30 por ciento al año durante un futuro indefinido.

La cuestión, dicen los críticos, es que los gigantes industriales se están inundando en ganancias a expensas del público y colocan al elixir de la vida fuera del alcance de todos menos de los pudientes.

Tan cara se ha vuelto el agua embotellada que actualmente supera en precios al petróleo en una relación de tres a uno: en Estados Unidos el agua se cotiza en cerca de cuatro dólares el galón, mientras que el galón de gasolina cuesta 1,50 dólares, el agua filtrada 0,18 dólares y el agua corriente tres centésimas partes de un centavo de dólar.

Con estos precios, el agua embotellada cuesta 13 mil 200 veces más que el agua corriente, lo que constituye un margen de ganancias sin precedentes en la historia.

Las compañías sólo necesitan comprar o alquilar la tierra en la cual está situada la fuente y pagar un derecho nominal para obtener un acceso ilimitado a las existencias públicas subterráneas de agua dulce.

En la zona rural de Wisconsin, Estados Unidos, el gobierno estatal le dio a Perrier una licencia para un bombeo ilimitado de más de 500 galones por minuto durante las 24 horas del día, a cambio de un pago redondo de 100 dólares.

Atraído por la promesa de creación de puestos de trabajo, el estado de Wisconsin también ofreció a Perrier 10 millones de dólares de incentivos y 12 años de exención del pago de impuestos escolares.

Lo que permite a las compañías obtener términos tan favorables a expensas de los bienes públicos, aparte de la influencia que compran sus bien dotados bolsillos, son las leyes sobre las aguas subterráneas, que datan de épocas en las que el recurso era abundante, la población escasa y la demanda de riego limitada.

Texas y otros cinco estados estadounidenses todavía aplican una "norma de captura" que data de la época de la llamada conquista del oeste y permite a cualquier terrateniente bombear agua hacia su propiedad, aunque ello signifique dejar a sus vecinos sin suministros de agua, sin por ello incurrir en responsabilidad legal alguna.

Los críticos de la industria citan una doctrina diferente y más antigua que asigna a los gobiernos el deber de asegurar el acceso universal a los componentes esenciales de la vida, incluyendo el aire y el agua.

La industria del agua embotellada no está confinada en las ricas naciones occidentales. Desde Ghana a India, Coca Cola y otras empresas transnacionales están encontrando fuerte resistencia de parte de los residentes locales, quienes denuncian que sus pozos se están secando, los cultivos están muriendo y la salud de las personas está decayendo por falta de agua dado que aquellas compañías están agotando sus fuentes ancestrales.

Por otro lado, pese a su alto precio y a su reputación de pureza, el agua embotellada no se ajusta generalmente a las rigurosas exigencias de las normas municipales.

En un estudio para el que se tomaron miles de muestras de agua
embotellada estadounidense, el Natural Resources Defense Council,
organización de defensa de los recursos naturales, halló que "un cuarto de las aguas embotelladas es simplemente agua corriente embotellada, algunas de ellas filtradas y otras no".

Asimismo, el etiquetado y la publicidad son a menudos engañosos, ya que hacen suponer que el agua embotellada proviene de fuentes prístinas, cuando en realidad no es así.

Por ejemplo, una marca de "agua de manantial" cuya etiqueta muestra un paisaje con un lago y montañas, en realidad viene de un pozo ubicado en un terreno para estacionamiento de vehículos cerca de un peligroso basurero.

Pero suscitar dudas sobre el costo y la calidad de algunas aguas
embotelladas, así como de su impacto en los suministros públicos, no es condenar a toda la industria. Así como con otras industrias, están quienes se ajustan a las reglas y quienes no.

El agua fresca pura se está volviendo cada vez más escasa a medida que la población y la contaminación aumentan. Pero la respuesta más eficaz es modernizar los sistemas públicos en todo el mundo para producir agua de tal nivel de pureza que haga que nadie necesite recurrir a agua "privada". Entonces, la única botella que usted siempre necesitará es aquella que pueda llenar en los manantiales de su comunidad.

* El autor es columnista y director del Mainstream Media Project, con sede en Estados Unidos.




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