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El vía crucis de la palma y el loro

Por Yadira Ferrer*

Una campaña intenta frenar en Colombia la depredación durante la Semana Santa de un árbol y un ave, amenazados de extinción.
Miles de fieles siguen usando masivamente el Domingo de Ramos las hojas de la palma de cera, que es el hogar del loro orejiamarillo.

BOGOTA.- "Por la conservación de la palma de cera y el loro orejiamarillo, reconcíliate con la naturaleza", piden autoridades ambientales y organizaciones no gubernamentales (ONG) de Colombia, en una campaña contra el tradicional uso en la Semana Santa cristiana del árbol nacional, que es hábitat de esa ave. Ambas especies están amenazadas.

En la campaña se invita a la población a tomar conciencia sobre su responsabilidad en la protección de los recursos naturales y se hace un llamado a reemplazar la palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense), usada para la celebración del Domingo de Ramos, con espigas de trigo, pañuelos o flores.

Para esa celebración, que da inicio a la Semana Santa y conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, su imagen es saludada por creyentes que agitan hojas de palma de cera, y para ello se usan millares cada año, incluso mediante la tala de árboles de más de 200 años, que llegan a 25 metros de altura, según información de la Presidencia de Colombia.

Esa práctica es tan antigua como el establecimiento de los primeros católicos en Colombia, al inicio del periodo colonial.

Los mensajes a la población, transmitidos por el canal estatal de televisión Señal Colombia, son apoyados por el Ministerio del Ambiente, la división ambiental del Departamento Administrativo de Seguridad (inteligencia), la Corporación Ambiental de Cundinamarca (autoridad regional de ese departamento central), el Departamento Administrativo del Medio Ambiente de Bogotá y las ONG Conservación Internacional (capítulo de Colombia) y Proaves.

El árbol nacional, cuyo nombre alude a la capa cerosa blanca que cubre sus largos tallos, es una de las 11 especies de su género que existen en el mundo, y se localiza en las zonas andinas de Colombia y Bolivia. Sus parientes más cercanos del otro lado del continente están en Australia.

La palma de cera, que crece en regiones montañosas del centro y el sur del país, es el único hábitat del loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis), críticamente amenazado de extinción, que sólo habita en los occidentales departamentos colombianos de Tolima y Antioquia, explicó a Tierramérica Luz Cortes, de Conservación Internacional Colombia.

La relación del ave con la palma es crucial para ambas especies, porque el loro encuentra en el árbol alimento, dormitorio comunal y espacio para anidar, pero a la vez su picoteo es necesario para esparcir las semillas que reproducen a la especie vegetal.

El loro orejiamarillo, de fuerte pico negro, tiene una longitud de aproximadamente 46 centímetros, y toma su nombre de una banda de color que se extiende desde su frente hacia los lados de su cabeza. Sus plumas dorsales son verdes, las ventrales verde pálido y las de la cola, color café.

Según el Ministerio del Ambiente, cerca de 21 por ciento de las 53 especies de loros que habitan en Colombia están amenazadas por la caza y el comercio ilegales, entre ellas el loro multicolor (Hapalopsittica amazonina), que habita en los Andes colombianos y venezolanos, y el loro de fuertes o aliazul (Hapalopsittica fuerttessi), endémico del país.

Una investigación publicada en el "Libro Rojo de Aves de Colombia", editado por el estatal instituto Humboldt, señala que están en riesgo de extinción 12 de las mil 800 especies de aves colombianas, que son el conjunto más rico del mundo.

La coalición ambientalista BirdLife Internacional destaca por su parte que de nueve mil 700 especies de aves en el mundo, cuatro mil 339 (45 por ciento) se encuentran en América, y de ellas hay 649 en riesgo de extinguirse antes de 2002.

Según ONG ambientalistas, la acción humana sobre la naturaleza es la principal causa de que esas especies estén en peligro de extinción.

Otras especies que corren peligro en Colombia durante la Semana Santa, por la costumbre de comer su carne, son la tortuga icotea (Trachemys scripta callirostris) y la iguana, que habitan en la zona norte y también están en riesgo de extinción.

Las tortugas icotea se reproducen de enero a abril, y son víctimas de un cruel procedimiento para extraerles los huevos del vientre, tras lo cual quedan abandonadas y mueren por infección.

Esa especie de agua dulce sólo habita en Colombia y se encuentra fuertemente diezmada por la contaminación de su hábitat y la acción de los cazadores que las persiguen para consumir o vender su carne, especialmente en Semana Santa.

La iguana (Iguana iguana) es un reptil diurno que vive en la copa de los árboles y llega a medir más de 75 centímetros. Desempeña un papel fundamental dentro del bosque seco tropical, donde actúa como depredador primario que consume saltamontes, grillos y algunas plagas agrícolas.

* La autora es colaboradora de Tierramérica


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Enlaces Externos

Ministerio de Medio Ambiente de Colombia

Conservación Internacional Colombia

Proaves

Birdlife International

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