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Análisis


Galápagos al borde de las crisis

Por Javier Ponce*

El famoso archipiélago sufre los efectos del clientelismo político, la informalidad de la economía y la debilidad institucional en Ecuador, opina el analista Javier Ponce, en una columna exclusiva para Tierramérica.

QUITO.- Ecuador busca ante la Organización Marítima Internacional que el archipiélago de Galápagos sea declarado "zona marina especialmente sensible", con el fin de proteger sus aguas de la contaminación de buques de tráfico internacional.

Pero las islas, que inspiraron la teoría de la evolución de Darwin, se están convirtiendo, en los hechos, en “zona marina constantemente al borde de las crisis”, y no precisamente a causa de naves foráneas.

En las últimas semanas, dos sucesos abrieron las puertas a un futuro desastre: las intenciones militares de apoderarse de la isla Baltra, la puerta de entrada al archipiélago, y un prolongado paro de pescadores artesanales que acabó con un absurdo acuerdo suscrito por un ministro del Ambiente que debió renunciar ante la ola de protestas internacionales.

Las Fuerzas Armadas tienen antiguas instalaciones en Baltra, desde tiempos en que esta isla fue un enclave militar estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Una curiosa ley aprobada por el Congreso ecuatoriano a comienzos de la década, conocida como “ley trolebús” por juntar en su interior una variopinta e incoherente colección de disposiciones legales, autorizaba a las instituciones públicas a demandar la propiedad sobre cualquier bien que hayan poseído de hecho durante cinco años.

Y a la sombra de esa ley, se despertó el apetito militar por toda la isla.

El tema provocó tales reacciones internacionales y nacionales, que las propias Fuerzas Armadas se arrepintieron y están buscando la manera de echar tierra sobre la decisión judicial que les adjudicó la propiedad sobre Baltra, lo que habría significado que las autoridades ambientales pierdan todo control sobre lo que allí ocurra.

"Galápagos no puede ser manejado como archipiélago autónomo, hay una estrecha interrelación entre el ecosistema marino y el terrestre", afirma Ruth Elena Ruiz, directora ejecutiva de la no-gubernamental Fundación Natura.

Mientras tanto, al costado del capricho militar, medra el de los caciques políticos: detrás del paro en febrero de pescadores artesanales que buscaban derogar el reglamento de pesca vigente, estaba un diputado local.

En el fondo, los pescadores artesanales, que ya tienen el privilegio de ser los únicos autorizados para faenas de pesca en las islas, querían obtener permiso para volver a echar al océano el peligroso "palangre", ese apero de pesca de gran capacidad que arrastra todo lo que encuentra, incluidos tiburones, lobos de mar o aves.

Lo paradójico del caso es que el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, ha entregado recursos para la construcción de depósitos de pesca tan grandes, que para llenarlos hay que usar métodos como el "palangre”. ¡Una institución internacional de desarrollo despertando el apetito de los depredadores!

Ese permanente peligro de destrucción que se cierne sobre una geografía en la que el tiempo se congeló, conduce a paradojas. Por ejemplo, una cuadrilla de helicópteros artillados ha declarado la guerra a los chivos y cabras. Ruth Elena Ruiz insiste en la urgencia de acabar con esta especie extraña a Galápagos, que está en capacidad de derrotar a las especies nativas de las islas. La experta señala lo difícil y costoso que significaría sacar por tierra a los animales que habitan los acantilados, por lo que eliminarlos desde el aire, con todo lo extraño que suena en estos tiempos de guerras desiguales, es la forma más aconsejable de actuar.

Galápagos es expresión de la curiosa contradicción entre un laboratorio ambiental, y la necesidad de supervivencia de poblaciones que la pobreza expulsó del continente.
Todas las teorías en boga se ponen a prueba allí.

¿Es posible el desarrollo sustentable en medio de la necesidad de expansión de la explotación de los recursos?

¿Se puede proteger, casi bajo una campana de cristal, una región que pudo mantenerse durante siglos, en su forma original, al margen de los intereses del mercado (aquellos intereses protagonizados, en siglos pasados, por los sucesivos balleneros que se acercaban a las Galápagos)?

No es posible perder de vista a estas islas un solo momento, porque Galápagos no escapa de las manifestaciones de clientelismo político en Ecuador, de la informalidad de su economía, de la debilidad de sus instituciones, cuando no son los sofisticados apetitos de Oriente los que provocan, periódicamente, las devastadoras pescas del pepino de mar para cubrir la demanda de los barcos japoneses que rondan las islas.

Por hoy se está salvando de las bases militares y de las presiones de los pescadores. Habrá que atender a lo que ocurra mañana.

* El autor es escritor y columnista ecuatoriano. Entre sus libros sobre el tema indígena destaca “Y la madrugada los sorprendió en el poder”.




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