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La prohibición de la coca, un completo fracaso

Por Emma Bonino*

En lugar de apoyar programas fallidos, la ONU debería apostar a los usos originales de la coca, opina Emma Bonino, eurodiputada y fundadora de la Liga Antiprohibicionista Internacional en una columna exclusiva para Tierramérica.
La coca, argumenta, ha sido durante siglos materia prima para la producción de té, harina, pasta de dientes, jabón, condimentos y tejidos, entre otros.

BRUSELAS.- Hace cuatro años, el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de las Naciones Unidas estableció un Foro Permanente para discutir cuestiones indígenas "relacionadas con el desarrollo económico social, la cultura, el ambiente, la educación, la salud y los derechos humanos".

Con un debate que se ha visto agobiado por una variedad de temas que van desde el ambiente a la justicia social y de las lenguas a las religiones, el Foro nunca hizo frente a un asunto que es crucial para muchos grupos indígenas: la coca.

La coca es un elemento central, si no vital, de la misma vida, la tradición, la cultura, la religión y la economía de docenas de pueblos indígenas que viven e la región de los Andes.

La principal razón de esta omisión es que, desafortunadamente, la coca es una de las plantas que han sido estrictamente reglamentadas por la Convención Única de las Naciones Unidas sobre Narcóticos y Sustancias Psicotrópicas de 1961.

Durante la última década, la comunidad internacional ha tratado asuntos relacionados con la coca y promovió una serie de proyectos de "reducción de suministros", así como de "desarrollo alternativo" para erradicar la planta "malvada" de la faz de la tierra. Todos esos esfuerzos han sido inútiles para eliminar y/o sustituir a la coca por otros cultivos lícitos.

Muchos de estos programas, como las fumigaciones aéreas en Colombia, han sido llevados a cabo con medios violentos y han tenido un trágico impacto sobre la salud de miles de personas y el ambiente.

En otros esfuerzos para la erradicación de la coca se prometió dinero a los campesinos si desistían de cultivarla y/o sustituirla con otros cultivos. A pesar de algunos tímidos resultados positivos a fines de los años 90, a mediano y largo plazo, esos programas fracasaron miserablemente.

Es diferente la historia de los proyectos de "desarrollo alternativo". Aunque en teoría es buena la idea de promover cultivos lícitos como una alternativa a los cultivos usados para la producción de narcóticos, en la práctica la sustitución nunca demostró ser completamente autosuficiente a mediano o largo plazo.

De hecho, una vez que la comunidad internacional se retiró de esos proyectos los progresos alcanzados desaparecieron en cuestión de meses.

En el marco de su trabajo a favor de la promoción de un "desarrollo alternativo", la ONU debería realizar un estudio de factibilidad para evaluar la posibilidad de permitir el desarrollo de los usos originales de las plantas que ahora son usadas para producir narcóticos.

En efecto, la coca puede ser usada para producir algunos medicamentos de diferentes tipos, pero también, como se ha hecho durante cientos de años, para la producción de té, harina, pasta de dientes, jabón, condimentos, tejidos, goma de mascar y diversos suplementos dietéticos y para aliviar el abuso de las sustancias químicas procesadas a partir de sus hojas.

Si la ONU está realmente comprometida en la mejora de la calidad de vida socioeconómica de las poblaciones en cuestión a través de "proyectos de desarrollo sostenible", el uso original de estas plantas debería ser integrado en los programas, no para prevenir, reducir o eliminar la producción de los cultivos de coca sino para disminuir la producción misma de los narcóticos ilícitos.

Los proyectos para un desarrollo alternativo deberían enfrentar del modo más amplio la situación económica de los campesinos que cultivan plantas con las que se producen drogas debido no sólo a la "pobreza rural", como afirma la ONU, sino también porque estas plantas que fueron puestas fuera de la ley hace 40 años son una parte integral de la cultura de estos pueblos.

Si el Foro Permanente pudiera examinar la posibilidad de hacerse eco de cuestiones vinculadas a la coca en su informe anual, donde se efectúan recomendaciones a la ECOSOC, se daría una contribución sustancial a las cuestiones indígenas, haciendo que ellas se conviertan en asuntos concernientes al mundo en general.

Quizás sea demasiado tarde para que ello ocurra en la sesión de este año, que se cierra el 10 de mayo, pero comenzar a ocuparse ahora pondrá en marcha un proceso preparatorio para las discusiones del año próximo.


* La autora es diputada en el Parlamento Europeo y miembro fundador de la Liga Antiprohibicionista Internacional. Derechos reservados IPS




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