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Una película con bendición verde

Por Diego Cevallos*

Pese a su ligereza argumental, “El día después de mañana” es alabada por abordar, por primera vez en el cine, el tema del cambio climático. Críticos y espectadores de América Latina dan su opinión sobre la cinta

MÉXICO.- La etiqueta verde que ambientalistas pusieron a la cinta “El día después de mañana”, animó su estreno en América Latina, donde en pocos días se comió una buena tajada del mercado cinematográfico y dejó en segundo plano la batería de críticas en su contra.

Pese a la ligereza de su argumento, que incluye exhibición de catástrofes poco creíbles y una catarata de efectos especiales, la cinta fue alabada por exponer, por primera vez en el cine, las posibles consecuencias del cambio climático global.

En algunos países de América Latina, como México y Brasil, se registraron por momentos largas filas a las entradas de los cines cuando se estrenó la película, dirigida por el alemán Roland Emmerich.

“Queríamos hacer una fantástica película veraniega que pudiera entretener a la gente”, dijo Mark Gordon, productor del film.

Según Greenpeace, “El día después de mañana ¡es hoy!”, afirmación que muchos espectadores y críticos tomaron con pinzas.

“La película nos muestra desastres provocados por el cambio climático. Millones de personas verán la película y se preguntarán: ¿Qué tan real es este problema? Por desgracia es real y no podemos perder más tiempo para hacerle frente”, afirmó la ONG internacional.

El crítico de cine argentino, Horacio Bernades, sostuvo que la cinta es “tal vez la primera muestra de cine catástrofe con meta-texto ecológico”.

Lo bueno de la película “es que tanto desastre global puede ser excitante y hasta divertido, sin dejar de hacer sonar una advertencia y evitando que ésta se vuelva pesadamente admonitoria”, añadió.

Sigifredo Eusse, crítico de cine colombiano, también rescata el hecho de que la película muestre “la tragedia que puede causar en el medio ambiente la acción depredadora del hombre”.

A los realizadores de la cinta les tomó poco más de seis meses y 100 millones de dólares filmar los desastres naturales que inundan su producción, sin duda tiempo y dinero infinitamente menores que los gastados por la especie humana para impactar en el clima del planeta.

El calentamiento de la Tierra, que entre otras cosas se expresa en el aumento de las temperaturas y el nivel de los mares, se atribuye a la acumulación en la atmósfera de los gases producidos por la quema de combustibles fósiles como petróleo o carbón.

Diversas estadísticas indican que hubo un incremento de 0,3 a 0,6 grados centígrados de la temperatura media planetaria desde 1860 a los años 90 y que el nivel del mar subió en el siglo XX entre 10 y 25 centímetros.

Sin embargo, los efectos de calentamiento global pronosticados por los científicos no serán tan súbitos ni tan extremos, como sugiere la película, donde en un abrir y cerrar de ojos grandes olas inundan Nueva York, tornados destruyen Los Ángeles y una tormenta de nieve golpea a Nueva Delhi.

“El día después de mañana” es una película “muy entretenida para quien gusta del género cine-catástrofe, pues tiene suspenso y humor, pero es también un poco exagerada”, dijo a Tierramérca Susana Feldman, uno de los miles de argentinos que ya vieron la cinta.

El crítico de cine mexicano Eduardo Marín la consideró interesante, pero advirtió que “se desploma en el desarrollo del relato, en el devenir de los personajes, en el cruce de las diferentes historias individuales”. Se trata de un guión superficial, de ligereza argumental, señaló.

Opinión similar expresó la chilena Lídice Varas. “Sin el vértigo de los efectos especiales -única razón para ver sin culpas esta clase de películas- las dos horas de duración son tan frías como la era glaciar”, dijo.

Varas señaló que los críticos están en todo su derecho de destruir la película "por obvia y fría", pero es rescatable su afán de llamar la atención sobre el calentamiento global del planeta.

La frecuencia y la intensidad de los desastres naturales atribuidos al cambio climático han ido en aumento a lo largo de los últimos 30 años, según estudios patrocinados por la Organización de Naciones Unidas, ONU.

América Latina tiene experiencia en el tema. Se estima que en la década de los años 90 fallecieron en esta región alrededor de 75 mil 300 personas en desastres relacionados con eventos naturales, entre ellos inundaciones, tormentas, huracanes y deslizamientos de tierra.

Los daños económicos vinculados a los desastres naturales se cuadriplicaron entre 1970 y 1990, hasta sumar unos 28 mil 500 millones de dólares en América Latina, indica el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

En 1997 se firmó el Protocolo de Kyoto para el control de las emisiones causantes del calentamiento global. Pero su aplicación se mantiene en entredicho, pues Estados Unidos, el principal emisor de los gases, se niega a ratificarlo, igual que otros países industrializados como Rusia y Japón.


* El autor es corresponsal de IPS. Con aportes de Yadira Ferrer (Colombia), Gustavo González (Chile) y Marcela Valente (Argentina).


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