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Niños de América Latina comparten sus visiones a propósito del Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra el 5 de junio. En exclusiva para Tierramérica, respondieron a la pregunta: ¿Cuál es el problema ambiental que más te preocupa y cómo se podría resolver?


Sin árboles, la tierra no aguanta

BRASIL.- "El principal problema es la deforestación, en Brasil se deforesta mucho y la tierra sin árboles no aguanta cuando la lluvia es muy fuerte. Necesitamos bosques para tener oxígeno y respirar ", dice Priscila Gomes de Souza, 12 años, quien estudia el sexto grado de primaria en una escuela pública de Río de Janeiro.

La deforestación provoca “la contaminación del aire, la muerte de los animales, el derrumbe de las laderas y las inundaciones que matan mucha gente”, explica Priscila, amante de las clases de ciencia.

"La gente deforesta para construir sus casas, las industrias. Donde voy siempre, en Campos (municipio a 180 kilómetros de Río), ya no hay bosques, porque tiene mucha caña de azúcar. Pero no se necesita deforestar todo para hacer estas cosas."

Priscila propone disminuir la deforestación de la Amazonia, a través de campañas en la televisión, carteles y la enseñanza en las escuelas. También propone plantar árboles, pero advierte que “tiene que ser con muchas plantas de tipos distintos”.

Priscila cree que la mayoría de sus compañeros sí respeta la naturaleza, y que “la juventud es más conciente que sus padres."


Que tapen todos los buses

GUATEMALA.- "Hay que tapar las camionetas (autobuses urbanos) que echan tanto humo bien negro. Sí taparlas, meter un palo por el escape”, propone Marcos Jeremías, 10 años, niño de la etnia k'iché, una de las 23 que habitan Guatemala.

Marcos no sabe leer, ni escribir, pero sí sabe contar el “pisto” (dinero). Gana unos 20 quetzales (2,5 dólares) al día por la venta de chicles, jugos, dulces y cigarros en una caja de madera que coloca en una de las bancas de concreto de la Plaza de la Constitución, en el centro histórico de la capital guatemalteca.

"Aquí pasan las camionetas y ensucian mucho, molestan mucho porque echan tanto humo que entra por la nariz y por la boca", afirma.

“Los peores son los gusanos”, dice en referencia a los buses articulados, de doble vagón que operan en la capital desde 1998.

Un estudio de 2001 de la estatal Universidad de San Carlos detectó valores de hasta 600 microgramos por metro cúbico de Partículas Totales en Suspensión (TPS), en dos puntos al sur de la ciudad. El límite de TPS fijado por la Organización Mundial de la Salud es de sólo 65 microgramos por metro cúbico.


Estrellas de mar vivas, no muertas

MÉXICO.- “Si uno tira basura al mar, el agua se contamina y los pececitos mueren. Por eso yo no tiro nada cuando voy a la playa”, dice Sara Emma Cevallos, cinco años, quien cursa el ciclo pre-escolar en una escuela privada de Ciudad de México.

“A mí me preocupa porque muchísimos animales viven en el mar. Los que más me gustan son los peces voladores, los caballitos de mar color rosa, los pulpos bebés, las tortugas, las sirenas y las estrellas de mar vivas, no muertas”.

También le preocupan las ballenas. “Los cazadores son malos porque matan a las ballenas y a sus bebés. Pero en México no hacen eso, porque el presidente dijo que no”, afirma.

Hace poco en la escuela, Sara Emma y sus compañeros se dedicaron un mes al tema del mar. A través de cuentos, películas, juegos y trabajos artísticos conocieron la importancia de la vida marina.

“Yo hice un póster sobre el pulpo. Dibujé un pulpo y aprendí qué comen, cómo cuidan a sus hijos. También llenamos una botella con agua azul, arena y pececitos de papel. Metimos el mar en una botella, para enseñarles a los papás, por si no saben del mar.”


Aerosoles, ni para graffiti

MONTEVIDEO.- “Lo que más me preocupa es la destrucción de la capa de ozono”, dice Franco Balerio, 11 años, quien propone dejar de usar aerosoles “en cosas inútiles como pintar graffiti en las paredes”.

Franco cursa quinto año de primaria en una escuela privada de Montevideo y tiene pasión por los juegos electrónicos.

“Los aerosoles tienen una cosa que corroe la capa de ozono y entonces se hace un agujero y por ahí no se filtran los rayos solares que hacen daño”, explica.

“La maestra nos contó que antes la gente pasaba muchas horas en la playa y no pasaba nada, pero luego se empezaron a usar muchos aerosoles y ahora hay que cuidarse, porque el sol quema. Tiene que haber límites en las horas de exposición al sol.”

¿Quién tiene la culpa? Según Franco, “las industrias no se preocupan por la naturaleza. Y tampoco la gente. A algunas personas no les importa, otras no saben el daño que causan al usar ciertos productos”.

Según el Protocolo de Montreal, América Latina deberá eliminar para 2010 el uso de los clorofluorocarbonos, CFC, sustancias agotadoras de la capa de ozono, usadas en refrigeración y aerosoles.


Los niños pueden arreglarlo

BOGOTA.- “Si el mundo continúa como está, los niños en el futuro ya no vamos a poder disfrutar de la vida. Los animales, los árboles, las flores, el agua, todo estará contaminado”, sentencia la colombiana Manuela Jaramillo, 12 años, quien participará en la Conferencia Internacional de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente para Niños, en julio en la ciudad estadounidense de New London.

“Yo considero que al mundo adulto tiene mucho por hacer porque la mayoría de resoluciones que se adoptan sobre medio ambiente se quedan en el aire. Si todos los gobiernos se propusieran cumplir con los compromisos que ya firmaron, el mundo sería mejor”, dice.

Según Manuela, la única latinoamericana en un grupo de 11 niños de todo el mundo encargado de organizar la cumbre infantil, su generación “está muy preocupada por el medio ambiente, pues hablamos de que el mundo se está acabando”.

Sostiene que los niños de hoy tienen más conciencia sobre los problemas ambientales, “pues ya en los colegios nos hablan de la contaminación y aprendemos mucho”.

Y no pierde el optimismo: “el mundo futuro tiene que ser mejor, porque cuando lleguemos (los niños) al mundo adulto podremos arreglar muchas cosas”.


La basura y el mercurio

PERÚ.- “Me gusta mi bosque, hay plantas y animales. Me preocupa la contaminación porque nos puede enfermar a todos. Y lo que más me preocupa es la basura”, dice Oshin, 11 años, quien vive en la Amazonía peruana.

En la aldea de Oshin, llamada Boca Amigos, viven 23 familias indígenas andinas que buscan oro en las orillas de un río en la selva amazónica, a nueve horas de viaje en lancha de la ciudad más próxima.

Allí la ONG Asociación para la Niñez y su Ambiente, ANIA, desarrolla un proyecto piloto de educación ambiental para hijos y padres.

“Todos los niños de Boca Amigos botamos la basura en tres bolsas diferentes. En una ponemos los papeles, en otra los restos de alimentos que se echan en los ecosilos para producir abono, y en la tercera van los vidrios y plásticos, para enterrarlos en un pozo”, explica.

Pero hay otro grave problema que preocupa a Oshin: el mercurio. Ella sabe que el metal que utiliza su padre para separar el oro de la arena es peligroso para ella y su familia, y para los peces que los alimentan. Pero no tiene una idea muy clara de cómo impedir o reducir tal riesgo. Por eso prefirió hablar de la basura.


Del color de la papaya

CARACAS.- “Cuando me hablan de la naturaleza pienso en colores vivos, como los del perejil, la auyama o las papayas que sembramos junto a mi escuela. Si seguimos destruyéndola, me imagino entonces un futuro de color gris, como el de la ceniza", dice Carmen Elena Corales.

Caraqueña de 12 años, Carmen cursa el séptimo grado de primaria en el Colegio Ecológico Bolivariano "Simón Rodríguez", apoyado por el ejército en Fuerte Tiuna, la principal instalación militar de la capital venezolana.

"Mi colegio está pegado a una montaña y nosotros cultivamos las pequeñas plantas
que después disfrutamos en el comedor. Si se quiere, se puede conservar la naturaleza", dice.

El tráfico ilegal de animales también preocupa a Carmen. "Los pájaros son mis animales preferidos, con sus vivos colores y por la libertad de su vuelo. No me gustan los zoológicos, con sus animales encerrados y tristes, y me duele ver la venta de aves en jaulas a la orilla de la carretera".

"Deben hacerse campañas como las de Inparques (Instituto Nacional de Parques), para que la gente tome conciencia de que esta es nuestra gran casa. Hacer juegos para que los niños estén en contacto con la naturaleza y vean lo maravillosa que es".


Demasiada agua en Buenos Aires

BUENOS AIRES.- “El más grave problema es el de la inundación y si (el presidente Néstor) Kirchner lo soluciona va a ayudar a mucha gente”, dice Manuel Waldman, 10 años, habitante de Buenos Aires.

Manu, como lo llaman, es fanático de "Harry Potter" y se le parece cuando se calza sus anteojitos. Está muy molesto por las lluvias que, con frecuencia, transforman a su ciudad en una especie de Venecia. Una vez, el ómnibus que lo traía de la colonia de verano se retrasó varias horas por causa de una inundación y sus padres se desesperaron hasta que llegó sano y salvo.

“En Buenos Aires la gente tira basura a la calle (taponan el sistema de drenaje) y así se inunda todo. Hay personas que no pueden salir de su casa y el tránsito es fatal”, dice.

En abril de 2003, el desborde del río Salado en la Provincia de Santa Fe, provocado por las fuertes lluvias y la falta de obras de contención, desató una inundación que dejó un saldo de 23 muertos y 135 mil evacuados.

“Realmente a mí me molestaría mucho que eso le pasara a mi familia”, dice Manu.


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