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El comercio mundial en una encrucijada

Por Supachai Panitchpakdi*

Urge que los miembros de la OMC equilibren su ambición con realismo, para lograr acuerdos en torno a la ronda de Doha en julio, sostiene en esta columna exclusiva para Tierramérica el director-general de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

GINEBRA.- En estos tiempos de incertidumbre y de inestabilidad
económicas globales, el sistema comercial multilateral ha enfrentado muchosdesafíos y contratiempos. Pero ha sido siempre el refugio seguro al cual sus miembros, en número creciente y cada vez más diversos, siempre regresan.

Porque la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha sido extraordinariamente exitosa en la preservación de las relaciones comerciales pacíficas entre las naciones y en la generación de las condiciones necesarias para el crecimiento económico.

Esto es lo que llevó a los 147 miembros de la OMC a tomar la decisión de lanzar, en 2001, las negociaciones mundiales sobre comercio enmarcadas en la Agenda de Desarrollo de Doha.

Pero los tiempos cambian rápidamente y la memoria suele ser corta. La OMC y el sistema multilateral están de nuevo bajo presión para producir resultados.

Yo he sostenido constantemente que si los gobiernos y sus
electores pierden la confianza en la capacidad de las negociaciones de Doha para producir resultados es posible que veamos un creciente desequilibrio entre la concertación de los acuerdos multilaterales y los bilaterales y que se amplíe de la brecha entre los países más fuertes y los más débiles.

Los cimientos sobre los cuales está construido el sistema comercial multilateral, la ausencia de discriminación y la transparencia, están aquí en juego.

Estos principios esenciales hacen que el ambiente comercial internacional sea más previsible y menos complejo. Si no hacemos suficientes progresos en las negociaciones y si no las concluimos exitosamente, serán los países más pobres los que más perderán.

2004 es un año crucial para las negociaciones de Doha y para el sistema comercial multilateral en general. Estamos nuevamente en una encrucijada.

Desde comienzos de este año, empezando por los esfuerzos del Representante Comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, hemos sido testigos de una serie de iniciativas y de inversiones muy importantes para ayudar a impulsar el proceso hacia adelante.

En lo personal he apreciado la existencia de un muy necesario nuevo nivel de compromiso político en importantes reuniones ministeriales como la Conferencia Ministerial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en París y la Conferencia Ministerial sobre los Países Menos Desarrolados en Senegal.

Los miembros de la OMC están mostrando un notable sentido de urgencia y realismo políticos combinados con el deseo de negociar temas esenciales y están determinados a
alcanzar acuerdos marco para julio próximo.

Esto resultó evidente cuando los comisionados europeos Pascal Lamy y Franz Fischler revelaron recientemente innovadores planes, que motivaron respuestas favorables a las soluciones de parte de grupos como el G20.

Pero no debemos ser demasiado confiados. Nos enfrentamos todavía con una serie de dificultades muy reales y complejas. El fuerte e inequívoco mensaje de confianza y determinación políticas que ha surgido de las recientes reuniones internacionales debe ser convertido en acciones concretas y en progresos sólidos en la mesa de negociaciones de Ginebra.

Pero hemos tenido un tiempo muy limitado. No deberíamos, sin embargo, olvidar que si fracasamos en aprovechar esta oportunidad corremos el riesgo de perder el resto de este año, así como la mayor parte de 2005. Por lo tanto estoy urgiendo
continuamente a los miembros de la OMC para que equilibren su ambición con realismo.

* El autor es director-general de la Organización Mundial del Comercio (OMC).




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