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El siguiente paso hacia un mundo sin armas nucleares

Por Mohamed ElBaradei*

La Organización Internacional de Energía Atómica, OIEA, requiere derechos más amplios para la inspección atómica en todos los países, sostiene en esta columna exclusiva para Tierramérica el director del organismo.

VIENA.- Hace 50 años, los líderes mundiales estaban luchando
para enfrentar una crisis diferente a cualquiera de las que el mundo había visto antes: se trataba de una verdadera amenaza, creían ellos, contra la existencia del planeta. El poder del átomo, desencadenado con horrendos resultados en Hiroshima y Nagasaki, se estaba volviendo asequible para más países.

Los beneficios pacíficos de la energía nuclear, que ampliaron el potencial para grandes avances en la agricultura, la salud y la industria, estaban por ser ensombrecidos por la perspectiva de un mundo armado hasta los dientes con cabezas nucleares.

Fue en el marco de esta inquietante serie de circunstancias que nació la iniciativa de Átomos para la Paz y que fue creada la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA).

La visión era global pero la premisa era simple: el medio para detener el avance del armamentismo nuclear y para evitar una eventual autodestrucción sería el logro de un pacto que sirviera a los intereses de todos los implicados.

Ese pacto, que tardó más de 15 años en completarse, se convirtió en el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNPN).

Esta iniciativa tiene tres partes: 1) al firmar el tratado, los estados no poseedores de armas nucleares renuncian a tener ese tipo de armamento; 2) a cambio de esa promesa, los cinco estados poseedores de armas nucleares que firmaron el tratado convienen actuar hacia un total desarme nuclear y 3) los estados en posesión de tecnología nuclear acuerdan compartir con los otros
signatarios del tratado la tecnología nuclear pacífica que pudiera resultar beneficiosa.

Actualmente, con los reflectores enfocados en los desafíos de la verificación nuclear, en cómo tratar con los países que han desarrollado programas nucleares clandestinos, es fácil perder de vista las otras dimensiones de Atomos para la Paz.

Resulta grato presenciar ahora la aparición de una serie de técnicas con elementos e isótopos nucleares, utilizadas para producir, por ejemplo, cultivos con mejores cosechas en climas áridos, diagnosticar y tratar enfermedades, estudiar la desnutrición infantil, administrar los suministros de agua potable, incrementar la productividad industrial y resolver muchos otros problemas relacionados con el hambre, la pobreza y el inadecuado cuidado de la salud.

A través de su programa de cooperación técnica, la OIEA trabaja para comprender cuáles son las necesidades y prioridades de cada estado miembro y para desarrollar un programa de aplicaciones de lo nuclear adaptadas a esas necesidades.

Aunque el TNPN es a veces percibido como un proyecto occidental, sus beneficios se extienden a través de cualquier línea divisoria geopolítica Norte-Sur o Este-Oeste.

Los países en desarrollo han mostrado capacidad de liderazgo para extender la influencia y el alcance del régimen de no proliferación nuclear mediante el establecimiento de zonas libres de armas nucleares.

Cuatro de esas zonas han sido exitosamente establecidas en América Latina y el Caribe, en el Pacífico Sur, en el Sudeste de Asia y en África para reforzar y complementar, en un contexto regional, los compromisos de no proliferación asumidos bajo el TNPN. Una zona similar está siendo negociada actualmente en Asia Central.

Desde el descubrimiento del programa clandestino iraquí para la fabricación de armas nucleares a principios de los años 90, la OIEA también ha buscado métodos creativos para fortalecer el régimen de salvaguardias nucleares.

Esos métodos han demostrado ser exitosos de diversos modos: nuestra reciente experiencia en Iraq, Irán y Libia han confirmado cuán efectiva puede ser la verificación de la OIEA, incluso en condiciones difíciles.

Pero un aspecto clave de la autoridad de la OIEA es el llamado
“protocolo adicional”, el complemento de un acuerdo de salvaguardias con la OIEA que le da a ésta derechos más amplios para el acceso a la información y para la inspección de sitios.

Para que el régimen sea creíble, el protocolo adicional debería ser aceptado como la verificación estándar; la organización debería tener el derecho de conducir esas inspecciones más amplias en todos los países.

Sin embargo, a la fecha sólo 56 de los 184 estados que no poseen armas nucleares han ratificado el protocolo.

Hace 50 años, la comunidad internacional empezó a fomentar un mundo en el cual no se necesitarán más las armas nucleares.

El siglo XXI ha traído nuevos y críticos desafíos para esta misión.

La pregunta sigue siendo ¿qué legado queremos dejar a nuestros hijos?

Llamo a todos los países a hacer lo suyo para hacer que ese legado sea un mundo libre de armas nucleares.

* El autor es Director General de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA). Derechos reservados IPS.




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