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Hurgan el mar en busca de materia creadora de vida

Por Stephen Leahy*

¿Crear súper bacterias generadoras de energía? Hay quienes creen que se puede lograr, entre ellos, el controvertido científico J. Craig Venter

BROOKLIN, Canadá.- En alguna parte del Océano Pacifico del Sur, un barco de investigación privado, propiedad del controvertido científico J. Craig Venter, está recolectando bacteria del mar, con la esperanza de encontrar elementos biológicos para crear una forma de vida sintética que algún día se convierta en una nueva fuente de energía.

Tan fantástico como suena, científicos estadounidenses, entre ellos Venter, ya han creado este tipo de formas de vida a partir de partículas de ADN, es decir, las moléculas que transportan la información genética para el funcionamiento de los seres vivos.

Por ejemplo, en 2002, los genetistas de la Universidad Estatal de Nueva York produjeron un virus de la polio. Mientras ese esfuerzo tomó años, Venter ensambló el año pasado en menos de dos semanas un bacteriófago, un virus que infecta la bacteria A1.

Un bacteriófago es una forma de vida muy sencilla, con sólo cinco mil pares de bases en su genoma o mapa genético (el genoma humano tiene tres mil millones de pares).

Las bacterias tienen unos cuatro millones, y crear una artificial sería todavía mucho más complicado. Pero hay quienes creen que se puede lograr.

El proceso se conoce como biología sintética o nanobiotecnología, y usa partículas de DNA y moléculas individuales para crear lo que en esencia son máquinas vivientes.

Venter y sus colegas están hurgando el planeta para encontrar un tipo de bacteria que sea mucho más eficaz que las variedades conocidas para convertir la luz solar y la materia biológica en energía, es decir, la base de la biomasa.

La biomasa es una fuente alternativa de energía por la cual se genera combustible a partir de los desechos de la agricultura y otros desechos biológicos.

El DNA de estas súper bacterias podría entonces plantear la base para las máquinas vivientes.

El Departamento de Energía (DOE, en inglés) de Estados Unidos, piensa que Venter es el científico adecuado para este trabajo.

El año pasado, el DOE entregó a la organización de Venter, el Instituto para Alternativas de Energía Biológica (IBEA, en inglés), nueve millones de dólares para crear organismos artificiales que reduzcan la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera y produzcan fuentes biológicas de energía.

El secretario de Energía de Estados Unidos, Spencer Abraham, sostuvo que ahora “es más fácil imaginar, en un futuro no tan lejano, una colonia de microbios especialmente diseñados, viviendo dentro del sistema de control de emisiones de una planta de carbón, y consumiendo la contaminación que produce y su bióxido de carbono, o bien, microbios que puedan reducir radicalmente la contaminación del agua o los efectos tóxicos de los desechos radioactivos”.

No obstante, otros observadores ven un futuro más aterrador.

“La creación de nuevas formas de vida tiene enormes implicaciones para el ser humano”, comenta Silvia Ribeiro del no gubernamental Grupo ETC.

“Son potencialmente más riesgosos que los cultivos de organismos genéticamente modificados. Liberar completamente nuevas formas en nuestro mundo podría abrir una caja de Pandora”, dijo desde su oficina en la Ciudad de México.

“Debe haber un debate público y abierto sobre este tema”.

IBEA no contestó a nuestras solicitudes de entrevista.

Brewster Kneen, un crítico canadiense sobre biotecnología, considera la búsqueda de Venter como algo que tiene que ver más con la promoción, por parte del gobierno estadounidense, de la biotecnología como la solución a todos los problemas.

“En lugar de hacer esfuerzos reales por ocuparse de las fuentes de contaminación, intentan distraer a las personas con esta manera de pensar que tiene un “toque mágico”, afirmó en una entrevista.

David Caron, biólogo marino de la Universidad de California del Sur (USC, en inglés), comenta que el proyecto de Venter tiene la posibilidad de resolver algunos problemas ambientales, pero se trata de una propuesta muy de largo plazo. “Ni siquiera podemos imaginar lo que encontrarán”, sostuvo.

* El autor es colaborador de Tierramérica.




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