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Plaga bíblica azota África

Por Julio Godoy*

Millones de langostas devoran vegetales, granos e incluso vestimentas en nueve países. La FAO teme que la plaga, la peor en 15 años, se extienda aún más.

PARIS.- Una plaga de langostas del desierto (Schistocerca gregaria), que desde hace un año devasta cultivos de los países del Sahel en África Occidental, aumentará en las próximas semanas si la cooperación internacional no ayuda a frenarla, según expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Urge impedir la reproducción cíclica del insecto durante octubre, que terminaría de arrasar con granos y vegetales en el Sahel, y extendería la plaga "a otros países de África, amenazando la seguridad alimentaria de una área geográfica mayor", destacó el director de la FAO, Jacques Diouf.

Esta plaga es la peor en 15 años y fue motivada por lluvias abundantes de junio a agosto de 2003 en gran parte del Sahel, la zona de transición entre el desierto del Sahara y el área más fértil al sur del continente africano.

La humedad, las altas temperaturas y el viento constituyeron un caldo de cultivo ideal para la multiplicación de las depredadoras langostas.

De octubre de 2003 a agosto de 2004, se extendieron por Chad, Níger, Malí, Mauritania y Senegal en el Sahel y por Marruecos, Argelia, Libia y Túnez, en el norte de África.

Nuevos reportes de la FAO hacen temer que lleguen al noroeste de Nigeria y hasta Sudán.
La plaga ha afectado desde octubre a unos siete millones de hectáreas de cultivos, de los cuales dos millones estaban en Argelia.

La densidad de insectos reportada ha llegado a más de cien por metro cuadrado, y su ciclo biológico fue acelerado por las lluvias en el Sahel y regiones aledañas desde principios de mayo.

Normalmente, la Schistocerca gregaria es, pese a su nombre, un insecto solitario, pero cuando su población aumenta drásticamente, cambia de comportamiento, y se traslada en grandes grupos para devorar vegetales, granos e incluso vestimentas y las "jaimas", las típicas tiendas de campaña de los nómadas.

Las hileras de árboles que componen la "cintura verde" del Sahel y protegen su meseta central de la desertificación fueron también devoradas casi por completo, un hecho sin precedentes.

En un solo día, una tonelada de langostas (sólo una pequeña porción de un enjambre) puede llegar a comer tanto como 10 elefantes o dos mil 500 personas, según la FAO.

Informes sobre langostas provenientes del sur de Europa, y especialmente de España, durante la primavera y el verano boreales, hicieron temer que la plaga hubiera alcanzado el litoral norte del Mediterráneo.

Agricultores de Cataluña, al noreste de España, y de Castilla y León, en el centro de ese país, reportaron en junio y julio que nubes de langostas habían destruido cultivos de vegetales y granos.

Gobiernos regionales, advertidos de la plaga en el Sahel, reaccionaron con campañas de fumigación de insecticidas químicos de alta toxicidad, que aparentemente destruyeron apiarios e insectos benignos.

Pero Keith Cressman, encargado de la FAO de la prevención de la langosta del desierto, dijo a Tierramérica que las langostas observadas en España e Italia son de otras especies locales, no vinculadas con la plaga africana.

"Hoy día, no hay razón para temer que la langosta del desierto alcance el sur de Europa", afirmó.

Las plagas de langosta en el Sahel de los últimos decenios raramente atravesaron el mar Mediterráneo, como ocurrió en 1956, cuando una de ellas alcanzó la región de Extremadura, en el oeste de España, fronterizo con Portugal.

En julio de este año, y aparentemente temiendo que la plaga del Magreb se extendiera a España, el gobierno de Madrid envió aviones de fumigación contra la langosta a Marruecos.
Juan Peña, director de la campaña española contra la Schistocerca gregaria, defendió la fumigación diciendo que "es mucho más fácil controlar la plaga en el desierto".

Pero según expertos de la FAO, sólo "vientos extraordinarios" desde el Sahel hacia el norte podrían llevar la plaga a Europa.

La FAO estima que la campaña contra la plaga costará unos 100 millones de dólares, y Diouf exhortó a los donantes internacionales a aportar esa suma, señalando que hasta ahora han prometido sólo 37 millones, entre contribuciones canalizadas a través de la FAO y donaciones bilaterales.

La FAO ha restablecido un centro de operaciones de emergencia contra la langosta, que trabajará directamente con los donantes, los países amenazados por la plaga y organizaciones capaces de aportar a la solución del problema.

En los países del Magreb en el norte de África, especialmente en Argelia y Marruecos, grandes campañas de fumigación con pesticidas contribuyeron a detener el avance de la plaga en junio, julio y agosto, pero la invasión de langostas se intensifica en África occidental.

Los daños de la plaga en sí misma pueden multiplicarse por el uso masivo contra ellas de insecticidas químicos de alta toxicidad, y es por eso que la FAO prueba un pesticida orgánico, basado en el hongo metarhizium, que mata a la langosta en un periodo de tres a cuatro semanas.

Sin embargo, la preocupación principal actual es impedir que la oleada de langostas se desarrolle tanto que sea imposible frenar su extensión. La última gran plaga africana de Schistocerca gregaria duró tres años, de 1986 a 1989, y atacó a 40 países.

* El autor es corresponsal de IPS.




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