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Energía eólica para el mundo de mañana

Por Mark Sommer*

Recientes avances tecnológicos convierten a la energía del viento en la mejor opción para reducir la demanda de hidrocarburos, asegura el analista estadounidense en una columna exclusiva para Tierramérica.

BERKELEY.- A medida que la guerra, el terrorismo, la contaminación y la creciente escasez llevan el precio del petróleo inexorablemente hacia arriba, los políticos y los productores energéticos escudriñan el horizonte en búsqueda de alternativas a corto plazo.

La energía solar y la geotérmica, la biomasa y las corrientes oceánicas pueden contribuir todas ellas de algún modo, pero son insuficientes a corto plazo para reducir la dependencia del petróleo y la dominación de las oligarquías que el combustible fósil ha financiado.

Pero una nueva e incitante brisa se está levantando. Quienes abogan por la energía renovable dicen que el viento ofrece la mejor opción a corto plazo para reducir la demanda de petróleo, carbón y gas natural.

Recientes adelantos tecnológicos han incrementado la eficiencia de las turbinas de viento y reducen el precio por kilovatio-hora de la energía eólica, que ahora resulta competitivo con el del petróleo.

Las guerras libradas en el extranjero, las ocupaciones y las bases militares para proteger líneas de abastecimiento, la contaminación del aire y el agua, así como los daños a la salud humana hacen que el verdadero costo del barril de crudo no sea de 40 dólares sino de 200 dólares o más.

A lo largo y ancho del mundo, el potencial de la energía eólica empequeñece el de los combustibles de origen fósil y, al contrario de lo que sucede con el petróleo, el gas y el carbón, su suministro es inagotable.

Pero hasta ahora sólo una minúscula fracción de ese potencial ha sido explotada. A fines de 2003 se generaban en todo el mundo 39 mil megavatios de energía eólica, equivalentes a la producción de una docena de plantas de energía nuclear.

El viento es la fuente de energía de más rápido crecimiento. Según estimaciones del Departamento de Energía de Estados Unidos, el viento podría suministrar más de 15 veces la energía total consumida anualmente en el mundo.

Además de disminuir la adicción del mundo industrializado por el consumo exclusivo de combustibles fósiles, el viento podría llevar la energía eléctrica a dos mil millones de personas del mundo subdesarrollado que actualmente no tienen la perspectiva de contar con ese servicio.

Europa occidental ha logrado el más enérgico desarrollo de los recursos eólicos. Alemania está a la cabeza con un tercio de toda la producción mundial y la pequeña Dinamarca obtiene del viento el 20 por ciento de su energía, lo que representa cinco veces más que lo que produce China de la misma fuente.

Pero incluso en Estados Unidos, cuya política está lubricada con petróleo, está creciendo una demanda popular a favor de la energía eólica como único medio de superar el fracasado ciclo económico que ha convertido en ciudades fantasmas a las que una vez fueron comunidades florecientes.

No obstante lo prometedor de la energía generada por el viento, su desarrollo está siendo frustrado por numerosos obstáculos, más políticos que tecnológicos. Los combustibles de origen fósil todavía tienen retorcido el brazo de la economía y de las políticas globales.

Las compañías transnacionales que dominan actualmente la industria de la energía y las políticas energéticas nacionales están conscientes de que el petróleo, el carbón y el gas natural son recursos finitos y en disminución, pero están decididos a exprimirles los mayores beneficios posibles antes de cambiar a otros recursos.

Su alternativa favorita no es la energía del viento sino la energía nuclear, una tecnología altamente peligrosa.

Con situaciones de guerra en varias partes del mundo, los menguantes suministros de petróleo y el recalentamiento global causado por los gases invernadero, un cambio hacia la utilización del viento como fuente de energía no resulta insensato.

Sin embargo, ello no ocurrirá pronto a menos que tanto los individuos como las instituciones consumidoras de energía reclamen firmemente que sus gobiernos se comprometan a instalar en forma masiva generadores de energía eólica dentro de los próximos 25 años.

* El autor es columnista y director del Mainstream Media Project, con sede en Estados Unidos. Derechos reservados IPS




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