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Se niega a los pobres la justicia comercial

Por Devinder Sharma *

La OMC asestó en Ginebra un golpe contra la agricultura del mundo en desarrollo. Más comunidades rurales se verán desplazadas del mercado

NUEVA DELHI.- Un año después de que el Informe sobre Desarrollo Humano 2003 de las Naciones Unidas indicara que la pobreza en 54 países había empeorado mucho más que en la década precedente, la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha alcanzado un “histórico” acuerdo marco que marginará ulteriormente a las economías en desarrollo.

Durante las intensas negociaciones de la OMC en julio –que incluyeron coacciones, y fuertes presiones- los países desarrollados finalmente tuvieron éxito en afectar aún más lo que quedaba de la agricultura de las naciones en desarrollo.

Incluso a los más pobres de los pobres se les ha negado la justicia comercial. Los cuatro países del Oeste de África -Burkina Faso, Malí, Chad y Benin- han sido asolados por los masivos subsidios al algodón de Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y China.

Todo lo que les prometió el Representante Comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, fue “trabajar en asuntos relacionados con el desarrollo con las instituciones financieras internacionales y continuar los programas bilaterales”.

En realidad, los productores de algodón africanos no deberían esperar cambio alguno en el régimen de subsidios (pese a un reciente fallo de OMC contrario a esos subsidios) y continuarán viviendo en una tremenda pobreza.

De ese modo, la OMC ha fortificado ulteriormente el anillo protector de los 25 mil productores estadounidenses de algodón, que reciben aproximadamente tres mil 900 millones de dólares de subsidios por una cosecha que vale sólo tres mil millones al precio del mercado mundial.

La falta de equidad es asombrosa: los algodoneros estadounidenses reciben 10 millones 700 mil dólares de subsidios diarios mientras que 10 millones de algodoneros del África Occidental sólo ven como se arruinan sus medios de vida.

Como resultado de los precios reducidos artificialmente, los productores africanos recuperan sólo 60 por ciento de sus costos de producción, aunque éstos son menos de la mitad de los de los algodoneros de los países desarrollados.

Para el resto del mundo, el anuncio acerca de una reducción de los subsidios no es más que una ilusión. Zoellick y el Comisario Comercial de la UE, Pascal Lamy, se fueron de Ginebra sabiendo perfectamente que no tienen que hacer recorte real alguno a sus subsidios domésticos.

Las reducciones a los subsidios establecidas en el nuevo acuerdo de la OMC –20 por ciento en el primer año de instrumentación- están calculadas de acuerdo con una fórmula revisada que, al incrementar ciertos tipos de apoyo autorizado, en realidad permite que Estados Unidos y la UE aumenten sus subsidios.

Al mismo tiempo, los países desarrollados se las han arreglado para mantener intactos todos los elementos de sus barreras protectoras: tratamientos especiales y diferenciales, medidas de salvaguardias y estipulaciones para “productos sensibles”. Entretanto, los países en desarrollo han sido forzados a abrir sus fronteras aún más.

Toda la fuerza propulsora de las conversaciones de Ginebra se concentró en la búsqueda de un mayor acceso al mercado en los países en desarrollo, lo que conducirá a más desplazamiento de las comunidades agrícolas de sus magras extensiones de tierras.

En Filipinas, millones de agricultores fueron sacados del negocio cuando el mercado de granos se abrió en 1997. En América Central, el precio de los granos de café ha caído en exactamente 25 centavos de dólar por debajo de su nivel en 1960 y las pérdidas de la región se estiman en 713 millones de dólares sólo en los ingresos originados en el café en 2001.

En África subsahariana, Etiopía y Uganda dieron cuenta de enormes pérdidas en los ingresos por exportaciones. Indonesia, uno de los 10 principales exportadores mundiales de arroz antes de que se creara la OMC, fue el principal importador mundial de arroz en 1998.

Perú ahora importa 40 por ciento de los alimentos que consume. En India, las importaciones agrícolas han aumentado en cuatro veces durante los últimos seis años y la situación no es mejor en Pakistán y Bangladesh. La OMC no hace verdaderos esfuerzos para revertir esta preocupante tendencia.

Con los productos agrícolas artificialmente baratos que inundan los países en desarrollo, el mundo pronto será testigo de la mayor modificación ambiental vista hasta ahora y esta vez no será provocada por las grandes represas y los proyectos hidroeléctricos sino por la agricultura. Y los resultantes costos económicos y políticos de ello tendrán que ser soportados por los países subdesarrollados.

* El autor es escritor y experto en asuntos comerciales, agricultura sostenible y biodiversidad. Derechos reservados IPS.




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