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CAMBIO CLIMÁTICO: Parentesco con los desastres naturales
por Gustavo Capdevila

GINEBRA, 2 dic (IPS) - Nadie ha alegado nunca impedimento para consagrar el vínculo entre los desastres naturales y el cambio climático, un parentesco que se transforma en agravante cuando se desatan las catástrofes.

Sin embargo, la prevención de los desastres naturales no había figurado hasta ahora entre los innumerables temas de conferencias internacionales que guardan conexión con el actual cambio climático, fenómeno atribuido a los efectos de las actividades humanas que ocasionan el recalentamiento global del planeta.

Por fin esta vez la letal relación entre los dos factores será discutida desde la semana venidera en Buenos Aires, cuando comience la Décima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-10).

Esto es ya un gran paso, porque ingresar en la agenda de la COP-10 es muy difícil, observó Sálvano Briceño, director de la secretaría de la Estrategia Internacional para la Reducción de los Desastres (EIRD), establecida por la Organización de las Naciones Unidas.

Los gobiernos están dando mucha importancia en el foro de cambio climático a la prevención de desastres, dedujo el experto venezolano

La aplicación de la Convención adoptada hace 10 años se efectúa a través de dos vías, una es la mitigación del cambio climático, que significa reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (causantes de dicha modificación), y la otra es la adaptación a sus diversos impactos.

En el segundo ángulo, de adaptación, interviene el EIRD porque ”para adaptarse al cambio climático, la mejor forma es previniendo los desastres naturales”, afirmó Briceño.

En la mitigación tiene un papel preponderante el anexo de la Convención, el Protocolo de Kyoto, que establece reducciones de esos gases, principalmente dióxido de carbono, aunque también figuran el metano, los óxidos nitrosos y clorofluorocarbonos.

Después de obtener la reciente ratificación de Rusia, el Protocolo de Kyoto entrará en vigencia el 16 de febrero. El tratado obliga inicialmente a 38 países industrializados y de Europa oriental a reducir antes de 2012 sus emisiones de esos gases hasta 5,2 por ciento menos que los volúmenes que arrojaban en 1990.

En cuanto a la fase de adaptación, en ese terreno pesa la reducción del riesgo y de la vulnerabilidad a los desastres naturales, explicó el director de la secretaría de la EIRD.

Entre las tareas de prevención de los desastres naturales se incluyen por ejemplo proyectos para instalar barreras ante la elevación del nivel del mar o los desbordes de los ríos.

En algunos casos, como en zonas costeras bajas, esos proyectos van a adquirir suma importancia, advirtió Briceño.

Sin embargo, la EIRD atribuye más trascendencia a la elaboración de planes de ordenación del territorio, de mecanismos que permitan detener el crecimiento de las ciudades en dirección a zonas de riesgo y las orienten en cambio hacia áreas sin mayores peligros.

Ese es un elemento clave en la adaptación al cambio climático, porque el crecimiento urbano es violento, sobre todo de las ciudades grandes. Se espera que en pocos años, más de la mitad de la población mundial vivirá en esas megaciudades y eso constituye uno de los riesgos más grandes que afrontamos, sostiene la agencia de la ONU.

Por eso, el tipo de proyectos que promueve la EIRD tiende a reorientar el crecimiento de las ciudades, de canalizarlas hacia zonas de menor riesgo, y también a despertar conciencia en la población para desarrollar sistemas de alerta precoz ante el peligro de los desastres naturales.

Las expectativas, aunque no totalmente confirmadas, anticipan que el cambio climático tendrá efectos en la frecuencia y en la intensidad de algunos fenómenos extremos. Por ejemplo, que algunas tormentas tropicales, como ciclones, tifones o huracanes, aumenten en cantidad y en fuerza.

También se espera que se incrementen la pluviosidad y la humedad en algunas zonas, y a la inversa, se extiendan las sequías por otras. De hecho, manifestaciones climáticas anómalas ya pueden observarse localmente en muchos lugares del planeta.

Tampoco el proceso en curso es nuevo para el planeta ni para la humanidad. A lo largo de los siglos, las sociedades se han ido adaptando muy bien a los cambios climáticos. Lo nuevo en esta circunstancia es el factor del crecimiento poblacional, pues al haber más gente en el mundo, aumenta la vulnerabilidad.

El otro elemento es la ubicación de las poblaciones, que se concentran a un ritmo cada vez mayor en las ciudades.

Otro ingrediente reciente es la degradación ambiental, pues cada día se destruyen más bosques, para leña, construcción o expansión agrícola.

El caso de las fuertes tormentas tropicales desatadas esta semana en Filipinas, que dejaron cerca de un millar de muertos y daños cuantiosos, se relaciona con la destrucción del bosque, que impide la canalización de las aguas y ocasiona inundaciones y deslizamientos.

Por esos motivos, hoy muere muchas más personas a causa de la degradación ambiental que antes, sostuvo Briceño.

El cambio climático va a aumentar la frecuencia y la intensidad de algunos fenómenos, con lo cual estarán dadas las condiciones para mayores desastres. Pero el desastre no es causado por el cambio climático, aclaró el funcionario.

El desastre es determinado por la vulnerabilidad de la gente, por la vulnerabilidad social, insistió.

En contraposición, si se promueve la conciencia y la participación de las comunidades en el problema, surgirán ideas para adaptarse de una forma u otra al cambio climático.

Ponerse a construir una edificación sin haber consultado a la población y sin haberle explicado por qué se hace, no tiene ningún sentido hoy en día, expuso Briceño.

La idea es dar prioridad a todo lo que signifique informar al público de los riesgos, de su potencial de participación en el manejo del riesgo, y también entregarle los elementos para que administre el riesgo, que no se limitan a la información sino que abarcan los mecanismos de política.

La agencia de la ONU promueve que todas las autoridades incorporen los riesgos a sus políticas de desarrollo.

Por ejemplo, la secretaría de la EIRD fomenta que en el futuro todos los hospitales y las escuelas se construyan con criterios de reducción de riesgos muy intensos, porque son los principales edificios de toda comunidad, donde sus integrantes buscan atención y refugio.

La EIRD prepara su Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres, que se realizará en Kobe, Japón, del 18 al 22 de enero. Y los contenidos de esa conferencia serán debatidos en Buenos Aires por funcionarios y expertos dedicados al cambio climático, dijo el director de la EIRD. (FIN/2004)


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