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El lado oscuro de la chatarra electrónica

Por Mark Sommer*

Los desechos de la revolución informática se reciclan en condiciones peligrosas para la salud humana y el ambiente.

BERKELEY.- Al igual que en el caso de la promesa del uso pacífico del átomo, la esperanza inicial era que la revolución de las computadoras desterrara una de las plagas de la primera revolución industrial al eliminar el problema de los ríos y paisajes contaminados por los desechos de las fábricas.

Pero resulta que esta revolución informática, respaldada por una industria silenciosa y limpia impulsada por chips de silicio, tiene su lado oscuro.

Fuera de la vista y de la repercusión pública, lejos del opulento Occidente, están los vertederos de basura para cientos de millones de computadoras, televisores, teléfonos celulares, equipos estereofónicos, refrigeradores y otros aparatos electrónicos desechados con una velocidad cada vez mayor. El usuario medio de computadoras en Estados Unidos actualmente reemplaza sus equipos cada 18 a 24 meses.

Los desechos electrónicos constituyen el problema de recolección de residuos de mayor crecimiento en el mundo. Desde los rincones industriales de China continental a las regiones de India y Pakistán en rápido proceso de industrialización, una amplia gama de aparatos se está recibiendo y reciclando en condiciones que ponen en peligro la salud de los trabajadores, de sus comunidades y del ambiente.

La mayor parte de los componentes de estos aparatos es recuperada por pobres recolectores y vendida para su reutilización. Pero en el proceso, ellos y los ambientes a su alrededor están expuestos a los peligros provenientes del contacto con metales pesados como el mercurio, el plomo, el berilio, el cadmio y el bromo que dejan residuos letales en cuerpos, suelos y cursos de agua.

Se trata de un tipo de reciclaje que no es precisamente el que los consumidores tienen en mente cuando obedientemente depositan sus computadoras en el vertedero local. Los expertos industriales dicen que entre 50 y 80 por ciento de la chatarra electrónica recolectada para el reciclaje termina en barcos con contenedores dirigidos a los vertederos de basura electrónica de Asia, donde sus componentes tóxicos van a parar a corrientes sanguíneas y cursos de agua.

Los gobiernos y las firmas electrónicas conocen desde hace tiempo los peligrosos efectos de este reciclaje, como ya en 1989 señalaba la redacción de la Convención de Basilea, un tratado internacional que se ocupa del comercio mundial de residuos tóxicos.

En 1994, este tratado fue reforzado para prohibir la exportación de todos los desechos tóxicos de los países ricos hacia los países pobres, incluso con el propósito de reciclarlos. El único entre los países desarrollados que rehusó ratificar la Convención de Basilea fue Estados Unidos.

Ahora, como en el caso de muchos otros acuerdos globales, el resto del mundo ha dejado de esperar que Estados Unidos conduzca el proceso para reducir los peligros derivados de la chatarra electrónica y ha tomado la iniciativa por sí mismo.

Por ejemplo, la Unión Europea (UE) ya ha puesto en vigor la Convención de Basilea y prohíbe en todos los casos la exportación de desechos peligrosos hacia los países en desarrollo. Y, más importante aún, la UE está preparando una serie de reglas que incluyen la exigencia a las industrias electrónicas que le venden a sus 25 miembros de asumir la responsabilidad por todo el ciclo de vida de sus productos.

Por otro lado, algunos especialistas innovadores están proponiendo que tanto los fabricantes como los consumidores piensen en sus computadoras y otros aparatos electrónicos no tanto como productos para ser vendidos y comprados, sino como servicios para ser utilizados durante tiempos más prolongados que los actuales.

Pero ¿qué pasaría si nosotros compramos a los fabricantes “cajas” básicas que contengan los componentes centrales y que, a la vez, los productores, como parte de un acuerdo de servicio a largo plazo, aseguren el mantenimiento regular de la máquina e instalen en la misma dispositivos más modernos cuando ellos estén disponibles? La “expectativa de vida” de las computadoras se extendería entonces a cinco o más años.

Para adoptar tal enfoque sería necesario aplazar indefinidamente la estrategia de supervivencia de los fabricantes de planificar la obsolescencia a corto plazo de sus productos y de condicionar la preferencia de los consumidores por incesantes novedades en sus equipos electrónicos.

* Director del Mainstream Media Project, con sede en Estados Unidos, conductor del programa de radio "A world of possibilities". Derechos reservados IPS.




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