Análisis
PNUMAPNUD
Edición Impresa
MEDIOAMBIENTE Y DESARROLLO
 
Inter Press Service
Buscar Archivo de ejemplares Audio
 
  Home Page
  Ejemplar actual
  Reportajes
  Análisis
  Acentos
  Ecobreves
  Libros
  Galería
  Ediciones especiales
  Gente de Tierramérica
                Grandes
              Plumas
   Diálogos
 
Protocolo de Kyoto
 
Especial de Mesoamérica
 
Especial de Agua de Tierramérica
  ¿Quiénes somos?
 
Galería de fotos
  Inter Press Service
Principal fuente de información
sobre temas globales de seguridad humana
  PNUD
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
  PNUMA
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
 
Análisis


Los perdedores del TLC andino

Por Javier Ponce*

El tratado de libre comercio que se negocia con Estados Unidos amenaza a 50 por ciento de los pequeños productores en Ecuador. La inestabilidad política en este país atenta contra el acuerdo.

QUITO.- Cuando un defensor de los tratados de libre comercio se siente acorralado, generalmente responde, imperturbable, que en todo proceso hay perdedores.

Estoy de acuerdo, cuando las leyes del mercado están de por medio, hay riesgos.

Sólo que, cuando tres países andinos, Colombia, Ecuador y Perú, comiencen a vivir la era del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, TLC, los perdedores serán los que siempre han perdido allí donde ha aparecido el mercado: los campesinos.

¿Son pocos como para que la euforia del "libre comercio" reduzca su presencia? ¿Son muchos acaso?

Diríamos, por ejemplo en el caso del Ecuador, que son un segmento que, hoy por hoy, asegura la producción de los alimentos básicos y constituye la base productiva de toda la cultura andina. Y están ubicados, en buena parte, en el sector donde las pérdidas por el TLC van a ser mayores: arroz, papas, fréjol, carne, quesos y sobre todo maíz.

Mientras tanto, las potencialidades del TLC están en aquellos productos controlados por las grandes empresas agrícolas: banano, flores, brócoli, palmito.

El tratado, por tanto, se sustenta en la máxima desigualdad existente en la distribución de la tierra en el Ecuador.

Porque el TLC, como en las cíclicas "salidas" a las crisis económicas o financieras en nuestros países, tiene la curiosa característica de provocar saltos en la carrera por la desigualdad. Esto es, mientras más avanzamos, más injustos somos.

¿Qué ofrece el Estado que negocia el TLC a este campesinado tradicional, productor de subsistencia? Nada. Emigrar, tal vez.

Y estas líneas no están escritas en el marco de un espejismo maniqueo: el TLC como el ingreso al paraíso o como la irremediable condena. Simplemente responden a la constatación de que las supuestas virtudes del tratado, que ocupan casi todo el escenario del debate, ocultan las heridas que provocarán en aquellos que ya son víctimas de desigualdades profundas.

Y en la medida en que las ocultan, no existe el menor esfuerzo nacional por confrontarlas con política alguna. Allí radica la perversidad en la retórica triunfalista del discurso.

Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), difundido este año, señala que "el sector agropecuario del Ecuador pierde en todos los escenarios", incluso si Estados Unidos redujera los subsidios a sus productores.

Afirma la CEPAL que 46 por ciento de unidades de producción agropecuaria (UPA) correspondientes al sector campesino de subsistencia, se encuentra en el sector amenazado por las consecuencias del TLC.

Es decir, 50 por ciento de los productores que se encuentran bajo la línea de pobreza están amenazados, entre ellos, una mayoría corresponde a pequeñas fincas gestionadas por mujeres.

La CEPAL señala otra agravante: lo que ocurra en materia de empleo en el sector competitivo agrícola no podrá contrarrestar el desempleo que puede producirse en el sector de subsistencia y tradicional.

Finalmente, el organismo subraya algo que pasa desapercibido para quienes miran el futuro exclusivamente en términos del intercambio del día: el Ecuador posee una riqueza incalculable por su diversidad genética, en función de políticas de seguridad alimentaria mundiales y en términos de existencia de culturas originarias andinas que han persistido en medio de una intensa y secreta resistencia a lo largo de la historia. Una riqueza también amenazada.

Bien vale preguntarse si el TLC "va porque va", como se afirma desde los círculos oficiales. Sobre todo, tras la novena ronda de negociaciones en Lima, el 19 de este mes, donde Estados Unidos no modificó sus exigencias de "trato preferencial" para sus productos.

Hasta julio deberían concluir los encuentros entre los países andinos y Estados Unidos, pero las coyunturas políticas, particularmente en Ecuador, donde el 20 de este mes fue destituido el presidente Lucio Gutiérrez, no son favorables.

A diferencia de Colombia, donde la alianza con Estados Unidos vive sus días de gloria, en Ecuador los desacuerdos políticos pueden acabar sepultando, junto con el gobierno, a las negociaciones del TLC.

En un año pre-electoral, como 2005, el acuerdo de libre comercio puede quedarse archivado en el escritorio de los negociadores, tres de los cuales ya habían renunciado a participar en los debates en protesta por los arrebatos dictatoriales de Gutiérrez.

Pero las resistencias a la firma del TLC pueden venir del propio Congreso estadounidense, con el argumento de que el Ecuador no ha resuelto diferendos con varias multinacionales, lo cual, además de ser un pretexto, es un anuncio de lo que podría ser vivir los chantajes del "libre" comercio.

* Escritor y columnista ecuatoriano. Coordinador del Comité Ecuménico de Proyectos, con sede en Quito.




Copyright © 2007 Tierramérica. Todos los Derechos Reservados