 |
|
|
El Sur apuesta al Sur |
|
Por Boutros Boutros-Ghali*
Cerca de cinco mil millones de personas viven en los países en desarrollo. Sus patrones de producción y consumo son cruciales para la supervivencia del planeta.
PARIS.- Hace poco se estableció el 20 de diciembre como Día de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur. Es hora de dar un renovado impulso a este tema, en gran parte desatendido.
El intercambio Sur-Sur ocupa una esfera marginal en la cooperación internacional. Aunque fueron aprobados diversos proyectos y recomendaciones en varios foros de las Naciones Unidas, por ejemplo en el Plan de Acción de Caracas suscrito por el Grupo de los 77 y China en mayo de 1981, muchos de los objetivos no fueron alcanzados.
Una serie de razones contribuyeron a este estado de cosas, entre ellas, la ausencia de lazos tradicionales entre los países del Sur, la existencia de tensiones políticas, la carencia de infraestructuras, el proteccionismo y sus fuertes vínculos con las ex metrópolis coloniales y con los socios tradicionales en el mundo desarrollado.
Algunos importantes países del Norte todavía ven la cooperación Sur-Sur a través de la óptica de la Guerra Fría: la consideran como una amenaza de las naciones del Sur que, juntas, podrían conspirar contra ellos en la arena multilateral y debilitar los lazos coloniales de dependencia.
Por eso ha habido poca o nula ayuda del Norte para la cooperación Sur-Sur. Pero ahora, el momento es propicio no sólo políticamente, sino también porque las posibilidades para la cooperación entre los países en desarrollo se están multiplicando y diversificando.
Cerca de cinco mil millones de personas viven actualmente en los países en desarrollo. Ellos tienen el derecho a una existencia decente y provechosa. Ellos producen y consumen. Constituyen, además, la abrumadora mayoría de la fuerza intelectual del mundo, que representa el recurso clave en la sociedad del conocimiento y de la información del siglo XXI.
Los niveles de vida y los patrones de producción y consumo que esas personas adopten son cruciales para el logro del desarrollo sustentable en el planeta. Esos individuos no estarán más en la periferia de la comunidad internacional y se convertirán progresivamente en una parte central de la misma.
Para que esto se concrete se requiere, entre otras cosas, promover objetivos compartidos entre el Norte y el Sur, incluyendo los vinculados con la democratización de las estructuras y de los procesos multilaterales y con la nivelación de los asimétricos campos de acción que colocan a los países en desarrollo en desventaja.
La cooperación Sur-Sur significa mayor confianza en las fuerzas endógenas y una ampliación de las opciones. Eso está comenzando a ocurrir en una serie de campos, demostrándose así que con los recursos y las capacidades necesarias en las manos y con un ambiente que lo permita, la cooperación Sur-Sur puede florecer.
Esfuerzos tales como la Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA), que busca expandir la cooperación entre América Latina, China e India en una serie de campos de vanguardia, o los muchos esquemas cooperativos en África, incluyendo aquellos que se ocupan de la seguridad regional, son indicativos de la nueva y promisoria frontera a alcanzar en las próximas décadas.
Tal cooperación será el instrumento para superar los obstáculos que se oponen al desarrollo y las fracturas Norte-Sur que continúan alimentando las relaciones desiguales y los disensos, además de amenazar la paz y la estabilidad.
* El autor fue secretario general de Naciones Unidas entre 1992 y 1996. Ahora preside el Centro Sur, que agrupa a 49 países.
|