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Un año aciago para los derechos humanos

Por Mary Robinson*

La salud, el cimiento del derecho a la seguridad y a una vida digna, siguió siendo una quimera en 2005.

NUEVA YORK.- En 2005 se ha mantenido la inquietante tendencia, visible desde 2001, del deterioro de los derechos humanos en todo el mundo. Mientras continúan las amenazas del terrorismo, algunos gobiernos justifican violaciones de derechos tan fundamentales como el de no ser torturado y el de libertad de expresión.

Una evaluación efectuada por el Foro Económico Mundial da cuenta del declive en el desempeño de los derechos humanos en 2005, al que califica con una desalentadora nota de dos puntos sobre diez.

A pesar de la creciente atención que se le ha prestado este año a la lucha contra la extrema pobreza, el derecho a la salud sigue siendo una quimera para millones de personas, no sólo para aquellos que padecen enfermedades como el sida, sino también para quienes no tienen acceso al agua potable, alimentos adecuados o un sistema sanitario fiable.

La salud no es un tema marginal: es el derecho más elemental. La salud es el cimiento del derecho a la seguridad y a una vida digna.

¿Cómo explicarle a una madre africana que tiene derecho a la vida y a la libertad, si su existencia está severamente limitada por el hecho de que sus hijos tienen un diez por ciento de probabilidades de morir antes de cumplir los cinco años, y que su propia esperanza de vida no supera los cuarenta años de edad?

¿Y de qué sirve que la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas establezca que los infantes deben ser protegidos y puedan “desarrollarse física, moral, espiritual y socialmente de una manera saludable y normal”? Que alguien le explique eso a los 37 millones de niños que no tienen acceso a vacunas que podrían prevenir fácilmente sus fallecimientos prematuros.

Ha llegado la hora de tender un puente entre las promesas y las realidades. Mi organización, La Iniciativa para la Globalización Ética (The Ethical Globalization Initiative) ha hecho un reciente llamado por el Derecho a la Salud, que ya ha recibido el apoyo de dos ex presidentes de Estados Unidos, un grupo de ex primeros ministros, varios Premios Nobel, así como otras personalidades, como el cantante británico Bono de la banda U2.

En pocas palabras, afirmamos que la salud no es sólo un don de la naturaleza, sino el derecho a “alcanzar el nivel de salud más alto posible” que los gobiernos del mundo han garantizado en la Convención Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

No se trata de un abstracto “derecho de estar sanos”, ni de que los gobiernos dispongan de servicios sanitarios que resulten económicamente inaccesibles en relación con los recursos públicos disponibles. Se trata de que los gobiernos pasen a la acción para lograr un mejor empleo del dinero que los países en desarrollo invierten en sanidad..

Debemos hacer un esfuerzo para promover el acceso al agua potable, a la nutrición y a sistemas sanitarios adecuados, otorgándole una importancia especial a las mujeres y a las niñas. Debemos apoyar los esfuerzos de los países más pobres para brindar a sus pueblos servicios sanitarios decorosos. Esa es la principal responsabilidad de los gobiernos de esos países, pero también resulta vital que las naciones ricas incrementen sus aportes económicos y contribuyan a mejorar la coordinación de las políticas de salud.

Y debemos hacer un llamado a todos los gobiernos para que apliquen la Convención sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales que ha sido ratificada por 151 naciones y habrá cumplido 30 años el próximo 2006: este es el momento para que esos acuerdos se lleven a cabo.

Sigamos el ejemplo de la ministra de Salud Pública de Kenia, Charity Kaluki Ngila, quien se comprometió a la prestación gratuita de los servicios sanitarios para toda la población. Comprometerse con un seguro de salud universal en un país en el cual 56 por ciento de la población vive por debajo de la línea de la pobreza, puede parecer un plan poco realista. Pero Charity hizo lo que los defensores de los derechos humanos han venido haciendo durante años: dejar claro que existe un derecho, y acto seguido reclamar que las sociedades le den cumplimiento.

Eso significa que los gobiernos acepten sus responsabilidades y que las cumplan por medio de recursos adecuados y de legislaciones y políticas efectivas. Significa que los pueblos reclamen un trato igualitario en el acceso a los servicios públicos, así como una mayor transparencia en la forma en que se distribuyen los fondos estatales. Significa que cada uno de nosotros se ponga de pie en nombre de nuestros derechos y de los derechos de los demás.

* La autora fue presidenta de Irlanda y alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Ahora preside la Iniciativa para la Globalización Ética.




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Enlaces Externos

The Ethical Globalization Inititive

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