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Reforma agraria bajo la lupa

Por Jacques Diouf *

La falta de tierra provoca hambre y pobreza en todo el mundo, alerta la FAO. La próxima semana en Brasil, una conferencia discutirá sobre la redistribución de este vital recurso.

ROMA.- Si pudiese fotografiar a “la pobreza”, la imagen que obtendría sería la de una familia de campesinos sin tierra. Son ellos, hombres y mujeres, los más pobres entre los pobres del mundo. Les siguen en esta triste clasificación aquellos que poseen parcelas tan pequeñas y exhaustas que no consiguen darles de comer. El valor de esta imagen reside en su claro mensaje: la falta de tierra es una de las causas principales de hambre y pobreza en el mundo.

Cuesta creer que en el siglo XXI aún haya millones de hogares que viven en la miseria por falta de acceso al recurso productivo más básico, que es la tierra. Las razones de esta sinrazón tienen que ver con el valor que la tierra ha tenido a lo largo de los siglos.

La tierra es, ha sido y será un activo económico esencial en las sociedades rurales, pero su valor monetario no es el único ni el más importante para muchos millones de personas. Para los pueblos indígenas es la base de su identidad, es su casa y la de sus antepasados, su farmacia, su lugar de trabajo y de ocio. En la mayoría de las sociedades la tierra significa poder, estatus, pertenencia a una clase social. Y para muchas mujeres es la base de su autonomía.

La tierra significa, en definitiva, pertenencia a un lugar, a una cultura. Por eso, cuando hablamos de hombres y mujeres sin tierra, hablamos de personas sin pasado, sin presente y sin futuro.

Algunas de las reformas agrarias llevadas a cabo en los últimos años han intentado ofrecer soluciones a estos problemas, con mayor o menor éxito, pero estamos lejos de haber resuelto la cuestión agraria. Nuevos desafíos mundiales como la globalización del comercio, el éxodo masivo hacia las ciudades, la degradación del medio ambiente o los conflictos civiles (causados en muchos casos por la falta de acceso y control de los recursos naturales), demandan respuestas urgentes en el ámbito global.

Quedan apenas diez años para alcanzar la meta fijada por la comunidad internacional en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre. Sólo un renovado compromiso en favor del desarrollo de las zonas rurales pobres permitirá romper el círculo vicioso de pobreza y hambre en el que viven más de 840 millones de personas en el mundo.

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, con el apoyo del gobierno de Brasil, ha decidido tomar el liderazgo en este proceso y celebrar una Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural.

La cita, que tendrá lugar entre el 7 y el 10 de marzo en la ciudad brasileña de Porto Alegre, pretende promover el intercambio experiencias a partir del análisis de varios procesos de reforma agraria llevados a cabo en todos los continentes.

En definitiva, se trata de llenar de contenidos renovados a conceptos ‘malditos’ como el de reforma agraria, reflexionar sobre el futuro del desarrollo rural, y conseguir resultados concretos que se materialicen en alianzas para la acción.

Por eso en Porto Alegre, la discusión se organizará en torno a grupos temáticos, a partir de documentos y estudios de caso, y la conferencia concluirá con una declaración y un plan de acción, cuyo cumplimiento será vigilado por un panel de observadores internacionales.

La lista de temas a discutir es tan larga como sustanciosa: cómo combinar la justicia social con el desarrollo sostenible, cómo legislar las necesidades específicas de grupos nómadas y sedentarios, cuáles deben ser los roles del Estado y del mercado en los procesos de reforma agraria, cómo promover energías renovables para revitalizar las economías rurales y cómo valorar el papel fundamental que juegan las mujeres en la agricultura y la conservación de los recursos naturales.

* Director general de la FAO desde 1994.




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