 |
|
“Ignorancia lastima a la Amazonia” |
|
Por Mario Osava*
El
brasileño Tarcisio Feitosa da Silva, galardonado con el Premio Goldman,
dialogó con Tierramérica.
RÍO DE JANEIRO.- La ignorancia de los problemas
de la Amazonia brasileña conduce a políticas basadas en visiones
erróneas, sostiene Tarcisio Feitosa da Silva, galardonado con el
Premio Ambiental Goldman 2006 por su defensa de un conjunto de reservas
amazónicas que conforman el corredor ecológico tropical más grande
del mundo.
La violencia y los delitos ambientales impunes, las poblaciones
abandonadas a la pobreza, la apropiación fraudulenta de tierras
públicas y la deforestación son algunos de los flagelos que afectan
a esa región.
El premio Goldman, de 125 mil dólares, reconoce actuaciones ambientales
destacadas en áreas de riesgo y se concede anualmente a activistas
de seis regiones. Feitosa lo recibió por la zona de América del
Sur y Central.
De 35 años, este activista integra la católica Comisión Pastoral
de la Tierra, que defiende a campesinos, y el Movimiento por el
Desarrollo de la Transamazonia y el Xingú, una red de 114 organizaciones
no gubernamentales.
Minutos después de volver de Estados Unidos, donde el 24 de abril
recibió el premio, Feitosa dialogó vía telefónica con Tierramérica.
Lo hizo desde Altamira, ciudad de 85 mil habitantes a orillas del
río Xingú, en el norte de la Amazonia, donde se crió y sigue viviendo
con su esposa y dos hijos, pese a las amenazas de muerte que ha
recibido.
Tierramérica: ¿Cómo surgió su vocación por el activismo ambiental?
Feitosa: Estaba vinculado a las comunidades eclesiásticas de base
cuando, a los 15 o 16 años, me invitaron a trabajar con indígenas.
Esto me despertó el interés por los pueblos forestales y una comprensión
crítica de los problemas ambientales en el área agrícola amazónica,
que despierta el apetito de quienes quieren sustituir bosques por
ganadería, soja y madera. Mi compromiso con las comunidades se inspira
en el discurso y la práctica del obispo Erwin Krautler (por más
de 30 años en Xingú) y otros activistas locales por los derechos
humanos.
--¿Qué reconoce el Premio Goldman?
-- La historia de lucha del movimiento social en la cuenca del Xingú.
Estamos construyendo el mayor corredor ecológico del mundo, con
un mosaico de 42 áreas de conservación integral, tierras indígenas
y unidades de desarrollo sustentable, sumando 282 mil 489 kilómetros
cuadrados (lo que equivale a Costa Rica, Honduras y Nicaragua sumadas).
En la zona enfrentamos varias amenazas: los agronegocios, el "grillaje"
(adueñarse ilegalmente de tierras públicas) y la violencia en el
(septentrional) estado de Pará. En la última década, hubo ahí 722
asesinatos por conflictos agrarios, prácticamente sin castigo a
los asesinos.
--La condena de los autores del asesinato en Pará de la monja estadounidense
Dorothy Stang el 12 de febrero de 2005, ¿no cambió la situación?
-- Casi nada cambió. Hubo medidas espectaculares, con presencia
del gobierno y del ejército, pero sin seguimiento. El caso de Stang
fue una excepción. Muchos asesinatos ocurridos varios años atrás
aún siguen sin juicio y los crímenes continúan. El Poder Judicial
tendría que dar el ejemplo, pero no sanciona a asesinos ni hace
efectivas muchas multas por delitos ambientales. La criminalidad
que hay en Pará es enorme.
--¿Cómo contribuye el Premio Goldman?
-- Genera visibilidad para la región, atrae a los medios de comunicación
y favorece el combate a la violencia y un mejor conocimiento de
la realidad local.
--El mundo conoce la Amazonia por la deforestación y la violencia,
pero ¿cuál es para usted el mayor problema de la zona?
--Es el desconocimiento de la diversidad de su naturaleza y su sociedad,
que comprende indígenas, pueblos ribereños, agricultores familiares,
pescadores. No se conoce la Amazonia viéndola sólo por satélites.
El gobierno, con una visión del sur y sudeste de Brasil, aprueba
presupuestos con recursos para la siembra cuando nuestros agricultores
ya están cosechando. Es más fácil obtener créditos para la ganadería,
la soja y el arroz que para productos locales, como castaña, açaí
(fruto de una palmera de la región) y pescado. Se facilita el dinero
para destruir los bosques y no para mantenerlos en pie. Pará es
un gran productor de energía, pero su pueblo sigue en la miseria.
Yo estudié hasta la universidad a la luz de una lamparilla, estando
a 400 kilómetros de la gigantesca central hidroeléctrica de Tucuruí,
cuya luz llegó a las ciudades cercanas hace apenas cuatro años,
pero aún no a las comunidades rurales.
--¿Hay perspectivas de mejoras?
-- Apostamos mucho al desarrollo local con los bosques en pie. Tenemos
un proyecto político de desarrollo y, pasados 30 años de abandono,
hay señales de alguna atención gubernamental. Conseguimos una línea
de transmisión eléctrica desde Tucuruí y la carretera Transamazónica
está transitable desde hace un año, mantenida por el gobierno. Son
avances.
* Corresponsal de IPS.
|