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El incómodo retorno del oso pardo |
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Por Julio Godoy*
Francia,
España y Andorra reintroducen a esta especie en los Pirineos. Temerosos
pobladores se oponen.
PARÍS, 29 May (Tierramérica).- Muchos habitantes
de los Pirineos, sobre todo pastores, están aterrados por un hambriento
gigante de más de dos metros de alto y 200 kilogramos de peso que
se multiplica rápidamente y no respeta fronteras.
Se trata del oso pardo (Ursus arctos) u oso de Eslovenia que hasta
hace poco era considerado prácticamente extinguido en varios países
europeos, y que ahora es reintroducido en las montañas de la frontera
franco-española.
Unas 15 osas serán liberadas en los Pirineos en los próximos años,
según un acuerdo entre Francia, España y Andorra, suscrito el 22
de mayo.
Pero ya desde fines de abril, tres osas de Eslovenia fueron puestas
en libertad en la región por orden del gobierno francés, lo que
motivó sonoras protestas de pastores y habitantes de los Pirineos
e incluso de ecologistas, quienes ven en la proliferación de este
animal un riesgo mayor para sus actividades económicas y de ocio.
Con pancartas que rezaban “Osos en libertad, hombres en peligro”,
unos 200 ganaderos protestaron el 23 de mayo en una de las más recientes
marchas contra la reintroducción en la septentrional ciudad española
de Huesca.
Aunque varios osos machos viven en regiones montañosas francesas,
la especie corría riesgo de desaparecer por ausencia de hembras.
La última registrada en los Pirineos franceses, una osa llamada
Canela, fue muerta en noviembre de 2004 por un pastor local, cazador
en su tiempo libre, quien la consideraba un riesgo para la seguridad
de sus rebaños.
La muerte de la osa motivó al gobierno francés a importar varias
hembras de Eslovenia y a liberarlas en las montañas fronterizas
con España, para estimular la reproducción de la especie.
El oso pardo, dicen sus detractores, no sólo ataca los rebaños de
ovejas y aves de crianza. Si bien, según la leyenda, se alimenta
de miel y vegetales, no ignora las delicias de la carne y puede
devorar una oveja en un santiamén. Y, aunque prefiere evitar al
ser humano, en circunstancias especiales puede mostrarse muy agresivo.
Los críticos del plan de reintroducción, recuerdan, además, que
el oso pardo no está en vías de extinción, pues unos 200 mil ejemplares
sobreviven, sobre todo en América del Norte y Rusia, pero también
en los Balcanes.
Pero los ecologistas afirman que la supervivencia de este monumental
oso en su nuevo hábitat es una garantía de equilibrio ambiental.
Para Farid Benhammou, geógrafo y especialista en predadores, la
presencia perdurable del Ursus arctos en los Pirineos demostraría
la buena salud del ecosistema de la zona.
"Los conflictos achacados al oso pardo se originan en el moderno
uso múltiple de la montaña por pastores, cazadores y excursionistas
que la han transformado en un paisaje artificialmente salvaje. La
presencia del oso pardo en los Pirineos nos va a obligar a concebir
la montaña desde una perspectiva de convivencia entre diferentes
especies y el hombre", dijo Benhammou a Tierramérica.
Según el especialista, la oposición al reasentamiento de este oso
se basa en argumentos de origen económico, que no tienen nada que
ver con su convivencia con animales de crianza.
"La agricultura francesa está en crisis", opinó Benhammou. "En los
Pirineos debe haber unos 600 mil ovinos, de los cuales 300 mil habitan
regiones donde también vive el oso pardo. De estos animales, apenas
entre 200 y 400 mueren cada año atacados por el oso. En cambio,
hasta 20 mil fallecen víctimas de enfermedades".
Estos argumentos no convencen a los pastores.
"Analizar las cifras de ovejas y cabras muertas por el oso en términos
generales es absurdo. El oso ataca siempre a los mismos rebaños.
Si el mío es de 500 animales y el oso me mata 30 al año, tengo un
problema económico inmenso", señaló Vincent Gleizes, un pastor de
los Pirineos orientales franceses.
"Si yo veo un oso pardo cerca de mi rebaño, lo mato", dijo Gleizes
a Tierramérica. Ya en 1997, un cazador francés abatió a Mellba,
una osa eslovena que había sido liberada en los Pirineos un año
antes.
A mediados de este mes, las autoridades del meridional estado alemán
de Baviera autorizaron la ejecución de un oso pardo que había emigrado
desde la sudoccidental región austriaca de Tirol. Según el ministro
bávaro de Ambiente, el oso "estaba fuera de sí", pues saqueó varios
parques apícolas y atacó granjas de aves de corral protegidas.
Este oso pardo era el primero en asentarse en Alemania desde la
desaparición de esta especie en el país en 1835. Aunque esto normalmente
sería motivo de satisfacción para defensores de la biodiversidad,
la realidad es distinta.
Como ironizó la periodista austriaca Doris Knecht, "el orgullo inicial,
de poder mostrar un oso pardo a los turistas, fue sustituido inmediatamente
por el miedo a que los turistas dejen su vida en la aventura".
* Corresponsal de IPS.
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