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Los desiertos sí pueden generar riqueza |
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Por Diego Cevallos*
La
producción de energía solar en el desierto chileno de Atacama y
el ecoturismo en Salta, Argentina, son casos exitosos de uso sostenible
de tierras áridas en la región.
MÉXICO, 5 Jun (Tierramérica).- Los desiertos
avanzan en América Latina y el Caribe, donde cubren ya unos cinco
millones de kilómetros cuadrados, casi una cuarta parte de la región.
Aunque este fenómeno preocupa, nuevos estudios sugieren que las
tierras áridas también pueden generar riqueza.
Estos ecosistemas tienen el potencial de producir electricidad por
energía solar, permiten cultivar peces y atraer turismo. Además,
existen indicios de que su fauna y flora contienen armas genéticas
contra enfermedades como el cáncer uterino.
Aunque en la región se explota una mínima proporción de las tierras
desérticas, hay algunos casos exitosos.
En el septentrional desierto chileno de Atacama se aprovecha la
energía solar. En la norteña provincia argentina de Salta se promociona
el turismo. Y en una región del estado de Chihuahua (norte de México),
los arbustos desérticos permiten alejar del peligro de extinción
a un tipo de roedores llamados perros llaneros o de pradera (Cynomys
ludovicianus).
Además, en lugares áridos del estado mexicano de Sonora emerge agua
pura que permite cultivar granos de buena calidad.
"No todos los cambios (generados por la desertización) tienen que
ser necesariamente dañinos. Algunos pueden tener beneficios concretos
para los pueblos indígenas y otros habitantes de los desiertos,
e inclusive para el mundo entero", señala la Evaluación Mundial
de los Desiertos, elaborada por el Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (Pnuma).
Según el estudio, elaborado con motivo del Día Mundial del Medio
Ambiente --el 5 de junio--, "los desiertos se podrían convertir
en la fuente de electricidad libre de carbón para las habitaciones
del siglo XXI".
"Un área de 800 por 800 kilómetros de un desierto como el Sahara
podría capturar suficiente energía solar para generar las necesidades
eléctricas de todo el mundo, e inclusive más", agrega.
En el desierto de Atacama ya se saca una pequeña partida de energía.
Allí, comunidades quechuas de la llamada comuna de Ollagüe, que
viven a cuatro mil metros de altura y llegan a soportar temperaturas
nocturnas de hasta 40 grados bajo cero, calientan sus viviendas
con baterías solares.
El uso de esta tecnología, que integra un proyecto financiado desde
2004 por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, beneficia a 12
familias de esa comuna, de apenas 273 habitantes.
Por el aislamiento de la región, allí no existen sistemas de electricidad.
Y sus caseríos, de piedra y barro, hasta hace poco sólo podían calentarse
con la combustión de leña y alumbrarse con velas y lámparas de carburo.
La auxiliar municipal de Ollagüe, Carmen Achu Colte, explicó a Tierramérica
que en breve el programa con paneles solares se extenderá a 25 familias,
que aspiran a desarrollar riego por goteo, piscicultura y turismo.
Según el documento del Pnuma, el "turismo basado en la naturaleza
de los desiertos puede proporcionar (…) nuevas posibilidades y perspectivas
para los pueblos de las regiones más pobres del mundo".
En Argentina, se creó en 1996 el Parque Nacional Los Cardones, en
la zona desértica de Salta. Allí, las autoridades turísticas promocionan
safaris fotográficos y observación de flora y fauna.
En México, el científico Gerardo Ceballos busca preservar a los
roedores, conocidos como perros de padrera, en una zona de Chihuahua
de 500 mil hectáreas amenazada por la desertización. Pretende que
el gobierno la declare reserva natural.
Ceballos, ganador del premio británico Whitley por su trabajo, afirma
que llegarán otros animales en un número tan alto que transformarán
el lugar en un gran atractivo turístico, similar al parque natural
estadounidense de Yellowstone.
Según la Evaluación Mundial de los Desiertos, los ecosistemas de
esas áreas también tienen un potencial prometedor en el frente alimentario.
Por ejemplo, señala que en Nipa, una zona en el desierto de Sonora,
emerge agua tan pura que favorece la producción de granos de calidad,
siendo "un candidato fuerte para una mejor cosecha de alimentos
a nivel mundial".
Los desiertos prometen además “nuevas fuentes para medicinas derivadas
de sus plantas y animales que están asombrosamente adaptados a su
severo y comúnmente impredecible hábitat”, señala el Pnuma.
Una de las posibles minas genéticas está en los desiertos de Chihuahua,
en México. Según estudios de la organización ambiental WWF, allí
radica casi 25 por ciento de las mil 500 especies de cactus conocidos
por la ciencia y varios son endémicos, es decir que no se encuentran
en ninguna otra parte del mundo.
Cerca de una cuarta parte de la superficie del planeta se considera
zona desértica. En su entorno habitan más de 500 millones de personas.
Los desiertos están amenazados por actividades humanas no sustentables,
extracción excesiva de agua y fenómenos climáticos, y por estas
causas, su presencia se extiende hacia zonas antes llenas de vegetación,
fenómeno conocido como desertización.
En América Latina y el Caribe hay unos 313 millones de hectáreas
afectadas por la desertización (250 millones en América del Sur
y 63 millones en América Central y México).
El avance de la erosión en tierras antes productivas es de tal dimensión
en el mundo, que alrededor de 191 países ratificaron una convención
de la Organización de las Naciones Unidas --vigente desde 1996--
que apunta a detener el fenómeno.
* Corresponsal de IPS. Con aporte de Gustavo
González (Chile)
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