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Aguas turbulentas entre Honduras y El Salvador |
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Por Thelma Mejía *
Comunidades
de la frontera rechazan la represa binacional El Tigre, que inundará
72 kilómetros cuadrados. Pero funcionarios afirman que el proyecto
evitará futuros conflictos entre los dos países en torno al líquido.
TEGUCIGALPA, 12 Jun (Tierramérica).- La construcción
de la represa El Tigre, a un costo de 1,500 millones de dólares
en la frontera que Honduras y El Salvador comparten en el río Lempa,
desató una ola de opiniones encontradas. Unos alegan pérdida de
soberanía sobre los recursos naturales, otros consideran que la
represa evitaría una nueva guerra entre ambos países, esta vez por
agua.
Los primeros acercamientos para echar a andar este megaproyecto
hidroeléctrico, que tendrá una cortina de 100 metros de alto e inundará
72 kilómetros cuadrados, comenzaron hace tres semanas. Y las comunidades
fronterizas demandan mayor información y participación sobre sus
alcances.
La idea de construir esta obra que abastezca de energía a 70 por
ciento de la población salvadoreña se gestó en 1991, pero recién
el 18 de abril de 2006 los presidentes de Honduras y El Salvador
--Manuel Zelaya y Antonio Saca, respectivamente-- formalizaron la
decisión.
Carlos Orbin Montoya, representante hondureño ante el Banco Centroamericano
de Integración Económica (BCIE), cree que el proyecto llega "en
un buen momento, porque ya finalizó la demarcación fronteriza" entre
los dos países, "y con la represa se busca producir nuevas formas
de energía limpia".
"Ambos países debemos llegar a consensos. Yo les digo a las voces
disonantes que no se opongan por oponerse. Este proyecto estará
terminado en un par de años; hay tiempo para dialogar", dijo Orbin
Montoya a Tierramérica.
En 1969, Honduras y El Salvador mantuvieron una guerra de 100 horas
por problemas fronterizos, dejando pérdidas económicas del lado
hondureño superiores a los 20 millones de dólares, según cifras
oficiales. Se le llamó "la guerra del fútbol", pues se produjo en
el marco de un partido entre las dos selecciones.
Ese litigio llevó a ambos países a dirimir sus diferencias ante
el Tribunal de la Haya, en Holanda, que en 1992 falló a favor de
Honduras, concediéndole dos tercios de los territorios en disputa
y garantizándole su salida al océano Pacífico.
Desde entonces, el proceso de demarcación fronteriza fue lento,
y sólo concluyó el mismo día en que los gobernantes anunciaron su
disposición de iniciar las obras de El Tigre.
La represa estaría ubicada en los departamentos que comprenden la
región occidental de Honduras, y del lado salvadoreño abarcaría
al septentrional departamento de San Miguel, según proyecciones
preliminares.
Los primeros sorprendidos por el anuncio de la construcción de la
planta fueron los poblados limítrofes de los occidentales departamentos
hondureños de Intibucá, Lempira y La Paz, que protestaron públicamente
en la frontera y en Tegucigalpa, la capital. Se estima que el embalse
afectaría al menos a seis comunidades hondureñas. Nadie sabe qué
pasará con ellos.
Según Salvador Zúñiga, del Consejo Cívico de Organizaciones Populares
e Indígenas de Honduras (Copinh), el proyecto desplazará a unas
20 mil personas, aunque el gobierno estima que serían unas cinco
mil.
"Estamos dispuestos a dialogar, vamos a indemnizar, pero ahora estamos
en los estudios preparatorios que nos lleven a una consulta permanente
con las poblaciones afectadas de ambos países y demás líderes sociales",
explicó Jacobo Hernández, comisionado hondureño para implementar
el proyecto, junto a su homólogo salvadoreño, Eduardo Zablah.
En El Salvador, organizaciones sociales como el Consejo Nacional
de Trabajadores del Campo (CNTC), indicaron que la represa traerá
a sus poblados inseguridad alimentaria, migraciones y desempleo.
Víctor Rivera, integrante del Consejo, afirmó que la construcción
de El Tigre es una afrenta a los derechos humanos de hondureños
y salvadoreños.
Los potenciales efectos negativos en el entorno derivados de la
central hidroeléctrica también están en el centro de las preocupaciones.
“Los únicos dos estudios de impacto ambiental que existen los tiene
El Salvador y nadie los conoce aquí”, dijo a Tierramérica Rigoberto
Sandoval, ecologista hondureño.
Pero Sandoval cree que no se debe satanizar de entrada el proyecto.
“El Salvador tiene fuertes problemas hídricos y esa represa no sólo
va a resolver ese problema, sino que nos puede evitar a nosotros
una guerra por agua", dijo.
El especialista sostiene que se debe conseguir la documentación
que tiene El Salvador. “Los más interesados en el proyecto deben
propiciar un estudio de impacto ambiental y hacer una buena negociación
donde las instalaciones de la represa no queden del lado salvadoreño
sino del nuestro", señaló.
Mario Ponce, experto hondureño en temas agrícolas, coincidió en
que los problemas de agua son tan fuertes en El Salvador que hay
que "pensar en cómo evitar futuros conflictos" por este tema.
Para el embajador salvadoreño en Honduras, Sigifredo Ochoa, la represa
es una oportunidad que incluso reivindicará "el espíritu integracionista
que caracterizó" a ambos países. "Es un esfuerzo que permitirá borrar
obstáculos, incluso los existentes en las líneas fronterizas", acotó
en declaraciones a la prensa local.
Adolfo Facussé, presidente de la Asociación Nacional de Industriales
(ANDI) de Honduras, afirmó que esa entidad apoya la construcción
de la represa.
"Se debe debatir más, obtener toda la información posible y conocer
experiencias similares en otros países sudamericanos, porque la
represa El Tigre es, por ahora, la mejor opción para los salvadoreños",
opinó.
* Colaboradora de Tierramérica.
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