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Exportadores de soja en la mira de Greenpeace |
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Por Stephen Leahy *
El
grupo responsabiliza a Cargill y otras multinacionales por la deforestación
en la Amazonia. Y denuncia que la construcción de nuevas carreteras,
como la BR-163, alentará más tala para el cultivo de la oleaginosa.
TORONTO, 12 Jun (Tierramérica).- Financiado
por corporaciones estadounidenses de agro negocios, como Cargill,
el cultivo de soja es uno de los principales causantes de la deforestación
en la Amazonia brasileña, denuncian activistas del grupo ambiental
Greenpeace, que lidera una campaña internacional contra la siembra
de esta oleaginosa.
Este y otros grupos ecologistas rechazan la construcción de carreteras,
vías férreas y canales para transportar la soja a puertos como Santarem,
de Cargill, sobre el río Amazonas.
La polémica aumentó tras el anuncio del gobierno de Brasil el 5
de junio de que se pavimentará la carretera amazónica BR-163 que
unirá Santarem con el estado de Mato Grosso a lo largo de 1,700
kilómetros, y dará salida rápida a la producción de los cultivadores
de soja.
"El Amazonas es una de las áreas más biodiversas de la Tierra y
la necesitamos para estabilizar el clima del planeta, pero (Cargill)
está destrozando la selva para cultivar soja que alimente a los
animales de granja europeos", dijo Thomas Henningsen, coordinador
de la campaña global de Greenpeace para el Amazonas.
Activistas de la organización clausuraron la principal planta exportadora
europea de soja de Cargill, en el Amazonas, y bloquearon sus instalaciones
en el Reino Unido y Francia en protestas realizadas del 19 al 22
de mayo contra el rol de la compañía, a la que responsabilizan por
la destrucción de 1,2 millones de hectáreas de selva tropical para
cultivar soja.
Buena parte de la financiación del cultivo de soja procede de firmas
comercializadoras fuera de Brasil. Cargill y otros dos gigantes
de los agronegocios, Archer Daniels Midland (ADM) y Bunge, son responsables
de 60 por ciento de las inversiones financieras en la producción
de soja allí, asegura Greenpeace. Estas tres empresas controlan
casi 80 por ciento del procesamiento de soja de la Unión Europea.
Cargill también posee la avícola Sun Valley en Francia, que suministra
millones de pollos a supermercados y restaurantes de comida rápida
de toda Europa, que son alimentados con base en soja cultivada ilegalmente
en la región amazónica, según Greenpeace.
El grupo denuncia además que varios de los grandes establecimientos
que proveen de soja a Cargill están "vinculados al uso de mano de
obra esclavizada, apropiación ilegal de tierras y deforestación
masiva".
Brasil es el segundo mayor productor de soja, detrás de Estados
Unidos, suministrando más de 30 por ciento de los cultivos mundiales.
”Cargill reconoce la importancia del Amazonas, pero rechaza la demanda
de Greenpeace de prohibir la agricultura comercial en la región”,
explicó a Tierramérica Afonso Champi, director de relaciones públicas
de la firma en la sudoriental ciudad brasileña de Sao Paulo.
Con sede en el estado estadounidense de Minnesota, Cargill es una
de las mayores empresas privadas del mundo. El año pasado facturó
71 mil millones de dólares. "Comenzando con el próximo cultivo,
solamente compraremos soja a los productores que cumplen con el
Código Forestal de Brasil", aseguró Champi. Bajo ese código, 80
por ciento de la selva debe mantenerse.
Cargill se alió con la no gubernamental Nature Conservancy, que
ayuda a los propietarios de tierras a cumplir con esa norma, dijo.
"Brasil tiene buenas leyes ambientales, pero las aplica muy pobremente",
señaló a Tierramérica Bill Laurance, ecologista de la Instituto
Smithsonian de Investigaciones Tropicales, en Balboa, Panamá.
"La deforestación fue la peor de los últimos años, con una reducción
anual de entre dos y 2,4 millones de hectáreas", dijo Laurance.
Más grande que Europa, la selva amazónica alberga a casi 10 por
ciento de los mamíferos del mundo y a 15 por ciento de las especies
vegetales terrestres conocidas. Una sola hectárea puede contener
300 especies de árboles.
Brasil es el cuarto mayor emisor de gases de efecto invernadero,
causantes del recalentamiento planetario, principalmente por la
deforestación amazónica, según Greenpeace. Los expertos coinciden
en responsabilizar al cultivo de soja.
La soja se cultiva principalmente en las praderas de la región y
en ex establecimientos ganaderos, afirmó Laurance. Tras vender su
tierra, los productores a menudo pasan a deforestar nuevas áreas
para continuar criando ganado.
Con el anuncio de construcción de nuevas carreteras “enormes franjas
de selva serán despejadas. Es casi una invitación a la tala y la
especulación", advirtió.
Pero el gobierno del presidente Luis Inácio Lula da Silva aseguró
que la pavimentación de la carretera amazónica BR-163 no provocará
deforestación, ya que cuenta con un plan de sustentabilidad que
garantizará todos los controles ambientales.
Según Adalberto Veríssimo, investigador del Instituto del Hombre
y Ambiente de Amazonia, la llamada “carretera verde”, que se completará
en un lapso de dos a tres años a un costo de 450 millones de dólares,
depende del éxito en fomentar una “economía de los bosques en pie”
obteniendo apoyo de buena parte del mercado.
“Es imposible mantener el control sólo por inspección gubernamental”,
señaló.
Laurance sostuvo que la necesidad de cumplir con enormes pagos de
deuda externa está fomentando la exportación de soja. "Brasil está
desesperado por exportar para sacar su cabeza a la superficie, y
eso da a quienes presionan por la soja una enorme influencia política
en los ámbitos regional y nacional”, argumentó.
Según Greenpeace, no será extraño que multinacionales como Cargill
aporten parte del financiamiento para la pavimentación de la carretera
BR-163.
* Colaborador de Tierramérica. Con aporte
de Mario Osava (Brasil).
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