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Desastres atentan contra Metas del Milenio |
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Por Patricia Grogg*
El
impacto social y económico asociado a cataclismos crece, advierten
especialistas. Sólo en Cuba, los huracanes produjeron pérdidas de
dos mil 300 millones de dólares en 2005.
La HABANA, 19 Jun (Tierramérica).- Si los países
de América Latina y el Caribe no trabajan en la reducción del riesgo
de desastres naturales incumplirán los Objetivos de Desarrollo de
la ONU para el Milenio, alertaron esta semana expertos internacionales
en el VII Congreso Internacional sobre Desastres, en La Habana.
"Hemos avanzado en la reducción de la mortalidad, pero el número
de personas afectadas y las pérdidas económicas asociadas a cataclismos
crece", dijo Francisco Arias, coordinador en funciones del sistema
de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Cuba, ante especialistas
de 27 países que se dieron cita del 13 al 16 de junio.
Entre 1970 y 1999 se produjeron unos 900 desastres en el continente
americano, con un costo anual promedio de entre 700 y tres mil millones
de dólares, 148 millones de damnificados y ocho millones de viviendas
destruidas, entre otras pérdidas.
En 2005, el impacto directo o indirecto sobre Cuba de los huracanes
Dennis, Wilma y Rita costó al país más de dos mil 300 millones de
dólares, según estimaciones oficiales. Un año antes, el paso de
Iván causó a la pequeña isla de Granada daños por 889 millones de
dólares, más del doble de su producto interno bruto (PIB) de 2003.
"Se destruyen los progresos del desarrollo, cae la economía y aumenta
la pobreza. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
considera que si no tomamos en cuenta la reducción de riesgos de
desastres no alcanzaremos los objetivos de desarrollo propuestos
para 2015", agregó Arias.
Los ocho objetivos, aprobados en Nueva York en el año 2000, son:
reducir a la mitad (respecto de 1990) la proporción de personas
que viven en la indigencia y padecen hambre, lograr la educación
primaria universal, promover la igualdad de género, reducir la mortalidad
infantil en dos tercios y la materna en tres cuartos, combatir la
propagación del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida),
la malaria y otras enfermedades, asegurar la sustentabilidad ambiental
y crear una sociedad global para el desarrollo entre el Norte y
el Sur.
"El impacto de los desastres retrasa. Lo que se podría invertir
en educación y salud, hay que gastarlo en reconstrucción", dijo
a Tierramérica Linda Zilbert, especialista del Buró de Prevención
de Crisis y Recuperación del PNUD.
Estudios del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(Pnuma) indican que el aumento en la degradación ambiental y la
pobreza urbana durante las últimas décadas agravó la vulnerabilidad
de la población latinoamericana y caribeña, expuesta a sufrir con
mayor rigor el impacto de huracanes, terremotos o inundaciones.
De ahí la necesidad de incorporar la prevención de riesgos al desarrollo
sostenible con participación local y comunitaria, involucrando a
las organizaciones no gubernamentales y a grupos de ciudadanos.
El "desarrollo debe disminuir el riesgo mediante una reducción de
la vulnerabilidad social, económica y ambiental de las poblaciones
y territorios amenazados", subrayó el Pnuma en un informe de 2003.
Para Zilbert existe una relación directa entre los peligros de desastre
y el desarrollo. "Si ocurren desastres es porque existen condiciones
de riesgo y hay que reducirlas", indicó la experta, quien expuso
un proyecto del PNUD para recopilar experiencias en esa materia
que comenzó con países andinos y luego se extendió al Caribe.
Al respecto, Zilbert y otros funcionarios de la ONU que asistieron
al congreso coincidieron en que la "intervención del hombre" puede
aumentar el peligro de catástrofe.
"Hay países con zonas que se inundan todos los años, pero se sigue
construyendo en ellas", ejemplificó Arias, representante en Cuba
de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO).
Al respecto, Zilbert alertó que resulta más fácil pensar que "el
enemigo" es la naturaleza, en vez de criticar los modelos de desarrollo.
"Los desastres tienen un elemento natural, pero también hay otro
vinculado a las condiciones en que vivimos", insistió.
Desde hace un par de años el PNUD trabaja en una red intercultural
entre los países del Caribe para sistematizar, intercambiar y difundir
iniciativas sobre cómo hacer sistemas de alerta temprana, capacitación
en desastres y preparativos y reconstrucción de viviendas, entre
otras prácticas.
"El reto es convertir todo eso en herramientas útiles para la región",
dijo la experta. A la vez, recordó que gestionar el riesgo y generar
medidas de adaptación implica un compromiso por transformar las
condiciones que conducen a los desastres y el trabajo compartido
en el área.
"Si no trabajamos de manera integrada no se van a reducir las condiciones
de riesgo. Si las buenas prácticas y lecciones aprendidas no sirven
para mejorar la capacidad y generar conocimientos, no hemos adelantado
nada", concluyó.
* Corresponsal de IPS.
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