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¿Se compran votos para matar ballenas? |
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Por Diego Cevallos*
Japón
habría intentado sobornar a países centroamericanos para que apoyen
el fin de la moratoria a la caza comercial de ballenas durante una
cita que se realiza en el Caribe. Honduras y Guatemala desmienten
presiones.
MÉXICO, 19 Jun (Tierramérica).- Unas mil ballenas
son sacrificadas cada año con arpones que explotan al tocar su piel,
bastones que les descargan miles de voltios o disparos en sus cabezas.
Japón es el rey de estas prácticas y, en su afán de mantenerlas
y ampliarlas, soborna a gobiernos de pequeños países latinoamericanos,
denuncian ambientalistas y científicos.
El gobierno nipón propone suspender la moratoria a la caza comercial
de cetáceos, vigente desde la segunda mitad de los años 80, durante
la reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que delibera
desde el 16 y hasta el 20 de este mes en las islas caribeñas de
Saint Kitts y Nevis.
Los delegados de la CBI votaron este domingo a favor de una primera
moción que abre el camino para levantar la moratoria, decisión que
fue impugnada por Brasil y Nueva Zelanda. Japón debe ahora lograr
conseguir que 75 por ciento de los 65 países integrantes de la Comisión
vote contra la veda en una próxima reunión.
A cambio de que diversas naciones, la mayoría sin ninguna tradición
ballenera, apoyen su postura en la CBI, Japón ofrece apoyos financieros
y asesoramiento pesquero, denuncian especialistas.
"Eso es conocido por todos y Japón ni siquiera lo oculta", dijo
a Tierramérica el mexicano Jorge Urban, experto en cetáceos de la
Universidad Autónoma de Baja California Sur, quien desde 1986 asiste
a las sesiones anuales del comité científico de la CBI.
Se prevé que los países más grandes de la región, como Argentina,
Chile, Brasil y México, se opongan a la suspensión de la moratoria.
Pero en vísperas de la reunión se alertó que naciones como El Salvador,
Guatemala, Honduras y Nicaragua podrían apoyar la propuesta japonesa
de levantar la prohibición.
"La mitad de países que forman parte de la Comisión quiere terminar
con la veda y la otra mantenerla", explicó Urban.
La organización ambientalista Greenpeace acusó al gobierno del presidente
de Honduras, Manuel Zelaya, de ceder a presiones de Tokio.
El canciller hondureño Milton Jiménez se manifestó indignado. "Es
una especulación y una ofensa intolerable. Cualquier determinación
en ese aspecto debe ser tomada por el presidente en consulta con
sus ministros, y eso no está en agenda. Honduras no vende ni negocia
sus votos", aseguró Jiménez a Tierramérica.
Greenpeace "debe acreditar su fuente para asegurar eso (que el país
fue sobornado) y haremos una protesta formal si la especulación
se mantiene", advirtió.
Para beneplácito de los ambientalistas y a último minuto, El Salvador
y Guatemala informaron que no lograron sumarse como nuevos miembros
de ese foro y que por lo tanto no asistirán.
“Guatemala no estará en San Kitts y Nevis, ni como miembro de la
CBI ni como observador”, confirmó a Tierramérica el canciller de
ese país, Jorge Briz.
Nicaragua y Honduras, que integran el foro, mantuvieron una postura
incierta. Aunque el gobierno hondureño se molestó por las denuncias
de Greenpeace, no informó claramente cuál será su voto.
La decisión de restringir la captura de ballenas en los años 80
se tomó con base en evidencias de que varias especies de cetáceos
estaban en peligro de extinción, debido a la caza indiscriminada.
Las ballenas, de las cuales hay más de 20 especies en el mundo,
son mamíferos de inteligencia similar a la de los animales domésticos,
afirman científicos.
Japón, Islandia y Noruega sostienen que las poblaciones de algunas
clases de cetáceos ya se reprodujeron suficientemente y que su pesca
debe reactivarse. Afirman, por ejemplo, que la variedad minke, la
más pequeña de las ballenas barbudas, tiene ya una población de
unos 500 mil ejemplares.
Las alrededor de mil ballenas que se capturan actualmente son parte
de cuotas establecidas por la CBI para hacer estudios científicos
y permitir que pueblos aborígenes como los esquimales no pierdan
sus antiguas tradiciones pesqueras y alimenticias.
El gobierno de Noruega es el único del mundo que rompió unilateralmente
la veda acordada por la CBI en 1993, año en que reinició la pesca
de ballenas minke, que llegan a medir unos 10 metros de longitud.
Las autoridades de ese país sostienen que la moratoria adoptada
en 1986 debía revaluarse en 1990, pero no se hizo porque la mayoría
de los miembros de la organización se opuso, aunque consideraba
que había evidencia clara de la recuperación de variedades como
la minke.
Japón, en cambio, mantiene la caza alegando estudios científicos.
Pero la carne de la gran mayoría de las ballenas termina en los
restaurantes de ese país o se exporta como producto exótico.
"Japón y Noruega dicen tener el derecho a cazar ballenas y argumentan
que el recurso se aprovecha matándolas. Ese mismo derecho tenemos
nosotros de expresar que el recurso puede ser aprovechado de manera
sustentable sin necesidad de sacrificarlas", declaró Lorenzo Rojas,
comisionado mexicano ante la CBI.
Argentina, Brasil, Chile y México se oponen a que se reanude la
pesca de ballenas. La mayoría de países latinoamericanos no tiene
la tradición de capturarlas, pero desarrolló una exitosa industria
turística asociada a su avistamiento.
Este sector genera ingresos por más de mil millones de dólares al
año en el mundo, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de las
comunidades costeras.
"La matanza de ballenas no puede coexistir con la observación y
está demostrado que es mucho más rentable el avistamiento que la
cacería", dijo a Tierramérica Roxana Scheteinbarg, coordinadora
del no gubernamental Instituto de Conservación de las Ballenas de
Argentina.
"Haya o no stock (poblaciones grandes), ya no hay necesidad de cazar
ballenas", expresó.
Según el especialista Jorge Urban, no son concluyentes los estudios
realizados por países como Noruega y Japón que indican que la ballena
minke podría volver a pescarse sin peligro.
El riesgo de extinción acecha sobre todo a los grandes cetáceos
del Pacífico asiático, como la gris, de la cual quedan apenas unos
120 ejemplares en la zona, explicó el científico.
En los mares se mata ballenas disparándoles el llamado arpón granada,
que explota al hacer contacto con el animal. También se usan bastones
que transmiten descargas eléctricas.
Cuando ninguno de esos métodos resulta, se utiliza armas de fuego.
La recomendación es tirar directo a la cabeza del cetáceo.
* Con aporte de Marcela Valente (Argentina),
Thelma Mejía (Honduras) y Jorge Grochembake (Guatemala).
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